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Ya había leído otra novela de este autor (El psicoanalista, algún día subiré la reseña), así que me dio por investigar otras obras suyas y topé con esta. Antes de contaros lo que me ha parecido, os dejo con el argumento y la portada:


Al_calor_del_verano[1]

Un asesino que tiene aterrorizado Miami elige como interlocutor a un reportero de uno de los periódicos más importantes de la ciudad. Se establece entonces una relación casi enfermiza en la que el reportero intenta ganarse la confianza del asesino sin que éste se aperciba, a la vez que pretende desenmascararlo.

Por el camino, un reguero de cadáveres y un periodista brillante que poco a poco irá vendiendo su alma a los designios de un psicópata y a la voracidad de una sociedad morbosa. Como telón de fondo, la cara más oscura de Miami. Bochorno, zafiedad, lluvias tropicales y cadáveres calientes.


Os digo ya de entrada que la novela me ha gustado, y mucho. Los que seguís mi blog habréis visto que soy bastante crítica con las novelas negras, dado que es uno de mis géneros preferidos y he leído muchas, así que es difícil que me sorprendan, sin al mismo tiempo resultarme inverosímiles o poco elaboradas. Bien, esta ha conseguido conseguido atraparme por completo, sin que la emoción ni el interés decayeran en ningún momento. Además, el final me parece inmejorable.

Lo más destacable de la novela, bajo mi punto de vista, es lo palpable que se hace el calor. Ayuda a crear un clima de agobio permanente, de asfixia, empeorado por los nervios constantes del protagonista ante las inesperadas llamadas del asesino. Casi podía sentir yo misma el teléfono resbalándome entre los dedos, el tacto pegajoso de la ropa contra mi piel, las gotas de sudor resbalándome por la frente, el martilleo acelerado del corazón… La creación del ambiente por parte del autor es de sobresaliente.

En cuanto al trazado de los personajes, también me parece soberanamente bueno. Como suele ocurrirme (parece ya un chiste), el protagonista no me cae bien en absoluto. Será buen periodista, pero a mí me parece un auténtico imbécil. De hecho, si tuviera que escoger a alguien, me quedaría con el asesino, ya que por lo menos es inteligente, no como el resto, que son una panda de marionetas inútiles. Volviendo al protagonista, me resulta casi más escalofriante su pasotismo ante los crímenes y su cinismo, que la propia conducta del asesino, dado que este es un psicópata y está enfermo, así que en cierto sentido se le puede “excusar”. Tampoco me gustaron los dos policías principales que llevan el caso, otro par de memos que parecen estar de adorno a lo largo de la historia y no sirven prácticamente para nada.

Sin duda, el personaje estrella, el más elaborado y rico en matices, es el asesino. Todas las historias que relata en sus llamadas al periodista —sin que este pueda comprender realmente por qué se las cuenta, por lo menos al principio— me resultaron fascinantes. Lo más admirable para mí es el hecho de que, incluso aunque fueran en apariencia aleatorias y no vinieran a cuento de nada, logren atrapar nuestra atención de forma tan contundente. El tipo empieza a hablar, no sabes lo que te está contando ni por qué, pero de algún modo, consigue metérsete en el bolsillo, y que estés pendiente de cada una de sus palabras. En mi mente es como si fuera un inmenso proyector de cine, emitiendo solo para tus ojos, y a cada llamada contenía la respiración junto con el protagonista. Así que podría decirse que el escritor consigue introducirnos dentro de la obra, a sentirnos parte de ella y a sentir el miedo y el estrés de sus personajes en nuestra propia piel.

También considero muy loable que el autor consiga crear un clima tan inquietante sin abusar de detalles truculentos ni exceso de víctimas, un recurso fácil en el que caen otros libros de suspense que he leído. La forma de explicar las cosas es elegante, sin recrearse demasiado en la sangre o las cabezas voladas por el tiro de gracia. Por supuesto, se hace mención a ellas, pero en su justa medida, sin que resulte demasiado desagradable o repetitivo.

En cuanto al final, no diré gran cosa para no chafar nada, pero a diferencia de la mayor parte de libros de este género que he leído en los últimos tiempos, no me decepcionó en absoluto, y eso que no es lo que se diría cerrado. Supongo que me ha gustado porque considero que cada lector llega a su propia conclusión, y esta resulta bastante obvia, con lo cual el desenlace no es realmente tan ambiguo. Me temía que una historia tan buena fuera a tener un final disparatado y no podía estar más equivocada.

No tengo nada malo que decir de la novela, y tampoco quiero entrar mucho más en detalle para no haceros spoiler. Solo diré que si, como yo, sois lectores habituales de las noveles policíacas y estáis cansados de historias anodinas que no guardan ninguna sorpresa, os encantará este libro. Tiene todos los ingredientes perfectos: clima claustrofóbico, víctimas en apariencia aleatorias (dándonos la sensación de que nadie está a salvo), un psicópata frío e incomprensible en su locura, un protagonista ávido por desentrañar el misterio… Y todo ello enmarcado en la atmósfera cínica y oportunista de un periódico situado en la ciudad de Miami. Tan acostumbrada como estoy a todas estas novelas ambientadas en países gélidos (Noruega, Suecia, Finlandia) que nos encontramos hoy en día, nunca pensé que el calor pudiera resultar tan escalofriante.

Para terminar de atraer vuestra atención, os dejo con un fragmento de la obra, en concreto de uno de los monólogos del asesino que me gustó particularmente:

“—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Todo es pura mierda! ¿Ha visto alguno de esos centros? ¿Se ha apuntado a alguno de esos programas? Lo dudo. ¿Sabe cómo es un hospital de ésos por dentro? Se lo diré. Son paredes y más paredes frías, de color verde pálido. A veces me parecía ver cicatrices en las paredes, las marcas de los gritos de todos los hombres que habían pasado por ese corredor. Hileras e hileras de camas y mesitas de noche cubiertas de colillas y cenizas, de desperdicios y de desechos humanos. Lo sé muy bien; yo estuve allí; yo lo sé. Y jamás volveré. Usted piensa que estoy loco; se nota. Leí el artículo en que cita a los psiquiatras. Son muy comprensivos. Enfermo, dicen, perturbado pide ayuda a gritos. No es más que la estúpida palabrería de su inútil profesión. Bueno, tal vez esté enfermo, tal vez esté perturbado, pero estoy mucho más vivo que cualquiera de ellos. —Tomó aire con un prolongado resuello—. Y antes de que acabe mucha gente deseará estar a salvo de mí. No estoy loco. ¡Maldición! ¡El mundo entero está loco!”

Mi nota final para el libro es un 8. Es bastante probable que lea más obras de este autor, dado que las dos que he leído hasta ahora me han gustado bastante.

¿Y vosotros? ¿Habéis leído este libro? ¿Os ha parecido tan bueno como a mí? Dejadme vuestros comentarios, estaré encantada de leerlos 🙂

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