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Paseando un día por el FNAC, topé con el último libro de esta escritora, y al investigar un poco sobre su obra, me apeteció comenzar por “Una buena chica”, su debut literario. Aquí debajo encontraréis la portada y la sinopsis:


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“He estado siguiéndola estos últimos días. Sé dónde hace la compra, dónde trabaja. Nunca he hablado con ella. No sé de qué color son sus ojos, ni qué aspecto tienen cuando se asusta. Pero lo sabré.”

Una noche, Mia Dennett entró en el bar donde había quedado en encontrarse con un amigo con el que salía de vez en cuando. Pero él no apareció, y Mia cometió la imprudencia de marcharse con un misterioso desconocido. Colin Thatcher parecía en principio un ligue inofensivo. Marcharse con él, sin embargo, acabaría siendo el peor error que había cometido en toda su vida.

Colin decidió llevarla por la fuerza a una cabaña aislada en las montañas de Minnesota en lugar de entregarla a las personas para las que trabajaba. A partir de ese instante, Eve -la madre de Mia- y el detective Gabe Hoffman no se detendrían ante nada para encontrarla. Nadie, sin embargo, podía predecir las implicaciones emocionales que tendría su secuestro y que acabarían por causar el derrumbe de la vida familiar de los Dennett.


Como mencioné en mi último post, a veces los argumentos son engañosos. Y en este caso lo es, y bastante, puesto que si hubiera sabido cómo estaba estructurado el libro en realidad, seguramente no lo habría leído. Y es que las cosas no suceden exactamente como se nos describe en la sinopsis, sino que el libro va constantemente adelante y atrás, en primer lugar desde la perspectiva de Eve, la madre de Mia, e introduciendo después al resto de personajes a través de otros dos narradores, Gave (el detective) y Colin (el secuestrador), siempre con esta variación entre el “antes” y el “después”. La verdad es que después de tantos libros con esta clase de saltos empiezo a estar ya un poco cansada, y considero que últimamente los escritores abusan en exceso de este recurso literario.

Dicho sea esto, la historia esta plagada de tópicos, especialmente el de la familia rica y en apariencia perfecta que esconde ciertos secretos, como la falta de amor y comunicación entre ellos… y cosas más graves. Una de las primeras sorpresas de la novela, de hecho, es que los padres de Mia tienen tan poco contacto con ella que ni siquiera se dan cuenta de que ha desaparecido, sino que lo hace una compañera de trabajo.

A pesar de ello, los personajes no me disgustaron, aunque la evolución de la relación entre Colin y Mia se me antojó absurda. No porque no comprenda que el síndrome de Estocolmo es algo que existe y puede suceder, sino porque las cosas que pasan se me antojan algo forzadas. Y mientras uno va leyendo no entiende por qué Mia parece aceptar su situación tan rápido, porque no intenta escaparse, por qué actúa de forma tan débil. Pero luego llega un punto (ya al final, cuando es demasiado tarde) en el que comprendes ciertas cosas, y bajo mi punto de vista, eso solo te cabrea más.

Ya que lo menciono, debo decir que el desenlace no me gustó en absoluto. Resulta demasiado apresurado y, aunque quizá a alguien que no lea mucho le sorprenda, poco original. Como ya he comentado en otras ocasiones, yo leo en torno a sesenta libros al año, y me he encontrado ya varios recientemente que resuelven la trama de forma similar, uno de ellos de forma casi idéntica. Ya sé que es imposible (o casi) innovar por completo, especialmente en un tema tan manido como el secuestro, pero si un autor piensa insertar el tópico de “los buenos son los malos” (y me callo, que ya demasiado spoiler estoy haciendo), por lo menos podría hacerlo mejor, no arrojar la bomba, salir huyendo y poner un FIN, como más o menos sucede en esta novela.

Me hubiera gustado que se desarrollaran un poco más las relaciones entre personajes. La autora se ha perdido en exceso con tanto “antes” y “después”, con tanto cambio incesante de narrador y de tiempo. Hay momentos en que llega a resultar algo confuso, casi mareante, yo quizá habría suprimido alguna perspectiva, como por ejemplo la del detective Gabe. Especialmente si no la va a utilizar para algo interesante, como por ejemplo, hablar más de su progresivo acercamiento a la madre de Mia, que al final me resultó bastante soso (la autora podría haberlo explotado mucho más).

A lo largo de la novela y sobre todo al final, me dio la sensación de que faltaba algo: más descripción física y psicológica de los personajes, muchísimo más contexto (apenas sabemos nada sobre Mia en el presente), y sobre todo, una explicación mejor de por qué el secuestrador actúa cómo lo hace. Basándome en algunos de sus pensamientos, deduzco haber entendido por qué comete la gigantesca estupidez de no entregar a Mia a las personas que le han encargado que la secuestre, pero no me parece válido, sobre todo teniendo en cuenta que al hacerlo, deja tirada a su madre, que hasta entonces era la persona más importante para él. De hecho, su amor por ella le había llevado a delinquir, a tirar su vida por la borda… ¿y ahora pretenden que creamos que por una niña pija -que ni siquiera parece gustarle en un primer momento- va a dejarlo todo? Me falta verosimilitud, y eso que el personaje de Colin es uno de los mejores, sobre todo comparado con el resto.

No creo que lea más libros de esta autora. Leyendo esta obra yo no sentí ese suspense trepidante que menciona la crítica: a mí me pareció más bien lenta, tediosa e interminable en ciertos momentos, y en cambio demasiado corta cuando debería haberse extendido (me refiero al final, la susodicha “bomba” que mencionaba antes).

Como nota le doy un 6: no me arrepiento de haberlo leído, pero seguramente me olvide del libro en poco tiempo.

Si lo habéis leído y estáis de acuerdo (o no) con mi reseña, no olvidéis dejarme un comentario 🙂

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