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Aunque no me gustan nada los cactus ni el desierto, esta novela me atrajo por el misterio del excursionista perdido, así como el hecho de que las niñas tuvieran todas nombres de flores. Antes de pasar a comentar los detalles, echemos un vistazo a la portada y al argumento:


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Elmer y Rose han creado una familia perfecta entre los enormes cactus de un remoto paisaje desértico, un hogar lleno de amor para sus cinco hijas, todas con nombres de flor: Edelweiss, Iris, Melissa, Dahlia y Daisy. Pero la inesperada llegada de Rick, un excursionista en busca de refugio, revoluciona a las hermanas. Y cuando Elmer y Rose descubren que el muchacho no es quien dice ser, el enfrentamiento que librarán -una lucha entre la verdad y la mentira, la justicia y el crimen- destapará terribles secretos que cambiarán para siempre la vida de todos ellos.


Este libro me lo hizo pasar bastante mal, así que tengo sentimientos encontrados al respecto. No puede negarse que está bien escrito, y a mí personalmente me recordó a una mezcla entre Misery de Stephen King y la película La seducción (“The Beguiled”) que está actualmente en el cine, pero este tipo de historias de torturas y ansiedad no me atraen demasiado.

La casa entre los cactus nos narra la historia de una extraña familia americana que vive en Mexico, concretamente en medio del desierto, rodeados de cactus y polvo: un matrimonio y cuatro niñas, dado que la quinta hija (la mayor) murió en circunstancias que nunca se explican, aunque deduje que sería por alguna enfermedad. Y si digo que son extraños es porque las niñas están escolarizadas en casa y no se les permite tener apenas contacto con el mundo exterior… con lo cual enseguida deducimos que la familia tiene algo que esconder. Sensación que quedará definitivamente confirmada cuando entre en escena “el excursionista”, un joven que tampoco es quien dice ser, y que parece tener un interés especial en pasar más tiempo con la familia y recopilar información sobre ellos. Si queréis saber por qué, tendréis que leer el libro 🙂

Será difícil explicar por qué me dio mal rollo la historia sin chafaros nada, pero digamos que no soporto las injusticias, motivo por el cual jamás pude terminar de leer El conde de Montecristo. Odio las típicas historias en las que los buenos pierden y los malos siempre se salen con la suya, ver cómo torturan a inocentes y cómo mienten sin parar. Solo os adelantaré que, como se suele decir, las apariencias engañan, y que los padres de las cinco niñas han construido su hogar a base de engaños y mentiras.

La novela se lee con facilidad y no es larga en exceso -menos de 400 páginas-, pero llega un punto en el que a mí me costaba mantener vivo el interés, pues no aguantaba más la tensión asfixiante del relato y solo quería que llegara a su fin. Como he dicho, no puedo con temas como el secuestro y la tortura, me lo hacen pasar muy mal, sobre todo cuando los criminales en sí pretenden hacerse pasar por buenas personas.

Los personajes están bien caracterizados, es fácil distinguir la personalidad diferenciada de cada niña, sus sueños, deseos y ambiciones. Quizá el personaje más anodino en este sentido sea el padre, que queda un poco relegado a un segundo plano, dándose más importancia a los personajes femeninos: las hijas, la madre, la profesora mexicana que les da clase en casa…

Por otro lado, aunque me dio rabia la conducta de las niñas en excesivas ocasiones, el libro no peca de falta de verosimilitud, al contrario: considero que, incluso cuando alguna de las crías toma alguna decisión estúpida o equivocada, siempre es fácil comprender por qué lo hace y adoptar su punto de vista.

La novela introduce algunos temas controvertidos, como el egoísmo a la hora de buscar la propia felicidad, aunque ello signifique hacer daño a otros. Un poco a lo Maquiavelo “el fin justifica los medios”. Digamos que hay un fuerte componente psicológico, y es por eso que los personajes están tan bien trazados.

Quizá el único defecto que le encuentro al libro -aunque eso ya es solo mi opinión- es que el final queda demasiado abierto, aunque por otro lado, está bastante claro lo que va a suceder, pero no se nos muestra, y eso me fastidió bastante. Supongo que si lo leéis comprenderéis por qué lo digo.

No me arrepiento de haber leído esta novela, pero aunque en un principio había introducido en mi Kindle más libros del autor, Paul Pen, al final descarté su lectura pues vi que realmente a este hombre le gusta escribir sobre temas retorcidos, y no me siento con fuerza de soportar más historias parecidas. Como curiosidad, el escritor es español y algunos lo comparan con Carlos Ruiz Zafón, aunque yo no les veo parecido en absoluto. De hecho, la comparación casi me resulta ofensiva, pues bajo mi punto de vista, sus estilos y sobre todo sus temáticas difieren por completo.

Si os gustan libros del estilo de Misery y disfrutáis leyendo acerca de psicópatas que torturan a víctimas desvalidas, sin duda os recomiendo esta novela. Por el contrario, si las injusticias y las situaciones claustrofóbicas (encierros, aislamiento, secuestros) no son lo vuestro, mejor olvidadla y pasad a otra cosa.

Mi nota final es un 7 sobre 10: el libro entretiene, la prosa es fluida y los personajes resultan creíbles… pero a mí particularmente no me ha gustado.

¿Y vosotros? ¿Habéis leído esta o alguna otra novela de Paul Pen? ¿Sois fans de los temas retorcidos o preferís manteneros alejados de las historias de este tipo?

¡No olvidéis dejarme un comentario! 🙂

 

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