Ando leyendo la segunda parte de El piso mil (se titula The Dazzling Heights, o Vértigo en español), pero no quería ser repetitiva y hacer una reseña de nuevo sobre lo mismo, así que os dejo con mi opinión sobre este libro que leí hará cosa de un mes, y que si no me equivoco, encontré en una de mis “cazas fnacquianas” (como veis, me encanta inventar palabras):


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Como cada día, Zoe regresa de trabajar en el metro de Londres. Sin embargo, al abrir el periódico encontrará algo que perturbará su apacible vida. Un anuncio de la sección de clasificados lleva su foto. No hay explicación alguna: solamente la imagen granulada de Zoe, la dirección de una página web y un número de teléfono. Su familia está convencida de que el misterio no es tal, sino solamente un caso de extraordinario parecido físico. Pero, día tras día, en el anuncio aparece la foto de una mujer distinta… y su presencia en los clasificados parece ser el presagio de un mal que les ha de acontecer.

Zoe siente que alguien la observa, que alguien estudia cada uno de sus movimientos, y no cesará hasta descubrir quién se esconde tras las sombras. Pero el enigma quizá encierre un peligro al que no quiera enfrentarse…


El argumento de esta novela me atrapó de inmediato. Quiero decir, eso de que veas tu propia foto en los clasificados del periódico, sabiendo que es imposible que hayas sido tú quien la ha enviado, es bastante espeluznante. De modo que me animé a leerla, y no me arrepiento para nada.

La protagonista, Zoe, es una mujer de mediana edad bastante pánfila, que no me cayó demasiado bien. Hay muchos detalles de ella y su forma de comportarse que me dieron rabia, pero en general me parece un personaje verosímil, y me gustó su forma de hablar, sobre todo cómo describía las relaciones con sus dos parejas: su ex marido y el hombre con el que actualmente comparte su vida.

Zoe vive en las afueras de Londres dado que no puede permitirse un piso en el centro, y cada día se ve obligada a hacer el mismo trayecto en metro hasta la inmobiliaria en la que trabaja. Digamos que es la víctima perfecta, dado que sigue la misma rutina cada día, incluso se pone siempre en el mismo punto del andén y del tren por regla general.

Pasando a hablar de su familia, los hijos también me cayeron gordos de entrada: la niña tiene muchas ínfulas y solo sueña con ser modelo, y el chico es un freakie apático y bastante descastado. En cuanto a Simon, el novio actual, tampoco me convenció demasiado, me pareció poco hombre y bastante prepotente. Ya no hablemos del jefe de Zoe en la inmobiliaria, un machista odioso y desagradable, o de sus vecinos, un matrimonio con quien mantiene bastante amistad, y que por algún motivo me dieron repelús desde el principio. Creo que los únicos que me cayeron bien al final fueron la agente de policía al frente del caso (Kelly Swift) y el ex marido de Zoe.

Ya que hablo de Kelly, debo mencionaros que el relato, como suele ser común últimamente, nos viene narrado asimismo por ella. Se trata de una mujer joven que trabaja en la red de transportes, básicamente vigilando los robos y altercados en general. A medida que avanza la novela vamos descubriendo más cosas de ella y de su traumático pasado, aunque no mencionaré nada para no hacer spoiler.

Las vidas de ambas se cruzan cuando Zoe descubre su foto en el diario y comienza a fijarse en los clasificados a partir de ese momento. Así descubre que cada día aparece el mismo anuncio que vio con su propia cara, citando la misma web y supuesto número de teléfono, solo que las fotos van cambiando, y coinciden con mujeres que han sido víctimas de diversos crímenes, que van desde el robo hasta el asesinato. Zoe lo descubre por casualidad al reconocer a una de ellas en una noticia por televisión (si mal no recuerdo) y a partir de ahí decide informar a la policia, pero solo Kelly le prestará atención, dado que es la agente a cargo del caso de otra de las víctimas: una mujer a la cual le robaron las llaves de su casa en el metro, y ha estado sintiendo que alguien entraba en su domicilio mientras ella trabajaba.

La novela no pierde interés casi en ningún momento, aunque algunas partes se hacen más lentas. Me habría gustado mucho de no ser por el desenlace, el cual, bajo mi punto de vista, le resta muchos puntos a la historia. Digamos que no encaja demasiado, es brusco e inverosímil, pero lo peor es que para colmo, es doble, y deja el final abierto. Para que me entendáis, digamos que cuando ya sabes quién es “el malo” de la historia, te encuentras con una sorpresa final que termina de fastidiarlo todo. A mí ya me pareció ridículo y difícil de creer quién era la persona que estaba detrás de todo (aparte que era imposible de imaginar, y creo que deberían haberse mostrado más pistas), pero es que el “malo de verdad”, por decirlo así, es aún más absurdo. Y aunque os suene contradictorio, en algún punto de la novela me lo vi venir.

No sé si habrá segunda parte, por lo menos yo esperaría que la hubiera porque no me gusta cuando las cosas quedan sin resolver, pero por otro lado, no sé si me apetecería seguir leyendo sobre lo mismo, a menos que el tipo de crímenes cambiara un poco.

Por resaltar un aspecto de la novela, me pareció interesante cómo se introduce el tema de los traumas y las formas distintas que cada persona tiene de gestionarlos. Para algunos resulta lógico enfrentarse a ellos y tratar de atrapar a quien se lo ocasionó, mientras que para otros lo más sencillo es dejar estar las cosas y esconder la cabeza bajo el ala, pues a veces la eterna búsqueda de la venganza solo sirve para alimentar la ansiedad. Un poco el concepto de move on and let it go, como dicen en inglés.

Si os gustan las tramas sobre intriga y asesinatos, seguramente os entretendréis con Te estoy viendo, pero no creo que sea una novela que os marque, y seguramente en unos cuantos meses la habréis olvidado. Aun así, os la recomiendo si os gusta la lectura tanto como a mí y buscáis algo original y fácil de leer.

Como nota final le doy un 7 sobre 10, más que nada por el final horrible bajo mi punto de vista, tanto en el sentido literal (por lo que conlleva) como por la falta de verosimilitud.

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