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Una vez más, mi senilidad me impide recordar si vi este libro por Internet o en alguna tienda, pero lamento no haberme dado cuenta de que era parte de una serie (el séptimo y último por ahora, para más inri). Me arrepiento más que nada porque tengo intención de leérmelos todos y me he comido todos los spoilers habidos y por haber de los libros anteriores (o mejor dicho de la historia de los personajes). Antes de quitarme el sombrero ante la obra maestra que me propongo a reseñar, os dejo con la portada y la sinopsis:


 

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Incapaz de guardar reposo pese a sus alucinaciones y desvanecimientos, Quirke regresa al trabajo en la morgue de Dublín. Es a él a quien llaman cuando aparece un cuerpo en el interior de un coche calcinado: todo apunta al suicidio de un funcionario advenedizo, pero Quirke no puede quitarse de la cabeza la sospecha de que algo no encaja. La única testigo se ha esfumado, han borrado todo rastro de ella.

Al reunir las piezas de su desaparición, el patólogo se ve atraído hacia las sombras del universo de las élites dublinesas: sociedades secretas y política eclesiástica de altos vuelos, políticos corruptos y hombres con mucho dinero que perder. Mientras la psicoanalista austriaca Evelyn Blake entra en su vida y en su corazón, la pista acaba por llevar a Quirke hacia su propia familia, y pasado y presente entran en colisión. Los crímenes de antaño han de permanecer ocultos, y Quirke ha agitado la telaraña.

** Ganadora del Premio Best Novel Valencia Negra 2017.


Este libro me ha impactado por los personajes, más que nada por Quirke, el protagonista. Se trata de un hombre de mediana edad que trabaja como forense en el Dublín de los años 50, aunque al principio del libro se halla retirado por algún tipo de lesión cerebral que quizá explicaran en el libro anterior. Pero Quirke no se limita a cumplir con las funciones propiamente dichas de su cargo, sino que a menudo trabaja codo con codo con la policía, implicándose en investigaciones policiales, que a menudo están relacionadas con altos cargos del gobierno y miembros corruptos de la élite eclesiástica, así como otra gentuza de dudosa moral perteneciente a la sociedad dublinesa.

El forense es un personaje rico y lleno de matices: alcohólico, torturado por sus propios demonios, con problemas a la hora de expresar sus sentimientos, y con un pasado familiar brumoso y retorcido, que me hace pensar en una espiral de humo en medio de la oscuridad. Me encanta su mente, su forma de pensar y de expresarse, su personalidad. Esa especie de melancolía constante que le caracteriza, los colores con los que ve el mundo. Es simplemente fascinante.

En este libro en concreto se nos narra la historia de Leon Corless, el hijo de un famoso comunista, que trabajaba como funcionario en el gobierno, y que aparece calcinado en su coche, lo cual en un principio se considera un suicidio. Sin embargo, durante el análisis forense del cuerpo, el asistente de Quirke descubre un golpe en la cabeza que le lleva a suponer que el chico ya estaba muerto antes de estamparse contra el árbol que provocó el incendio del coche. Inseguro, decide consultar con su jefe pese a que este se halla de baja, ocasionando así que Quirke vuelva a su trabajo en la morgue y comience a investigar el asunto. A partir de aquí la historia irá enroscándose como una insidiosa serpiente en torno a Quirke y el policía al frente del caso, el inspector Hackett, que por lo que se nos da entender, ya aparece en las novelas anteriores y es un viejo conocido del forense.

Otros de los personajes que se verán relacionados con la investigación serán Phoebe, la hija de Quirke, que recibirá la misteriosa petición de ayuda de una tal Lisa Smith, una chica a la que conoció brevemente durante un curso de secretariado. La joven se presenta como la novia del muerto (Leon Corless), de quien está embarazada, y le confiesa estar en peligro mortal, si bien se muestra reacia a explicarle quién la persigue ni por qué. Phoebe decidirá echarle una mano prestándole la casa de unos amigos de la familia, implicándose así en la historia y por tanto, poniéndose también en peligro.

Ya que menciono a esos “amigos de la familia”, son otros de los personajes claves en la historia: el doctor Malachy Griffin (hermanastro de Quirke) y su esposa Rose, una mujer procedecente del sur de Estados Unidos que también tuvo una relación amorosa con Quirke, aunque al no haberme leído el resto de libros de la saga, desconozco exactamente de qué tipo fue. Al principio de la novela, el forense está viviendo en casa de ambos a causa de su lesión cerebral, aunque al poco de comenzar la investigación decide regresar a su propia casa.

Por último (por lo menos en cuanto a personajes importantes), tenemos a la doctora Evelyn Blake, la psiquiatra en cuya consulta trabaja Phoebe, la hija de Quirke, por la que este comenzará a sentir una fascinación incontrolable.

Un detalle que me encantó de la historia es la descripción del calor. He comentado en otras reseñas cómo me gusta cuando en una historia el clima está tan bien descrito que casi se convierte en otro personaje, puesto que contribuye a dotar la historia de una cierta atmósfera, en este caso agobiante, casi irrespirable. El calor es una presencia constante, casi palpable, que no abandona a los personajes en ningún momento de la historia. La ola de fuego que envuelve Dublín nos llega con tanta fuerza que parece traspasar las páginas del libro, haciendo que sintamos casi la necesidad de sacar un pañuelo del bolsillo para enjuagarnos el sudor de la frente.

Pero no solo el clima está bien descrito en la novela, sino en realidad todo lo que tiene que ver con los sentidos: los olores, los sonidos, los colores, los sabores. Leer la novela es embarcarse en un viaje exquisito por todo un universo de matices tan bien descritosque nos vemos desbordados por su intensidad. La pluma de Benjamin Black (el pseudónimo del escritor irlandés John Banville) es impecable, plagada de detalles y estremecimientos. Leer sus palabras es como pasearse por un campo de dientes de león surcando el aire, o presenciar un espectáculo de fuegos artificiales… cómo tirarse en paracaídas desde un precipicio. Su prosa te acaricia la vista, te desgarra el alma, envolviéndote el corazón en pétalos de terciopelo que a su vez esconden espinas. Me ha llegado a la más hondo, y por este motivo he seleccionado dos fragmentos que me gustaron especialmente para compartirlos con vosotros:

“A veces tenía la sensación de que llevaba toda su vida con la espalda contra un alto muro al otro lado del cual se celebraba un espectáculo circense sin fin. La brisa le traía en ocasiones el redoble de un tambor o un fragmento de música estridente, un grito ahogado de asombro o una oleada de agudas risas de la multitud. ¿Por qué no podía escalar el muro, alzarse a pulso aunque le sangraran las manos y se le astillaran las uñas, saltar al otro lado, correr hacia la entrada de la carpa y mirar dentro? Tan solo para ver cómo era la actuación, aunque no entrase. Incluso si solo llegaba a vislumbrar la mísera magia de las lentejuelas merecería la pena.”

“Quirke la miró a la cara, a los ojos, los ojos de su madre, y sintió en la zona del diafragma un lento espasmo, como una oleada, y algo pesado y cálido ascendió en su interior como si fuese a romper a llorar. La sensación solo duró un par de segundos, pero la reconoció. Era algo que le sucedía a veces, en los momentos más inesperados. Cualquier cosa bastaba para provocarla: una palabra grata dicha con amabilidad, un repentino recuerdo doloroso, la voz de una mujer en otra habitación o simplemente una escena: una llamativa puesta de sol, la visión de un lugar familiar transfigurado por la neblina en una mañana de invierno, el cabrillear de la luz de abril en la carretera mojada por la lluvia. Cualquier cosa. Era como si en el fondo de sí mismo, tan al fondo que no era consciente, hubiese un remansado pozo sin fondo de anhelo, de pena, de ternura, del que en ocasiones surgía irrefrenable una brillante e irresistible salpicadura, que se alzaba y volvía a caer en aquellas secretas profundidades perennemente ocultas.”

Le doy a la novela un 9 sobre 10, y os la recomiendo de todo corazón. Nunca he sido fan de las historias que involucran la corrupción, la política o la iglesia, pero solo por la psicología de los personajes y las deliciosas descripciones merece la pena leerla. O aunque solo sea porque Quirke llegue a fascinaros tanto como a mí. ¡No puedo esperar a leer los 6 libros anteriores!

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