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Hoy os dejo una reseña doble, en concreto de la segunda y tercera parte de la trilogía del Mal, cuya primera parte reseñé en la última entrada. Los unifico porque, aunque son distintos, prefería daros mi opinión conjunta y así no repetir varios posts sobre lo mismo. Os adelanto que el final me ha dejado un sabor bastante amargo, pero antes de avanzar más os dejo con las dos portadas y argumentos, respectivamente:


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Varios asesinatos con idéntico modus operandi señalan como sospechosa a Rosa María Luque, novia de un reputado político, famosa escultora y sucesora de una familia muy conocida de la ciudad. Aunque mantiene su inocencia con absoluta convicción, todas las pruebas recaen sobre ella. Su mente es un puzzle incompleto y desordenado. Su amnesia, su angustia y su inestabilidad emocional complican su defensa en el inminente juicio, por lo que su abogado defensor, Enrique Castilla, contrata los servicios de Mercedes Lozano, psicoterapeuta interpersonal, y Miguel Vergara, psiquiatra, quienes deberán acometer la difícil tarea de reconstruir el pasado para entender el presente y solventar el futuro de Rosa. ¿Finge o dice la verdad? ¿Puede la mente olvidarse del ayer, vivir el hoy y no prever el mañana?


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Un club selecto de pedófilos actuando impunemente en la red.
Dos niñas asesinadas y otra desaparecida.
Un secuestro.
Una intensa investigación policial.
Y la lucha encarnizada de la psicoterapeuta Mercedes Lozano contra un despiadado asesino en la que perder es morir.


Es curioso cómo los libros de una trilogía pueden ser tan distintos entre sí. Considero que tanto El poder de la sombra (#2) como La fuerza de Eros (#3) suponen una mejora —por lo menos en cuanto a diálogos se refiere—, en comparación con la primera parte, La caricia de Tánatos. Sin embargo, si bien la segunda parte me pareció la mejor de la trilogía, la tercera es aburrida, demasiado larga y en muchos momentos disparatada.

Igual que en la primera parte, tanto la segunda como la tercera vuelven a abusar de los monólogos eternos de los “malos” de la historia, que se vuelven repetitivos y tediosos hasta la náusea. Una pena, pues es un recurso que la autora podría haber utilizado en su justa medida para permitirnos asomarnos a sus retorcidas mentes, sin ir más allá, pero del cual termina explotando hasta cansar al lector, ansioso porque la acción prosiga y nos dejemos de “soliloquios”, palabra que utilizo con retintín pues es utilizada sin parar por la escritora.

Un defecto que tienen los libros de esta trilogía es el modo en que las historias acaban a medias, especialmente en la segunda parte, y que a mí por lo menos me frustra enormemente. No sé qué sentido tiene enredar las cosas y generar varias situaciones intrigantes si al final se dejan sin resolver, con apenas una mención pasajera ya muy avanzada la tercera parte. Por ejemplo, el problema de Teresa con su marido que se nos presenta en la segunda parte, o la suerte que corre finalmente Rosa María, la protagonista. Me parece bastante fuerte acabar una novela sin explicar qué pasa con el tema principal, creo que es una forma muy pobre y simplona de escribir: presentas toda una serie de hechos, generas un clima de misterio y luego te vas corriendo dejando a los lectores a oscuras, desorientados, preguntándose quién les ha robado el final de la obra. Y es que realmente es así, al final de cada entrega (sobre todo las dos primeras) parece como si alguien te empujara fuera de las páginas, expulsándote de la historia mientras te señala con el dedo, muerto de risa.

Así pues, siguiendo con esta idea, las dos primeras entregas de la Trilogía del mal terminan de forma abrupta e incoherente, como si alguien hubiera arrancado las 10 o 20 últimas páginas del libro. En contraposición, el final de la tercera se hace algo largo, pero a la vez vuelve a ser en cierto modo brusco: se nos avanzan tres años de golpe, por los que parece que los personajes hayan pasado levitando, sin vivir apenas, dado que ciertos conflictos siguen sin resolver, cosa que me parece bastante inverosímil teniendo en cuenta el tiempo transcurrido.

En cuanto a los argumentos, haciendo balance de los tres diría que el interés que suscitan va en el siguiente orden: el mejor es el segundo, después el primero, y en cuanto al tercero… ya no es que sea inferior, es que bajo mi punto de vista, hay un descenso tan exagerado de nivel, que parece como si la autora se hubiera cansado de escribir. Hubo páginas que prácticamente me saltaba líneas, leyendo en diagonal, porque no soportaba el inmenso sopor que me embargaba y solo quería saber cómo acababa de una vez semejante rollo.

Pasando a datos más concretos, en El poder de la sombra (#2) se nos narra cómo un viejo amigo de Mercedes requiere sus conocimientos como psicóloga para asesorarle en un caso jurídico en el que se haya inmerso. Así se nos presenta a Rosa María Luque, sospechosa de cometer el asesinato de dos personas e incluso quizá de una tercera, aunque solo hay pruebas que la involucran en el escenario de dos de los tres crímenes. Rosa María, una artista con fuertes traumas psicólogicos causados por ciertos sucesos que tuvieron lugar en su infancia, y de los que ni ella misma es consciente, afirma no acordarse nada. Al margen de que conocía a las víctimas, no hay indicios que indiquen cuál podría haber sido el móvil. El objetivo del abogado al pedir ayuda a Mercedes y a Miguelun psiquiatra que aparece en la primera parte y con quien ella tuvo una relación tóxica que hizo aguas—, es demostrar que Rosa María cometió los crímenes a causa de algún tipo de trastorno mental que anuló su voluntad, para que así la pena impuesta sea inferior.

Como argumento suena interesante, sobre todo teniendo en cuenta el clima que la autora recrea en la novela, con las visitas de Mercedes a la cárcel para entrevistarse con la acusada, pero opino que la autora lo desaprovecha en parte, y los constantes ataques que sufre Rosa María resultan inverosímiles, sobre todo teniendo en cuenta que ninguno de sus conocidos la había visto nunca en ese estado. Nadie menciona en ningún momento que la mujer tuviera problemas psicológicos, así que una “locura” tan evidente, surgida en apariencia de la nada, me chirría como poco. Aparte de esto, el libro se deja leer, y por lo menos me entretuvo.

En cuanto al tercero, me aburrió desde la primera frase, y es que además me resulta muy desagradable leer sobre pederastas, como es lógico. Para mi desgracia, la mayor parte de la novela está narrado precisamente desde el punto de vista de uno de ellos. Se trata de Ernesto, un hombre torturado por su condición, surgida a raíz de la influencia de su padre, que de pequeño le mostraba fotos de niñas desnudas y le hacía creer que eso era lo normal, lo que debía excitarle sexualmente. En la actualidad, si bien afirma no haber tocado a ninguna niña y mantener a raya su trastorno, Ernesto se dedica a recaptar víctimas para otros a través de Internet, creándose perfiles falsos de Facebook para hacerse pasar por supuestos adolescentes e incluso por un psicólogo. Así, la novela trata temas como la conducta inconsciente de las adolescentes, cuya inocencia les deja desvalidos ante los criminales de este tipo, así como el peligro de las redes sociales, que facilitan la manipulación y el engaño a personas ya de por sí frágiles. También surgen conflictos tan de actualidad como las familias desestructuradas, el pasotismo de los padres, la falta de autoestima, la soledad, etc.

De telón de fondo, en La fuerza de Eros (#3) tenemos también el regreso de los fantasmas del pasado de Mercedes: la amenaza aún latente de Marcos/Javier Díaz, el psicópata que aparece en la primera entrega. Algo que agradecí, puesto que si me embarqué en la lectura de toda la trilogía fue tan solo porque pensé que él sería el tema central de la historia, y no es así en absoluto, de hecho apenas se le menciona un par de veces en el segundo libro.

Como nota final, le doy un 6 a El poder de la sombra (#2) y un 5 a La fuerza de Eros (#3). Mi consejo para vosotros en todo caso es que os leáis tan solo el primero, a menos que tengáis ganas de aburriros en una saga innecesariamente larga, y que para colmo va dejando temas sin resolver.

 

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