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En uno de mis paseos para cazar libros en el Fnac, me sedujo la cubierta de esta novela, y en cuanto leí la contraportada me lancé a por ella sin pensármelo dos veces. En esta ocasión, haré una reseña un poco más corta dado que ya hay mucha información en la sinopsis y tampoco quiero arruinaros nada. Antes de contaros si me gustó o no, os deseo un FELÍCISIMO 2018 y, como de costumbre, os dejo con la portada y el argumento:


 

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Christian Bennet, veterano periodista ganador de un Premio Pulitzer, recibe una enigmática llamada de Martha Sullivan, propietaria del diario El Sentinel de Nueva York, postrada por una enfermedad mortal, que le hace un singular encargo: quiere que localice a su hija y única heredera, Angela, desaparecida años atrás, ya que si esta no aparece el periódico caerá en manos de un grupo inversor. 

La única pista de Angela está en unos recortes de prensa y un maletín que, tras la muerte del marido de Martha Sullivan, llegaron a sus manos, recortes que hablan de la trayectoria profesional como afamada ilusionista de la chica, convertida en la maga Daisy. Esa extraña petición remueve en Bennet algunas historias del pasado, como la culpa con la que convive desde hace años por la muerte de Lorraine, la joven amante con la que compartió algunas semanas de su vida. Bennet descubre que, al parecer, Angela Sullivan murió en un accidente de coche que acabó con el vehículo en las frías aguas del Sena, en París. Sin embargo, el cuerpo jamás fue encontrado. 

Christian Bennet empieza a sospechar que la historia oficial es mentira, y que Angela sigue viva, ocultando su verdadera identidad en algún lugar. La gran incógnita estriba en averiguar dónde está y por qué se mantiene en la sombra. 

Todo parece un tremendo truco de magia. No hay que preguntar el cómo se hace ni por qué nos dejamos engañar. En el periodismo eso no vale, y en la vida real tampoco. ¿O quizá sí?


Siempre he sido fan de las historias de magia. Películas como Scoop, El ilusionista, El truco finalme fascinaron, de modo que enseguida pensé que me iba a gustar este libro. Y no me equivocaba. Tanto si sois fans de la prestidigitación y el ilusionismo, como si simplemente os interesan las historias de misterio, os lo recomiendo de todo corazón.

Algo muy positivo que tiene esta novela es que no te aburres ni un segundo, pues el ritmo es trepidante y suceden cosas sin cesar. El autor es como un mago, capaz de llevar la trama como si de un espectáculo de magia se tratase, y os aseguro que no falla en ni uno solo de sus trucos. En mi caso, seguí las investigaciones de Christian sin resuello, muerta de curiosidad, más aún cuando a medida que se desvelaba una pista tras otra, el asunto parecía irse enredando más y más, atrapando al periodista en una telaraña de callejones sin salida y datos inconexos. Por ejemplo, me pareció especialmente atrayente (muy adecuado para crear el clima de misterio) que le fuera imposible saber con certeza cómo era el rostro de Angela, pues en todas las fotos sale con un antifaz.

Aún así, hay algunos aspectos de la trama que pueden resultar un poco ridículos: por ejemplo, el tema de cómo se abre la maleta de doble fondo, o el hecho de que el protagonista (un periodista maduro y avezado) se fíe de forma tan tonta de una femme fatale a la que casi le dobla la edad. También, ya que mencionaba el tema del aspecto de Angela, chirría un poco que Christian no le pida fotos a su madre cuando esta le encarga que investigue sobre ella, pero le permitiré algunas licencias al escritor, sobre todo porque el resto de la novela es impecable.

Los personajes son creíbles, me parecieron muy ricos en detalles y complejidad, especialmente los magos que Cristian va conociendo a lo largo de sus pesquisas. Si bien él mismo tiene un pasado complicado, me pareció peor esbozado que el resto. Como podéis imaginar (es ya un clásico en mis reseñas), el periodista no me cayó demasiado bien: me pareció un muermo, bastante corto en algunos momentos, algo trepa y petulante, sobre todo por cómo decidió dejar atrás el asunto de Lorraine (no diré más para no chafaros la novela).

También debo mencionar que, como en un buen truco de magia, hay una sorpresa al final de la historia. Lo cierto es que me la vi venir un poco antes, pero aun así no es para nada predecible. También resulta interesante la variedad de escenarios que aparecen: el protagonista se pasea por Nueva York, París y Barcelona, aunque de esta última me hubiera gustado ver más descripciones.

Es difícil describir esta novela, pues cada capítulo va al mismo tiempo revelando detalles y enredándolo más todo, así que poco puedo contaros. Como otra pequeña crítica, las partes que tienen más que ver con la biografía de Cristian que con la intriga en sí me parecieron aburridas, en concreto todo el temas de su padre en París, pero supongo que el autor quiso dotar al personaje de un poco más de profundidad.

Como nota final le doy un 8 sobre 10: considero que Ilusionarium tiene algunos defectos menores, pero la trama es tan absorbente que se le perdona. ¡No os la perdáis!

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