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Desde que vi este libro en la sección de novedades del FNAC, me obsesioné por completo, dado que llevaba mucho tiempo esperando que Elizabeth Kostova autora de la maravillosa novela La historiadora, cuya reseña podéis leer AQUÍ —sacara algo nuevo. Así que el otro día, al ver que por fin le habían bajado el precio al eBook (al principio costaba lo mismo que la versión en papel…) no me lo pensé más y me lo compré por Amazon. Antes de adelantaros mis impresiones al respecto, echémosle un vistazo a la portada y el argumento:


Tierra-de-sombras-Elizabeth-Kostova-Portada

Alexandra Boyd, una joven estadounidense, viaja a Sofía con la esperanza de que una nueva vida en el extranjero apacigüe el dolor que siente por la pérdida de su hermano. Poco después de llegar a esta hermosa ciudad del este de Europa, Alexandra ayuda a una pareja de ancianos a subir a un taxi y se queda accidentalmente con una de sus bolsas. Dentro, hay una caja de madera con un nombre: Stoyan Lazarov. Se trata de una urna con cenizas humanas.

Alexandra emprenderá un viaje por Bulgaria a fin de localizar a la familia de Stoyan Lazarov, sin sospechar que para ello tendrá que desvelar los secretos de un músico de gran talento cuya vida se vio truncada por la represión política, y enfrentarse a peligros inesperados.

La nueva novela de Elizabeth Kostova indaga en los horrores de todo un siglo recorriendo la cultura y los paisajes de ese misterioso país que es Bulgaria. Llena de suspense y bellamente escrita, “Tierra de sombras” explora el poder de la narración, la fascinación del pasado, la esperanza y la búsqueda del sentido a la vida que pueden hallarse tras la pérdida de un ser querido.


Debo reconocer, ya de entrada, que el libro me ha decepcionado un poco. Empieza muy bien, y me atrapó por completo durante la primera mitad, pero a la que vi los derroteros que iba tomando la historia, comenzó a gustarme algo menos.

Dejadme que os diga algo: no soporto las injusticias. Es el motivo por el cual nunca pude terminar de leer El conde de Montecristo. Lo paso fatal cuando leo cómo personas inocentes sufren de forma continua e inmerecida, por eso también he odiado siempre la mayor parte de obras de Charles Dickens (en concreto Oliver Twist, David Copperfield y La tienda de antigüedades).

Al principio, cuando la novela narraba la historia de Alexandra, una chica un poco pánfila que se muda a Sofía para dar clases de inglés motivada sobre todo por el amor que su hermano, fallecido durante una excursión por la montaña, sentía por Bulgaria— y se ve abocada a una aventura al quedarse por error con la bolsa de unos autóctonos, que para colmo contiene las cenizas de una persona… pensé que Tierra de Sombras iba a ser sin duda una lectura interesante. Las descripciones de la autora, que nos sumergen en el corazón de Europa del este, son tan deliciosas como de costumbre, y casi me parecía tocar con los dedos los vivos colores del paisaje.

Sin embargo, al poco el espíritu del libro empieza a volverse sombrío y retorcido, pero no precisamente por el tipo de misterio al que la escritora me tenía acostumbrada, sino por un realismo implacable y salvaje.

Así, se nos cuenta la historia de Stoyan Lazarov (el hombre fallecido con cuyas cenizas se queda Alexandra sin querer), un músico que pasó diversas épocas de su vida en campos de trabajo comunistas (los llamados gulags) por una desafortunada casualidad que le llevó a contemplar el asesinato de un inocente perpetrado por la policía y, por tanto, a ser considerado enemigo de la patria y potencialmente peligroso.

La novela va alternando entre la historia de Alexandra en el presente y la de Stoyan en el pasado, pero bajo mi punto de vista, la autora se pierde demasiado en el “antes”, pues las partes de Stoyan se van haciendo cada vez más largas, prolongando en el lector la sensación de angustia e impidiendo que la historia avance. Lo cierto es que, por culpa de esto, llegó un punto en el que ya no me apetecía demasiado leer la novela (aunque evidentemente la terminé), pues como os comento, el desgarrador relato sobre los campos de concentración se había apoderado de todo.

Se me hacía aún más frustrante cuando regresábamos al presente para continuar con Alexandra y el capítulo apenas duraba 3 o 4 páginas en las que prácticamente no sucedía nada… y al momento volvíamos una vez más al terror y a la desesperación más absoluta, a los presos esqueléticos con heridas infectadas, a la miseria, al frío, al hambre y a los guardias crueles asesinando a gente por diversión (y para colmo durante páginas y páginas…) Hay algo que me molestó particularmente y fueron los soporíferos relatos de las fantasías que tiene Stoyan para ayudarse a sobrevivir, que bajo mi punto de vista, se vuelven excesivos e innecesarios.

Pese a mis críticas, el balance de la novela no es del todo negativo, pero me descorazonó la crudeza de la historia, me esperaba otra cosa. Creo que la novela habría ganado mucho de recortar las partes espantosas del pasado y alargar más el presente, agregando un poco más de acción y de misterio. Considero que le falta un poco de “luz” a la novela: entiendo por qué se llama tierra de sombras, pero tiene demasiada oscuridad.

Como nota final le doy un 7 sobre 10, os la recomiendo solo si sois muy fans de Kostova o si os interesa la historia de Bulgaria, que me apetece visitar tras leer la novela.

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