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Me parece que encontré este libro directamente por Internet, buscando eBooks de temática policíaca, y lamento incluso los escasos 3 días que he pasado leyéndolo: ha sido una completa pérdida de tiempo. Antes de explicaros por qué no me ha gustado, os dejo con la portada y la sinopsis:


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Pasión por los libros, por las buenas historias que te enganchan hasta hacerse tuyas: eso es lo que comparten cinco mujeres que, lideradas por la doctora Alexandra Byrne, se reúnen cada martes en la Central Library de Seattle para participar en charlas entusiastas sobre tramas y personajes.

Lo que estas independientes mujeres ignoran es que sus debates ficticios van a adquirir un tinte mucho más real cuando una de ellas, Wilda, agente del FBI, las involucre en la resolución del caso de un asesino en serie que está sembrando el terror en las calles de la ciudad.

Embarcadas en una investigación paralela, lo que comenzó como un inofensivo club de lectura se transforma en un juego macabro y estremecedor que pondrá sus vidas en peligro y someterá su amistad a la más dura de las pruebas: la traición.


Empiezo esta crítica desaconsejando por completo que leáis este libro. La trama se presentaba interesante, pero lamento decir que el resultado es una birria.

Personajes mal trazados, diálogos poco creíbles, un asesino que parece MacGyver… Al final, la novela casi parecía de ciencia ficción, teniendo en cuenta que el “malo” era capaz de hacerlo todo y casi de estar en todas partes. Si además lo leéis y averiguáis de quién se trata, aún os parecerá más inverosímil.

Lo peor de la historia es la escasa credibilidad de los personajes y sus reacciones. Empecé a leerla y desde el primer momento los diálogos me parecieron poco naturales; de hecho, me sonaba todo tan forzado que pensé que sería una traducción… cuál fue mi sorpresa al ver que el escritor es español. Se supone que las cinco mujeres son amigas desde hace años, pero por cómo hablaban entre ellas se diría que acabaran de conocerse. Para colmo, a medida que avanza la historia, sus reacciones van siendo más y más ridículas, hubo cosas que sencillamente me resultaron grotescas.

Por ejemplo, en un momento en el que todas se sienten en peligro, una de ellas (Sarah) comunica a otra (Wilda) la identidad del supuesto asesino (basándose en ciertas pruebas) a través de un mensaje de WhatsApp. La tal Wilda, que para más inri es agente del FBI, no es capaz de abrir el mensaje pues el móvil se queda sin batería y lo pone a cargar… pero en lugar de esperarse dos segundos a que se cargue lo suficiente para abrirlo y leer el mensaje de su amiga, la tía se vuelve al piso de arriba, donde estaba tomando un baño… ¡y se queda dormida en la bañera! De risa, vamos. Por supuesto, para cuando se despierta ha sucedido algo terrible, que no os desvelaré por si os apetece aburriros leyendo esta sarta de disparates.

Otro ejemplo es cómo las protagonistas constantemente actúan de la forma más absurda e ilógica posible, poniéndose en peligro una y otra vez, no acudiendo a la policía después de que alguien las ataque, yendo solas a lugar poco recomendables o solitarios, etc. Eso por no mencionar lo aparentemente fácil que resulta para todas arrearse en la cabeza las unas a las otras y atarse/amordazarse, como si fuera lo más normal del mundo. ¿Quién no ha dejado inconsciente alguna vez a su mejor amigo? (nótese la ironía de la pregunta). La cosa se volvía más esperpéntica a medida que iba avanzando en la lectura.

Esto enlaza con otro aspecto que me chirrió a lo largo de la novela, y son los constantes giros que da, es un poco cómo si las protagonistas se fueran pasando una “patata caliente” de culpabilidad, acusándose entre ellas una y otra vez con cualquier argumento irrisorio que justificara la supuesta psicopatía de una de ellas. Lo más absurdo, bajo mi punto de vista, es lo fácil que les resulta pensar que una amiga de hace años pueda ser una auténtica psicópata que haya matado ya a un montón de gente (lo cual refuerza mi teoría de que parece que acaben de conocerse). En cualquier caso, si os leéis la novela veréis que los protagonistas no son precisamente angelitos, otro detalle que me pareció cogido por los pelos, y es que en apariencia, casi todos tienen algo que ocultar o han vivido situaciones extremas en su vida (de las que, por supuesto, ni siquiera sus más allegados conocen).

Llegó un punto en que la historia me aburría, y ya casi me daba igual saber quién era el asesino: lo mismo podría haber sido el repartidor de periódicos que el camarero del bar de la esquina, teniendo en cuenta la inmensa falta de verosilimitud de la trama. Y lo que más me ha fastidiado es el pedazo spoiler que hace de la novela Diez negritos de Agatha Christie, en cuyo argumento se basa el asesino para matar a sus víctimas. El único aspecto mínimamente interesante del libro… y encima es robado de otra obra.

Como nota final, le doy un 5 sobre 10, y aún creo que estoy siendo generosa. Quizá me lo piense mejor en unos días y le cambie la valoración; en todo caso, no os recomiendo que la leáis.

¿Alguien más se dejó convencer también por el argumento? ¿Quizá la habéis leído y, al contrario que a mí, os ha gustado? No dudéis en dejarme un comentario si os apetece darme vuestra opinión al respecto 🙂

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