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Encontré este libro en una de mis sesiones de caza por el Fnac hace bastantes meses, pero no me lo compré hasta hace un par de semanas, cuando vi que el precio por Amazon no era demasiado elevado. Si bien al final me ha decepcionado un poco, está bien para pasar un rato entretenido. Antes de seguir contándoos, vamos a ver qué pinta tienen la portada y el argumento:


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Alicia es una joven viuda que dedica sus días al cuidado del viñedo que heredó al fallecer su marido. Tras años de soledad, decide probar suerte en la búsqueda del amor a través de Internet. Después de varias decepciones, irrumpe en su vida Marco, un enigmático y endiabladamente atractivo…¿¡corso!?

Bajo el sol mallorquín, surgirá entre ambos una conexión instantánea y darán rienda suelta a su pasión. Sin embargo, algo no encaja, Marco es demasiado bueno para ser verdad. ¿Qué esconde bajo esa maravillosa fachada? ¿Cómo ha podido fijarse alguien tan perfecto como él en alguien tan corriente como ella? Esas cosas no pasan a los 39 años.

Alicia y el teorema de los monos infinitos es una cautivadora historia de amor manchada por el vino, la pasión, las mentiras, la intriga y el humor más fresco.


Quizá “olvidable” sea un adjetivo que define bien a esta novela. Aunque en un principio me atrapó bastante y pensé que podría llegar a ser un libro original, de esos que dejan huella, la cosa decae bastante rápido, diría que incluso antes de la mitad, y una historia que parecía prometedora se vuelve predecible, llena de clichés y en cierto modo hasta ridícula.

Supongo que hoy en día todas las novelas románticas caen en lo mismo: hombre perfecto físicamente, casi de ciencia ficción, con un montón de secretos que le dan el punto justo de misterio para resultar irresistible y, por supuesto, millonario o por lo menos con mucha pasta. Eso por no mencionar la odiosa personalidad que tienen todos, porque son siempre iguales: tozudos, mandones y en ocasiones fríos, pero eso sí, auténticas bombas sexuales. Es el caso de Marco, el personaje masculino estrella de esta novela, pero al mismo tiempo podría haberos estado describiendo al infame Christian de Cincuenta Sombras de Grey o cualquier “empotrador” de novelucha rosa barata. Y es que por algún motivo, si nos ceñimos a lo que se nos muestra en estas novelas, cualquiera diría que las mujeres solo queramos a un tiarrón déspota que nos domine, aunque eso signifique el aplastamiento inmediato y absoluto de nuestra personalidad.

Como comentaba más arriba, en un primer momento la historia me resultó divertida y ocurrente. En ella se nos presenta a Alicia, una chica viuda pero aún joven que empieza a desesperarse ante la imposibilidad de encontrar un hombre que valga la pena. El cuidado de los viñedos que su marido le dejó en herencia le ocupa casi todo su tiempo, de modo que decide probar suerte en una página de contactos para no tener que salir a ligar por ahí, y así conoce a Marco, un hombre guapísimo varios años más joven que ella que, si bien no vive en las Baleares, ni siquiera en España (es corso), se muestra muy interesado en saber más de ella. Por si fuera poco, nuestro amigo el corso sexy es un ingeniero agrónomo experto en producción vínicola, así que a ojos de Alicia se convierte automáticamente en una especie de enviado de los dioses. Pero como las cosas nunca pueden ser perfectas, el chico presenta ciertos detalles cuanto menos peculiares, como por ejemplo no estar presente en ninguna red social y querer comunicarse con ella… por carta.

La primera parte de la novela, en la cual ambos intercambian misivas, me pareció interesante e ingeniosa, sobre todo gracias a los comentarios de Alicia y su forma de pensar. Sin embargo, una vez ambos se conocen en persona, las cosas comenzaron a volverse tontas y típicas bajo mi punto de vista. No me gustó cómo se desarrollaron ciertas situaciones, y otras me parecieron pura y llanamente grotescas, inverosímiles a más no poder. Confieso que me sentí un poco estafada al terminar la lectura, pues me esperaba algo muy diferente, tal vez menos “tonto”, incluso teniendo en cuenta que estamos ante un texto cómico y ligero, pero es que en realidad al final siquiera es así, pues algunos momentos presentan cierto dramatismo y seriedad que no pegan ni con cola con el tono general del libro, por eso mientras uno lo lee va quedándose progresivamente desconcertado.

Al margen de estas críticas, la novela es divertida, aunque es una pena que una idea original y fresca como la que abre la historia termine cayendo en una serie de ideas tan manidas y un desenlace previsible. El personaje de Alicia no está mal del todo, pero lo veo un poco incongruente: por un lado parece una mujer serena, con sentido común, que no se deja arrastrar por los impulsos, pero una vez conoce a Marco, comienza a comportarse de forma demencial, en absoluto acorde con su edad o con la personalidad que se nos ha ido mostrando hasta el momento. Y no me vale lo de que el tío sea tan perfecto que le haga perder la cabeza… De hecho, la escena de la boda me resultó particularmente infumable, no diré más para no chafaros nada, pero la conducta de Alicia (borracha o no) es un absoluto disparate. No es la única situación en la cual la protagonista obra de manera extravagante, otro buen ejemplo sería lo que sucede en el aeropuerto, pero de nuevo no diré más, si la leéis sabréis a qué me refiero.

Ya que ando mencionando a los personajes, el único que me gustó de verdad fue Álex, el joven sudamericano que trabaja en la finca de Alicia con su padre. Me encantaron sus expresiones colombianas y su carácter entrañable, sobre todo su ternura y su forma de enamorarse. Quizá la autora debería haber centrado la novela en él, en lugar de Alicia, fuera para hablar sobre su difícil pasado (estuvo en la cárcel por culpa de sus hermanos, que lo introdujeron en la delincuencia) o sobre su presente/futuro con su novia.

Volviendo a Alicia, la mujer no está mal del todo, pero el personaje de Marco me resultó bastante insoportable, como todos sus “clones” en novelas de este tipo. El peor defecto que le veo es su falta de coherencia: esta clase de hombres no resulta demasiado creíble en la vida real. He conocido a alguno así (con una belleza tan delirante como su despotismo) pero al final siempre están demasiado locos como para poder soportarlos a largo plazo. En fin, supongo que no hay que olvidar que es una novela (y para colmo, una cómica/romántica) así que le permitiremos algunas licencias a la escritora.

Como nota final le doy un 7 sobre 10; dudaba si darle menos nota pero tampoco me desagradó del todo, aunque admito que me quedé un poco desinflada porque me esperaba mucho más. Lo peor es que esta novela ocasionó que me leyera otra de la escritora (Un amor para Rebeca) que os desaconsejo ABSOLUTA y TOTALMENTE. Vamos, ni se os ocurra, dejé mi opinión en Amazon, que podéis leer AQUÍ.

¿Alguien ha leído esta novela? ¿A vosotr@s también empieza a cansaros ya el prototipo de hombre seductor, pero dominante y medio psicópata?

¡No olvidéis darle al Like y dejarme un comentario! 🙂

 

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