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Descubrí este libro a través de El Placer de la Lectura y estoy ENCANTADA de habérmelo leído. Y eso que, al principio, al echarle un ojo al argumento, no estaba 100% convencida, dado que no me suele interesar mucho la política. Sin embargo, no podía estar más equivocada. Antes de comenzar y para no romper la costumbre, veamos la portada y la sinopsis de esta maravillosa novela.


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6 de julio de 1936, Islas Canarias. Un asesinato desencadena el golpe de Estado de Franco y el inicio de la Guerra Civil española.

20 de julio de 1969, Rabat, Marruecos. Una familia celebra el aterrizaje en la Luna en el jardín de una antigua mansión. Un asesinato tendrá lugar esa misma noche, destrozando el destino de la familia.

Madrid, época actual. Helena Guerrero es una artista de renombre internacional, conocida por las sombras que invaden sus cuadros y que, aparentemente, reflejan un misterio de su pasado que nadie ha sabido nunca explicar. Ahora, después de muchos años viviendo en el extranjero, en Adelaida, Australia, tres sucesos conspiran para traerla de vuelta a Madrid, tres episodios que reconfigurarán su pasado y su futuro: una terapia psicológica llamada «constelación», una boda en su familia y un correo electrónico de su distanciado cuñado le darán las pistas para descubrir qué sucedió realmente con su hermana Alicia, en 1969. Junto con Carlos, su pareja actual, Helena irá en búsqueda de respuestas a las terribles preguntas que la han acechado durante toda su vida. Viajará a Rabat, a la antigua mansión de su familia, La Mora, y se adentrará de nuevo en los frondosos jardines que han resguardado, durante años, con recelo, un oscuro y silencioso secreto familiar, el mismo secreto que parecía hablar, desde hace mucho tiempo, a través del color y de las sombras de sus cuadros.


Como os comentaba al principio, no sé muy bien por qué me dio por leerme este libro, dado que no me resulta demasiado el tema de la política y aún menos la española, pero hubo algo de argumento que me atrajo, probablemente los distintos tiempos y lugares, así como la intriga del asesinato. También confieso que desde hace unos años me aficioné al tema de los secretos familiares, así como las novelas donde aparecen artistas, aún más si tenían que ver con la pintura (no sé por qué, pero todos los libros donde aparecían pintores me han encantado).

En cualquier caso, el libro no está narrado en el orden que figura en el argumento, como yo pensaba, sino que empieza en el presente y realiza constantes flashbacks a distintos momentos temporales: por un lado, la época anterior a la guerra civil y después el franquismo, y por otro, la fiesta del alunizaje que se menciona más arriba (en los años 60), y en el trancurso de la cual asesinaron a un miembro de la familia de la protagonista, Helena. En la novela también se intercalan capítulos sueltos en los que se describe una serie de objetos: cartas, fotografías, diarios… y que forman parte de una colección de recuerdos familiares que caen en manos de Helena en cierto punto de la historia.

Ya que la menciono, comentar que al principio me caía fatal (qué raro, ¿no?) y luego poco a poco fue mejorando, aunque me sigue pareciendo una mujer arrogante, pija y egoísta. El resto de personajes no son mucho mejores, quizá la única que se salvaría en parte, por lo menos de la familia, sería su hermana Alicia, mucho más dulce pero con cierto toque de ingenuidad excesiva, y por desgracia tan pija y poco acostumbrada a hacer frente a la vida como Helena, cuyo único recurso parece ser siempre la huida.

Por lo demás, tenemos a sus padres, por un lado un franquista convencido y por el otro, una santurrona de misa diaria y luto casi permanente, algo chocante teniendo en cuenta que en su juventud fuera moderna y alegre, poco dada a obedecer órdenes y dispuesta a comerse el mundo. También está Jean-Pierre, el marido de Alicia y compañero en la empresa de moda que ambos fundaron; Carlos, la actual pareja de Helena —bajo mi punto de vista, de los pocos personajes que merecen la pena—, Íñigo, el ex marido de Helena y prácticamente invisible en la novela, así como su hijo en común Álvaro, mucho más presente en la historia; Almudena, la nieta de la protagonista, y el motivo por el cual esta regresa a Madrid después de tantos años… y un largo etc. En las primeras páginas del libro figura un árbol genealógico para ayudarnos a comprender mejor quién es quién, pues en algunos momentos, sobre todo al principio, puede resultar algo confuso.

La novela me ha parecido buenísima, puede sonar simplista pero es una verdad como un templo. La intriga se va desgranando a lo largo de sus páginas en su justa medida, los personajes están trazados de forma impecable, la atmósfera está siempre adaptada al detalle en función de la época y el lugar, siendo capaz de transportarnos a momentos y sitios tan distintos como el franquismo en la España de los años cuarenta y cincuenta (y después), el flower power de los años 60, la implantación de ciertas terapias psicológicas en el momento presente, en Australia…

En cuanto a esto último, en el libro se nos narra lo que se conoce con el nombre de constelación (a menudo acompañado del epíteto “familiar”), un taller de tintes pseudopsicológicos que supuestamente permite a una persona comprender mejor su situación familiar y tal vez resolver posibles conflictos. Este punto fue de los pocos que no me gustaron y que me chirrió un poco, ya no por la credibilidad de la terapia en sí (ya que es algo que existe en nuestra sociedad actual, aunque yo nunca había oído hablar de ello), sino por el hecho de que una mujer tan pragmática, fría y calculadora como Helena se deje llevar hasta tal punto por lo sucedido durante ella.

También me pareció poco creíble que absolutamente todas las personas que representan a su familia durante la constelación dieran tanto en el clavo: si ya soy bastante reacia a creer que una terapia de este tipo pueda servir de algo, ni que sea acercarse remotamente a la realidad en sus conclusiones sobre los problemas que suceden en el seno de una familia, mucho más escéptica me muestro si resulta que sus participantes actúan más bien de médiums o casi de dioses. Y es que en la novela, como os comentaba, las personas designadas por Helena para representar a su familia no solo adivinan cosas que es imposible que supieran, sino que encima se trata de secretos familiares muy extremos que la propia protagonista desconoce. Supongo que la autora quería dotar al libro de una cierta aura de misterio casi cercano a la fantasía, pero teniendo en cuenta que la constelación se nos narra al principio de todo, resulta peligroso: bajo mi punto de vista, se arriesga a perder lectores. De hecho, yo aquí aún estaba decidiendo si la novela me convencía o no, pues soy alérgica a la psicología de pacotilla y a toda esa gran cantidad de medicinas alternativas con resultados bastante más que cuestionables.

Dejando de lado esta parte, deciros que el resto de la novela me cautivó y me mantuvo en vilo, enganchada a sus páginas hasta el último momento. Llegué a meterme tanto en la historia que el ir averiguando partes del pasado de Helena, ya no solo de sí misma sino también de su familia, me afectó casi como si fuera un personaje más, tal es la maestría con la que la autora nos narra sus vidas. El hecho de que Helena ignorara tantos detalles sobre el pasado de sus padres y quiénes eran en realidad, así como lo que sucedió realmente en aquella lejana fiesta de 1969, me hizo reflexionar. Y es que como ella misma dice en cierto momento de la obra:

“—Nadie sabe nada de los demás, Almudena. Nada. Ni de lo que hacen ni mucho menos de lo que piensan, ni de lo que desean, ni de sus fantasías, ilusiones, fracasos… Cada ser humano es un espíritu enorme encerrado en un cuerpo muy pequeño que envejece muy deprisa, en un círculo familiar ridículo, en un círculo de amistades diminuto… y nadie sabe nada de nadie. Nadie. Sabe. Nada. De nadie. ¿Me oyes? Ni quiere saber. Porque saber duele. Duele y hace que se te caigan al suelo los altos castillos que habías fabricado al querer a alguien. Cuanto más sabes de alguien, menos puedes idealizarlo. Por eso uno decide que es mejor no saber, y así nos va. Desconocidos todos. Encerrados en nosotros mismos. Eternos solitarios. Gritando desesperadamente cada uno con sus pobres medios para alcanzar a los demás, para que nos entiendan, para que nos quieran. Marc y yo pintando, Carlos publicando cosas raras que solo cuatro gatos igual de raros van a leer. Tú quizá construyendo edificios que te representan aunque nadie se dé cuenta. Tú presentando la historia desde tu punto de vista a unos niños que, a partir de ahí, verán el mundo como tú se lo has mostrado. Todos ignorantes de los demás (…)”

Como nota le doy un 9 sobre 10 y os la recomiendo con los ojos cerrados y la mano en el corazón. La novela os sumergirá de tal modo en sus páginas que al terminarla desearéis no haberos abalanzado sobre ellas con tanta avaricia, haber disfrutado más de la caricia del sol en Marruecos y sus intensos colores, del aroma de la pintura en los cuadros de Helena, del idealismo de unos jóvenes soldados dispuestos a darlo todo por su patria, de la ilusión de una jovencita durante sus primeros años de casada, del miedo y la pasión prohibida de dos amantes cuyo amor podría destruir una familia…

 

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