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Me dio por leerme este libro justo después de Todo bajo el cielo (cuya reseña podéis leer AQUÍ) puesto que me había quedado con más ganas de aventuras, leyendas y tesoros perdidos. En realidad, miento, pues entre ambos intercalé otra de la misma autora (El Salón de Ámbar) que no me apetece reseñar pues es bastante mediocre, y en cambio El origen perdido me pareció más digno de mención. ¿Cumplió mis expectativas…? Lo sabréis enseguida, pero antes echadle un ojo a la portada y la descripción de la obra, como de costumbre 🙂


978840806892

Una extraña enfermedad que ha dejado a su hermano en estado vegetativo lleva al hacker y empresario informático Arnau Queralt a emprender una investigación arqueológica para encontrar el remedio. De forma sorprendente, se verá inmerso en una aventura que le llevará a la historia del Imperio Inca, las ruinas de Tiwanacu y la selva amazónica, tras las huellas de una civilización perdida.

El lector sigue con Arnau y sus amigos, Marc y Lola, este viaje a través del conocimiento, descubriendo algunos misterios sin resolver en la historia de la Humanidad, las paradojas de la Teoría de la Evolución y el verdadero papel de los españoles en la conquista de América. Una novela deslumbrante que reta al lector a un juego de inteligencia y le conduce hasta una meta cuya clave está en el poder de las palabras.


Como suele pasar con los libros de Matilde Asensi, el interés de la novela comienza sobre todo a partir de la mitad, más o menos, o incluso diría que mi parte preferida fue el tercio final. Todo lo que viene antes es un poco aburrido, hay demasiado dato histórico y nombre de conceptos que, al estar en una lengua exótica, resultan muy difíciles de recordar, y que terminaron mezclándose en mi cabeza de forma caótica. Al final me hice tal lío que en ocasiones no sabía si me estaban hablando de una persona, un lugar, una pieza de ropa tribal o el símbolo de un jeroglífico. Por eso os recomiendo que leáis El origen perdido con calma y no os amarguéis si a ratos no os enteráis bien de qué hablan, poco a poco lo iréis pillando.

También resulta muy cansino, como ya comenté en la reseña de Todo bajo el cielo, las constantes notas al pie. Al final dejé de consultarlas puesto que en la mayoría de casos eran meras notas bibliográficas (totalmente inútiles para el lector, bajo mi punto de vista) o la explicación de conceptos informáticos, algo que quizá resultaba útil en la fecha en la que salió la novela (2003), pero ahora se vuelven ridículos. Parece como si la autora intentara dársela de súper experta (igual, de hecho, que en El Salón de Ámbar) en tecnología, pero a mí me produjo más bien vergüenza ajena. Eso por no mencionar la casa inteligente del protagonista, Arnau, en la cual la escritora exageró hasta tal punto las capacidades de los ordenadores, que a mí terminó dándome dentera.

Dejando estos detalles de lado, la escritora nos sumerge de nuevo en una apasionante aventura al más puro estilo Indiana Jones. El protagonista es Arnau, un joven empresario y hacker profesional cuyo hermano Daniel, un antropólogo sin demasiado éxito en la vida a pesar de su inteligencia, cae presa de una misteriosa enfermedad. Según los especialistas, se trata de una inusitada mezcla de agnosia, que le impide reconocer a sus allegados, y síndrome de Cotard, que le hace creer que está muerto.

Escarbando un poco en la vida de su hermano y sus recientes investigaciones, Arnau descubre que Daniel había estado estudiando a los aymaras, una tribu ancestral procedente de Sudámerica, cuya lengua podría tener propiedades esotéricas, pues como si de un lenguaje informático se tratara, parece capaz de reprogramar el cerebro humano, darle instrucciones e incluso hacer que caiga víctima de una maldición, cuyos síntomas se parecen sospechosamente a los que padece su hermano.

Arnau visita la universidad donde trabajaba Daniel y topa con la jefa de su departamento, una mujer insufrible y petulante que llega al punto de acusar a su hermano de haber robado parte de su investigación. Según la antropóloga, ciertos de los documentos que Arnau le muestra, incluso un programa Daniel tenía en su ordenador, le pertenecen por derecho y forman parte de una investigación confidencial, por lo cual deben serle devueltos de inmediato. Muy enfadado, Arnau se marcha, y cuál es su sorpresa cuando, a los pocos días, descubre que la mujer se ha marchado a Bolivia con muchas prisas para comenzar con las excavaciones en las ruinas de Tiahuanaco, la ciudad arqueológica donde antiguamente estuvo establecida una civilización preincaica.

Acompañado por sus inseparables amigos y empleados, Jabba y Proxi (o Marc y Lola, sus nombres reales fuera del mundo internáutico) Arnau se embarca en una aventura que le lleva primero a Los Andes, en Bolivia, donde comienza a investigar en las excavaciones que os mencionaba, y finalmente al centro mismo de la selva amazónica, donde parte en busca de los misteriosos yaitiris, los únicos que poseen ese lenguaje misterioso capaz de curar a su hermano. Allí volverá a coincidir con la jefa de su hermano, que pasa de némesis a aliada a medida que se van aclarando ciertos detalles de la vida de Daniel que Arnau jamás hubiera imaginado.

Como suele suceder con las novelas de Matilde Asensi, los personajes son un poco planos, no en el sentido de que no evolucionen, sino que no son creíbles: por ejemplo, Arnau con su súper casa y tantísimo dinero, o sus dos amigos Marc y Lola, que no dudan en seguirle a traves de la Selva Amazónica sin ningún aliciente para ellos. Otro motivo es la falta de características específicas o los cambios en el carácter de los personajes, que suelen ser demasiado bruscos. Véase el caso de Arnau, cuya forma de pensar se transforma un poco de la noche a la mañana: pasa de odiar la naturaleza a muerte y no soportar la presencia siquiera de una hormiga en su jardín, a convertirse poco menos que en Robinson Crusoe.

También es verdad que a la historia le falta un poco de “chicha” o contenido: si eliminamos todas las partes en las cuales se explican datos históricos o informáticos, no puede decirse que pase gran cosa, y la autora se ventila algunas de las partes más interesantes con excesiva premura, como si tuviera prisa por terminar. Es el caso sobre todo del desenlace, que me pareció muy flojo y en exceso abierto. Digamos que se dejan demasiadas cosas sin desarrollar, como ya ha sucedido en algún otro de los libros de esta autora (El Salón de Ámbar sin ir más lejos).

Resumiendo: si os gustan las novelas de aventuras con toques históricos y no pedís una gran madurez a los personajes ni al relato en sí mismo, os gustará El origen perdido. Eso sí, es posible que os aburran los rollos que pega la autora y os perdáis en un sinfín de nombres y fechas históricas, o que os decepcione el desenlace, un poco brusco y con ese toque infantil de final feliz de cuento de hadas, tan habitual en Matilde Asensi.

Como nota final le doy un 7 sobre 10: la obra me entretuvo y me aportó algunos conocimientos nada desdeñables sobre la cultura de las tribus sudamericanas, y solo por eso para mí ya valió la pena leerlo.

¿Y vosotros, habéis leído El origen perdido? ¿Os gustan las novelas de aventuras e historia sobre civilizaciones legendarias?

 

Dejadme un comentario si tenéis algo que decir, y dadle al Like si os ha gustado esta reseña 🙂

 

 

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