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Hace ya meses, le hice una foto a este libro en el Fnac para luego buscarlo y leérmelo, según mi costumbre. Recuerdo que al principio no las tenía todas conmigo, pues el diseño de la cubierta me recordaba un poco a los que se utilizan para la novela gótica del siglo XIX, estilo Poe, Lovecraft, Maupassant y similar, y me daba miedo que fuera un poco aburrido. No porque no admire la obra de los mencionados, sino porque andaba con ganas de algo más moderno, y fue por ello que fui retrasando la lectura de la novela, algo de lo que me arrepiento pues es francamente buena. Antes de añadir más, os dejo con la susodicha portada y el argumento 🙂


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Salomón Rulfo, profesor de literatura en paro y gran amante de la poesía, sufre noche tras noche una inquietante y aterradora pesadilla. En sus sueños aparece una casa desconocida, personas extrañas y un triple asesinato sangriento, en el que, además, una mujer le pide ayuda desesperadamente. Por este motivo, Salomón acude a la consulta del doctor Ballesteros, un médico que le ayuda a desentrañar el misterio de los sueños y le acompaña en lo que se convertirá en un caso mucho más terrible y escalofriante que cualquier fantasía: el escenario del crimen es real y la mujer que pide socorro a gritos fue realmente asesinada.

En compañía de una joven de pasado enigmático, el doctor y un ex profesor de la universidad con el que mantiene una relación compleja, Salomón se adentrará en un mundo donde las palabras y la poesía son un arma de gran poder. En ese mundo, habitan las doce damas que controlan nuestro destino desde las sombras… o ¿son trece brujas?

Con La dama número trece el autor hilvana con destreza y elegancia una fascinante historia de intriga, en la que se desafía la inteligencia y fantasía del lector. Y con esta nueva novela, José Carlos Somoza confirma una vez más su talento a la hora de urdir tramas de misterio y recrear una atmósfera de tensión con una prosa lírica y bella.


Confieso que esta obra se sale de lo que suelo leer habitualmente, pues es en toda regla una novela de terror, y exceptuando a Stephen King, no soy muy aficionada al género, quizá es porque soy un poco cobardica y luego no duermo. En el caso de La dama número trece, no llegué a tanto, pero confieso que muchas de las escenas me perturbaron el alma de forma deliciosamente escalofriante. ¡Al final va a resultar que me gusta sufrir!

La historia es de lo más curioso y original que he leído en mucho tiempo. Al principio, extrañamente, me parecía una tontería eso de que la poesía pudiera usarse como arma con solo recitar unos versos… pero poco a poco, la idea fue calando en mí y atrapándome. Quería saber más y más, y aunque al final estaba aliviada de que tanto horror terminara, me quedé con ganas de descubrir otros mundos creados por Somoza. ¿Que de que estoy hablando con eso de usar la poesía como arma…? Bueno, me temo que tendréis que leer la novela si queréis entenderlo 🙂

Ya que lo menciono, ha sido una gran sorpresa descubrir a este autor del cual no sabía nada, y parece que es ya su octava novela, así que no os quepa duda de que veréis más reseñas suyas por aquí.

Volviendo al tema del argumento, ya está muy bien explicado en la primera parte de la reseña, así que solo añadiré que no desesperéis si al principio no os enteráis demasiado de qué va la cosa. Aunque el autor utiliza algunas palabras que desconocía en español, no se trata del léxico utilizado sino del concepto de la poesía en sí, que en el libro es bastante extravagante. No diré más pues es algo que ya he insinuado antes y prefiero que lo descubráis vosotros mismos. Os aseguro que al final de la obra lo habréis entendido todo, por confuso o ridículo que os parezca en un primer momento.

Esta novela, como todas, tiene sus defectos, y ya sabéis que nunca soy demasiado benévola a la hora de señalarlos. En este caso, creo que podemos pasarlos por alto, pero los mencionaré en todo caso.

Por ejemplo, los personajes no me resultaron creíbles. Salomón es un hombre de lo más soso, es una lástima que el autor no explotara más esa especie de magnetismo que posee, causado por su belleza externa y sus conocimientos en poesía, y le otorgara un papel tan simplón en la obra. Me pareció una figura de papel, y aunque sé que técnicamente es lo que es, en otras novelas los personajes son capaces de salirse de las páginas, poseer materia y espíritu… pero por desgracia, este no es el caso.

Tampoco sucede con Raquel, “la joven de pasado enigmático”, que es demasiado fría e impersonal, se hace imposible establecer vínculos con ella ni sentir ninguna empatía hacia el personaje. La chica es una prostituta de algún país del este que malvive en un cuchitril ruinoso, no os daré más detalles sobre su vida para no arruinaros algunas sorpresas que os llevaréis al ir averiguando más sobre ella. No terminó de convencerme como personaje, igual que Salomón. Es como si ambos estuvieran vacíos, fue totalmente la impresión que me transmitieron.

El caso del doctor, Eugenio Ballesteros, es algo distinto, pues en todo momento parece un hombre cabal, lleno de detalles que lo vuelven sólido y coherente con lo que ha vivido y con su forma de pensar. También el antiguo profesor de Salomón, César Sauceda, es mucho más complejo pese a su papel de personaje secundario, igual que su pareja, Susana. Aunque ambos me resultan en cierto modo odiosos, con sus tendencias hedonistas pasadas de rosca, los considero mis personajes preferidos de la novela junto con el médico, los vi llenos de matices y de vida. Nada que ver con los otros dos, algo que resulta curioso teniendo en cuenta que Raquel y Salomón son los verdaderos protagonistas.

Otro posible defecto sería que en ciertos momentos la historia se hace un poco absurda y las reacciones o digamos actitud de los personajes me parecieron inverosímiles. Esto viene un poco en relación con lo que os comentaba en el párrafo anterior.

Sin embargo, si hubo algo que me chocó sobremanera, hasta el punto de llegar a preguntarme si podía ser un defecto de maquetación al pasar al formato Kindle, fue la extrañísima tendencia del escritor (repetida a lo largo de toda la novela hasta hacerse insoportable) de ir introduciendo inicios de frase inconexos entre los párrafos. Es difícil de explicar, pero lo intentaré, aunque si leéis la novela lo entenderéis enseguida.

Por ejemplo, como podéis ver, mi siguiente párrafo empieza diciendo “Dejando ya de lado las partes negativas…”. Pues si yo adoptara la técnica de Somoza, por en medio de los diversos párrafos anteriores, yo iría repetiendo ese inicio de frase, solo que avanzándolo cada vez más. Así, la primera vez pondría cuatro palabras, después tal vez seis o siete, y así hasta un número excesivo de ocasiones, lo cual entorpece la lectura y me parece un recurso literario absurdo y del todo incomprensible. Repito que os será más fácil de entender si la leéis o le echáis siquiera un vistazo a las primeras páginas. No entiendo qué clase de efecto pretendía crear Somoza en el lector, pero a mí solo me causó molestia e incluso enfado, o como os decía antes, llegar a preguntarme en un principio si era un defecto del texto. Por fortuna, puedo aseguraros, dado que me encuentro ya leyendo otra obra del escritor, que no utiliza este recurso en todas sus novelas.

Dejando ya de lado las partes negativas, hay que destacar la riqueza literaria de la obra, y no me refiero a cómo está escrita exclusivamente pues sin duda el escritor goza de una sorprendente abundancia léxica, sino a las múltiples referencias a escritores y poetas muy conocidos como Shakespeare, Dante, Petrarca, Góngora, Blake, Milton…

Bajo mi punto de vista, es lo primero lo más interesante, y es que en el mar de novelas más bien mediocres que inundan las librerías en la actualidad, da gusto encontrarse con un autor español capaz de narrar con tanta maestría. Debo admitir, de todos modos, que cada vez que leo textos escritos de forma original en español, me encuentro con un lenguaje mucho más espléndido y frondoso que cuando me enfrento a traducciones de textos extranjeros (casi siempre del inglés), aunque no creo que sea culpa del traductor, o tal vez sí, quién sabe. Pero lo dudo, pues en Somoza ya no es solo la riqueza del lenguaje lo que sorprende y fascina, sino la múltitud de comparaciones y bellas imágenes recreadas por su particular uso de la palabra escrita.

Una curiosidad: acabo de enterarme de que se realizó una adaptación al cine de la novela, llamada Musa (del año 2017) y dirigida nada más y nada menos que por Jaume Balagueró. No sé si alguien la habrá visto, pero a mí me gustaría hacerlo, aunque suela llevarme casi siempre decepciones con las películas basadas en libros que he leído.

Como nota final, le doy un 8 sobre 10 y os la recomiendo sin duda alguna, muy especialmente si disfrutáis de la literatura de terror y la poesía. Eso sí, no esperéis encontraros con una novela agradable: las escenas que se describen en ocasiones parecen sacadas de las horripilantes películas de SAW, así que id con cuidado si no sois fans de lo morboso.

¿Alguien ha leído esta novela u otra obra de Somoza? ¿Qué os pareció? ¿Os suelen gustar las películas basadas en libros?

 

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