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Tal y como os anuncié, inmediatamente después de terminar La dama número 13, cuya reseña podéis leer AQUÍ, me dispuse a hacerme con todos los libros posibles de José Carlos Somoza, y este fue el siguiente que me dio por leerme. ¿Queréis saber si se mantiene mi opinión positiva sobre este escritor…? Me temo que tendréis que seguir leyendo 🙂


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En los circuitos internacionales del arte está en auge la llamada pintura hiperdramática, que consiste en la utilización de modelos humanos como lienzos. El asesinato de Annek, una chica de catorce años que trabajaba como cuadro en la obra “Desfloración”, en Viena, pone en guardia a la policía y al Ministerio de Interior autriaco, que son presionados por la poderosa Fundación van Tysch para que no hagan público el crimen, ya que la noticia desencadenaría el pánico entre sus modelos y la desconfianza entre los compradores de pintura hiperdramática.

Y mientras tanto, Clara Reyes, que trabaja como lienzo en una galería de Madrid, recibe la visita de dos hombres extranjeros que le proponen participar en una obra de carácter “duro y arriesgado”; el reto empieza en el mismo momento de la oferta, ya que la modelo debe ser esculpida también psicológicamente. De esta forma, Clara entra en una espiral de miedo y fascinación, que envuelve también al lector y lo enfrenta a un debate crucial sobre el valor del arte y el de la propia vida humana.


Este libro es UNA LOCURA, os lo digo ya de entrada, pero en el sentido positivo. Me resulta fascinante la desproporcionada imaginación del autor, su capacidad para inventar conceptos tan originales y llevar el horror a escalas que no tienen nada que ver con aquello a lo que estamos habituados.

Sinceramente, considero los dos libros suyos que he tenido el placer de leer hasta la fecha como auténticas obras maestras y os lo recomendaría con los ojos cerrados, excepto que realmente no os guste “sufrir” un poco o leer sobre temas desagradables o morbosos.

Como suele ocurrir con los libros de Somoza, al comenzar a leer nos sentiremos algo desconcertados ante la singularidad de la trama y la situación que se nos presenta. En Clara y la penumbra se nos muestra una sociedad que ha llevado muy lejos el concepto de arte: ya no hay lienzos ni esculturas, sino seres humanos que trabajan como tales, y a los que ni siquiera se considera personas. Dicha corriente se conoce con el nombre de pintura hiperdramática (en ocasiones abreviada HD), la cual ha sustituido por completo al arte que conocíamos antaño. Y lo peor es que no solo hay adultos que trabajen como lienzos… sino también niños.

Asimismo, existen otros tipos de arte ilegal en la sociedad que nos introduce el libro, como por ejemplo el art-shock y el arte manchado, de los cuales prefiero no hablaros, sino dejar que lo descubráis por vosotros mismos. En todo caso, creo que los nombres hablan por sí solos.

La deshumanización es un concepto muy presente en la historia, ya no solo a nivel de las obras de arte, sino a la del resto de personajes, cuya frialdad se hace escalofriante. Lo curioso es que en el mundo del arte HD no solo hay lienzos, sino también los considerados muebles o adornos: seres humanos que trabajan como sofás, mesas, lámparas, ceniceros… en fin, prácticamente todo lo que puede considerarse parte del mobiliario de una casa u oficina. Quizá os suene absurdo o confuso a simple vista y no terminéis de comprenderlo al leer mi reseña, pero creedme: por más que al principio algunas cosas os “chirríen” un poco por su absoluta extrañeza, cuando llevéis un tercio del libro os habréis metido tanto en la historia que la pintura hiperdramática os parecerá tan real y tangible como si existiera en nuestra propia sociedad.

A lo largo de la novela conoceremos a distintos personajes y sus puntos de vista. Por un lado, tenemos a Clara, una de las protagonistas, un lienzo que lucha por pasar a la posteridad en la historia del arte, y que será capaz de todo con tal de lograrlo, incluso a renunciar a su propia identidad. Respecto a este tema, me dispongo a hacer un inciso, espero que no os moleste.

En la obra veréis cómo se pone a punto a las personas que trabajan como lienzo, las sustancias y ungüentos de todo tipo que se les administra para que sean capaces de resistir durante horas de exposición: gotas para impedir la sequedad de los ojos, pastillas que inhiben la sudoración y la necesidad de ir al baño, de comer o de beber, y todo lo que se os pase por la cabeza.

Asimismo, aprenderéis cómo se “imprima” a los lienzos (una noción muy interesante cuyo significado averiguaréis si leéis la novela) y cómo se les pinta y después, se les estampa la firma del artista una vez finalizado el proceso. Los lienzos, por si fuera poco, llevan etiquetas en torno al cuello, muñecas y/o tobillos mientras están trabajando, pues como os decía más arriba, son considerados como meros objetos, muy valiosos, de eso no hay ninguna duda, pero en ningún momento como seres humanos.

Por otro lado, muy opuesto al de Clara, se nos presentará a los distintos miembros de la fundación Van Tysch. En el escalón más alto encontraremos al Maestro, un importantísimo pintor y fundador de la susodicha, al que pocos han visto cara a cara y cuya vida es una mezcla de rumores, interrogantes y oscuros secretos, junto con sus contactos y portavoces más próximos.

Un poco más abajo en el escalafón, conoceremos al grupo responsable de seguridad, compuesto por Lothar Bosch, un ex policía de corazón noble, y la tétrica señorita Wood, una mujer de cabello oscuro y permanentes gafas oscuras, cuya alma es tan siniestra y puntiaguda como su cuerpo esquelético y sus impasibles facciones.

La absoluta falta de compasión y de humanidad de los miembros de la fundación os provocará una mezcla de náuseas y escalofríos, y es que lo mejor de los libros de Somoza es su capacidad para despertar emociones violentas en sus lectores. Es por eso que los considero auténticas obras de arte, valga la redundancia.

La historia arranca cuando una serie de crímenes rituales azota a la fundación, más en concreto a los lienzos clave de sus exposiciones, cuya fama es mundial. El grupo Van Tysch intentará ocultar a toda costa que las obras de arte más reputadas que poseían están siendo destruidas, y pondrán en marcha todos los recursos a su alcance con tal de desenmascarar al asesino y atraparle antes de que destruya a más lienzos. Lo que para nosotros vendría a significar: antes de que siga matando a personas… pero no para ellos.

Mientras tanto, ajena a lo sucedido, Clara ha sido contratada por Van Tysch para formar parte de una exposición que promete ser recordada durante las generaciones siguientes, cumpliendo por fin su sueño de pasar a la posteridad. Se trata de “Rembrandt”, una muestra de alcance mundial que se propone reproducir las obras principales de dicho pintor… pero por supuesto, adaptadas al concepto del arte HD o hiperdrámatico.

Sin embargo, durante el proceso de imprimación y tensado del lienzo (alias Clara), la protagonista deberá enfrentarse a una serie de extraños sucesos en la casa en la que vive temporalmente, así como los desconcertantes comportamientos de los dos asistentes del Maestro que se hallan trabajando con ella, lo cual dará lugar á a ciertos interrogantes…

¿Será Clara capaz de aguantar la presión que supone ser un lienzo de semejante calibre? ¿Tendrá en ella la fuerza y potencial necesarios para convertirse en una verdadera obra de arte por los siglos de los siglos?

Y el más importante de todos… ¿tendrán algo que ver estos singulares sucesos con los espantosos asesinatos de lienzos que alguien sigue llevando a cabo con magistral eficacia, pese a los esfuerzos de la fundación para atrapar a su responsable? Asesinatos de los cuales, por cierto, ni Clara ni nadie en el mundo tiene conocimiento alguno, exceptuando por supuesto a la fundación, lo cual hace que el peligro sea aún mayor pues las víctimas en potencia desconocen que alguien quiere destruirlas.

No añadiré más detalles sobre la trama pues no quiero chafárosla del todo, pero tenía que desarrollar un poco todos los chocantes conceptos que se nos introducen en la historia para llamar vuestra atención y convenceros de que esta es sin duda una novela que tenéis que leer sí o sí.

Podrá gustaros más o menos, pero os sacudirá el espíritu y os hará leer entre líneas y daros cuenta de que el autor, bajo semejante colección de disparates, realiza una dura crítica a una sociedad cada vez más deshumanizada y absurda, para la cual incluso los seres humanos han dejado de ser considerados como tales en aras de algo supuestamente más grande como es el arte en estado puro. Para todos los que siguen dicha corriente de pensamiento, los crímenes son gravísimos y deben impedirse a toda costa, pero no para salvar vidas, sino para asegurar la continuidad de las exposiciones en curso.

Me fascinó particularmente el personaje del Maestro y el aura de misterio que lo envuelve.No cambiaría por nada la tensión previa antes del momento en que por fin entra en escena y se nos desvela quién y cómo es… pero no voy a añadir más, fue algo demasiado emocionante para mí durante el transcurso de la novela, y deseo que lo sea asimismo para vosotros.

En cuanto al desenlace, no decepciona en absoluto. Quedé sobrecogida ante el alcance del horror que la mente de Somoza es capaz de concebir; sin embargo, debo admitir que me pareció un poco predecible (al menos en parte) a partir de cierto punto de la historia, pero aun así, no deja de parecerme extraordinario.

Como nota final le doy un 9 sobre 10: creo que ya he repetido suficientes veces lo alucinante y maravillosa que me parece esta novela incluso pese a los horribles conceptos que nos introduce, o quizá precisamente gracias a ellos.

¿Y vosotros, habéis leído este libro? ¿Os gustaría darle una oportunidad tras leer mi reseña? ¿Creéis, como el autor, que vivimos en una sociedad cada vez más fría y robotizada?

 

Dejadme un comentario si deseáis responder a alguna de estas preguntas, y por favor dadle al Like si os ha gustado la reseña 🙂

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