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¡Hola a tod@s, ya estoy de vuelta! 🙂 Espero que estéis pasando un buen verano.

Sin más dilación, pasemos al tema que nos interesa: ya me leí este libro hace años, pero me gustó tanto que me apeteció volver a leerlo y así, de paso, refrescar lo suficiente mi memoria para poder escribir una reseña en condiciones. También me ha ido bien para volver a rescatar a este fantástico autor que tenía olvidado y hacerme con otra obra suya, que tengo entre mi lista de lecturas pendientes. Antes de seguir divagando, vamos a echarle un ojo a la portada y el argumento:


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Un antiguo y desgraciado accidente hizo del Parque de los Inocentes un lugar maldito. Alberto, joven médico casado con la hija de un prócer de la ciudad, se convierte, a la muerte de su suegro, en el cabeza de los Guardiola. En la mansión de la familia, sita junto al parque, quedó sin resolver quince años atrás un sangriento episodio, cuya investigación se reabre ahora.

Volcado en proteger a su esposa pero también en sacar a la luz toda la verdad, Alberto se dejará engullir por un mundo sombrío y terrible donde los hilos del destino y su pasado personal formarán una maraña difícil de eludir. No estará solo, pero no todos los que se crucen en su camino vendrán en su ayuda.

Entretanto, oculto en las entrañas del Parque de los Inocentes, alguien aguarda…


No sabría deciros por qué, pero este libro me encantó y seguí recordándolo pasados los años, como os comentaba más arriba. Tanto es así que quise volver a leérmelo e incluso he adquirido recientemente a través de Amazon otra obra de este escritor, la cual he empezado esta misma mañana.

El Parque de los Inocentes es una trepidante historia de intriga, narrada con una prosa profusa y exuberante, que me obligó en más de una ocasión a consultar palabras en el diccionario. La historia, si bien algo predecible a partir de la mitad de la novela, no pierde por ello encanto a mis ojos, pues considero que el suspense está muy bien llevado y que los personajes son creíbles.

La novela narra la historia de la familia Guardiola tras la muerte del patriarca, un hombre importante en la ficticia ciudad de Medoria. En concreto, se nos habla de las vidas de su hija Caty y su marido el protagonista y narrador en primera persona al mudarse a la mansión familiar.

Ella es una joven pudiente y bastante inútil para cualquier cosa que no sean sus propios intereses, una criatura felina y seductora de tendencias manipuladoras y egoístas. En cuanto a Alberto, se trata de un médico al que la sociedad tiene bastante manía por el braguetazo que dio al casarse con Caty, sin considerar ni por un momento que realmente lo hiciera por amor. De hecho, el hombre está tan enamorado de ella que haría cualquier cosa con tal de protegerla.

Como os comentaba más arriba, al inicio de la novela el matrimonio acaba de mudarse a la mansión familiar, como era el deseo del difunto padre de Caty. La casa fue escenario de una horrible matanza tiempo atrás, cuando ella tenía unos veinte años: el asesinato de su propia madre y la criada, crímenes que quedaron sin resolver.

El libro arranca en el funeral del padre, cuando nuestro protagonista se sorprende al ver a un joven sudamericano entre los asistentes, al cual no conoce. Según le cuenta Caty, se trata de Carlos, un supuesto hijo ilegítimo que su padre habría tenido con la doncella asesinada.

Precisamente, su caso y el de la madre de Caty serán reabiertos al poco del funeral para desgracia de la familia Guardiola, quienes no tardan en averiguar que ha sido precisamente Carlos quien lo ha solicitado para que se haga justicia y, por qué no, para llevarse un buen pellizco de la herencia que cree le corresponde por derecho.

Al margen de estos tres, en el libro desfilan gran cantidad de personajes de todo tipo y condición social, a cada cual más interesante.

Por un lado, tenemos a Cándida, la tía de Caty, una anciana demente que lleva toda la vida enamorada de su difunto cuñado y  vive encerrada en sus aposentos en la mansión familiar, espiando al joven matrimonio siempre que tiene ocasión.

Después está Mirete, el inspector al frente del caso recién abierto, un matón de poca monta cuyo objetivo principal parece ser hacerles la vida imposible a los protagonistas, en teoría para ponerles nerviosos y hacer que confiesen, pues considera que esconden algo, y no parará hasta averiguar de qué se trata.

Otro personaje destacable es don Horacio, el mejor amigo de Alberto, un hombre que por un error del pasado decidió recluirse en un monasterio, y al que el joven médico recurrirá a menudo en busca de guía espiritual y consuelo.

Tampoco hay que olvidar a Jacinto, el fiel criado de los Guardiola un hombre amargado y casi ciego quien, pese a llevar tiempo jubilado,  sigue viviendo en la finca, y al parecer está al corriente de muchos de los secretos que esta esconde, ni a Corbacho, el abogado principal de la familia, un hombre de gran carisma y recargado lenguaje, que utiliza para endosar largos discursos a sus pobres oyentes.

Por último, hay algún que otro personaje más simple pero entrañable, como es el caso de Basilio, un guardia de seguridad que acabará trabajando como guardaespaldas de Alberto y convirtiéndose prácticamente en la única persona en la que puede confiar.

La atmósfera tétrica de la novela me pareció un elemento clave: la enorme mansión llena de horribles recuerdos, la amenazadora silueta del Parque de los Inocentes en la distancia, así como el clima de asfixiante pasión amorosa que se respira entre el matrimonio protagonista.

A medida que avanza la historia vamos asistiendo a la degradación de los valores morales de los personajes, sobre todo del narrador, quien asimismo va perdiendo la fe en el amor y la amistad como resultado de los sucesos que se ve obligado a vivir.

Me pareció en especial atrayente y siniestra la ambientación del Parque de los Inocentes, cuya leyenda cuenta que ha sido testigo de múltiples sucesos espantosos. Se describe como un lugar sombrío y solitario, con un denso follaje que impide el paso de sonidos del exterior, como una suerte de cúpula formada por las ramas entrelazadas. Me encantó el relato de los paseos del protagonista en su interior, especialmente durante su sesión de ejercicio diario: la descripción del absoluto silencio del lugar, esa mezcla de calma e inquietud que pesa en el aire, así como la constante presencia del desconocido que siempre se encuentra en el mismo banco, comiendo almendras sin parar. El sonido de las cáscaras al estallar es el único ruido que osa quebrar el espeso y fantasmagórico silencio, pues al parecer, Alberto es la única persona que se atreve a poner un pie en el lugar.

No es solo inquietante el parque, sino también la casa de los Guardiola. Podría decirse que en esta novela, los lugares poseen alma, un espíritu retorcido y torturado como consecuencia de los horrores que han ido presenciando con el paso de los años. Esta presencia casi material de recuerdos espantosos dota a dichos lugares de una especie de aura maligna y negativa, que apresa a los personajes entre sus garras en cuanto ponen un pie en ellos.

He dejado a un personaje sin mencionar y es Regina, una joven pelirroja que forma parte del pasado de Alberto, aunque él todavía no lo sabe al comenzar el libro. De hecho, la primera vez que la ve rondando por el exterior de la mansión, la confunde con una reportera, y solo al volver a verla averiguará que no tiene nada que ver con el caso de los Guardiola, sino con él mismo y la muerte de su padre, un comunista rebelde que fue asesinado por el gobierno franquista muchos años atrás. No os desvelaré nada más al respecto, pues es una parte muy interesante de la historia, que dicho sea de paso, no tiene nada que ver con la otra.

El desenlace me pareció algo extremo, pero creo que encaja con lo que hemos ido viendo de los personajes, así que pese a ser tan radical, se entiende bien y resulta creíble. Sobre todo porque esa degeneración de los valores morales que os comentaba más arriba aunque no tenga nada que ver, me recordó en cierto modo al Lazarillo de Tormes y su pérdida de la inocencia, junto con la decadencia espiritual que el conjunto de eventos va provocando en el protagonista, allana el terreno para todo lo que sucederá al final. Aun así,  hubo algún detalle que me chirrió un poco, pero no me pondré quisquillosa al respecto porque el libro me gustó mucho.

Como nota final le doy un 8 sobre 10 y os la recomiendo si os gustan las historias sobre secretos turbios enterrados en lo más profundo de las casas… y de las personas.

 

¿Alguien ha leído esta novela? ¿Os gustan las historias ambientadas en lugares siniestros y las tramas familiares?

¡No olvidéis darle al Like si os ha gustado esta reseña!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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