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Leí este libro (esta colección, vaya) mucho tiempo atrás, prácticamente hace la mitad de mi vida si no me equivoco, pero recuerdo que me dejó una marca profunda, como todos los libros de Anne Rice, de los que soy fan acérrima (más de las Crónicas Vampíricas que de esta saga, la verdad). Es por ello que me apeteció releerme La hora de las brujas y así dejaros con una reseña en condiciones, pues basándome en mi memoria no habría sido demasiado fiel. ¿Empezamos? 🙂


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Rowan Mayfair, una bella neurocirujana consciente de sus poderes especiales, encuentra a un ahogado en la costa de California y consigue devolverlo a la vida. Ambos se enamoran ferozmente y establecen una apasionada alianza para desentrañar el misterio del pasado de ella y dominar un don maligno que le ha sido conferido a él tras su accidente. Rowan, aunque todavía no lo sabe, desciende de una dinastía de brujas que se remonta al siglo XVII y cuya historia empezó con una escocesa quemada en la hoguera.


Todo aquel que conozca a Anne Rice sabrá lo profusa y exquisita que es la prosa de esta autora, lo intenso de sus personajes y el minucioso detalle con el que lo describe todo, haciendo que el lector sea capaz de sumergirse en la historia como si la estuviera viviendo en primera persona.

Por lo menos en mi caso, ya desde el principio fue como si pudiera oler el perfume de las flores que invaden el jardín de esa misteriosa casa de Nueva Orleans, sentir la asfixiante caricia del sol de Luisiana, escuchar la pesada quietud del silencio y maravillarme ante la intensidad de los colores del entorno, como si lo tuviera a pocos pasos.

Remontándome a hace años, cuando empecé a leer a Anne Rice y conocí Nueva Orleans a través de sus ojos, no tardé en sentirme invadida por un intenso deseo de visitar la ciudad algún día, perderme por sus animadas y coloridas calles envuelta en el sonido del jazz y el bochorno, escuchar la suave cadencia en el acento de sus habitantes, maravillarme ante la revigorizante calma y lujo de Garden District… ¡y por supuesto, visitar Bourbon Street! También me encantaría asistir en Carnaval, una de mis festividades preferidas junto con Halloween, y dejarme llevar por el sonido de los tambores envuelta en un mar de disfraces.

Pasando un poco más a la novela en sí, podría resumirse como la historia de una dinastía de brujas, un relato plagado de magia, secretos, mentiras, asesinatos, vudú e incesto. Aunque es una novela de una longitud sorprendente (más de 1200 en mi versión), no se hace pesada para nada ni decae en ningún momento (a diferencia de la segunda y tercera entrega, si mal no recuerdo).

A lo largo de la lectura, viajaremos a distintos lugares de lo más pintorescos: Nueva Orleans, San Francisco, Donnelaith (Escocia) e incluso Haití, si bien la mayor parte de la historia transcurre en la primera, y no me quejo porque la ambientación es excelente, como os comentaba en el párrafo anterior. La atmósfera húmeda y asfixiante, con ese denso olor a vegetación en el aire, los elegantes pañuelos para secar el sudor, los trajes de lino y los vestidos floreados de las mujeres… todo configura una especie de universo alternativo de sorprendente encanto.

El tema de los personajes merecería casi una reseña entera aparte, dada la enorme variedad que aparece en la novela. Sin embargo, como es lógico, me centraré en algunos de los más representativos, entre ellos los dos protagonistas: Rowan y Michael, así como Julien, Anton y, por supuesto, El Impulsor.

Rowan Mayfair es uno de los personajes más insoportables con los que me he topado en las novelas de Anne Rice. Fría, calculadora, dotada de una inteligencia sorprendente pero, aun así, capaz de tomar las decisiones más absurdas. Como su apellido indica, forma parte de los Mayfair, aunque al principio de la novela ella no tiene ni idea, dado que fue entregada en adopción a otra rama de la familia al poco de nacer, y trasladada a San Francisco, lejos del núcleo familiar en Nueva Orleans. De hecho, aunque es consciente de que posee poderes sobrenaturales que combina con sus conocimientos médicos para salvar vidas en casos casi imposibles, poco imagina que en realidad es una auténtica bruja, heredera de una poderosa dinastíaque se remonta al siglo XVII. Rowan entra en la historia al rescatar a Michael de las aguas del Pacífico y devolverle a la vida, pues en realidad el hombre estaba ya clínicamente muerto.

A diferencia de Rowan, Michael Curry me resultó encantador desde un principio, y si bien sé que en los siguientes libros poco a poco irá perdiendo todos sus puntos positivos ante mis ojos como he mencionado más arriba, en el pasado me leí la trilogía entera, en La hora de las brujas apenas somos testigos de ningún defecto, más allá del alcoholismo. Y en realidad, incluso este problema no es más que la consecuencia directa del don sobrenatural que obtiene tras su experiencia cercana a la muerte: un poder que le permite “leer” la historia de todo aquello que toca, sean personas (adentrándose en sus emociones, recuerdos y experiencias) u objetos (viendo por ejemplo quién lo tocó por última vez). La sensación es tan insoportable que acaba poniéndose guantes, y es esa angustia la que le empuja al mencionado alcoholismo. Por lo demás, es un hombre inteligente y tierno, con los toques rústicos suficientes para no resultar demasiado perfecto.

Julien y Anton, a su manera, representan al caballero elegante por excelencia, uno en la versión sureña americana (Julien), algo extravagante y excesiva, y el otro en la del lord inglés anticuado y encantador (Anton). Claro que de personalidad no tienen nada que ver, ni tampoco en su papel en la obra: Julien es un Mayfair y para colmo, brujo, posiblemente una excepción en la familia, dado que la mayoría de veces el don se transfirió únicamente a las mujeres. Y Anton, por su parte, es un miembro de Talamasca la organización que investiga a las personas o sucesos sobrenaturales, así que el contraste entre ambos no podría ser mayor en este sentido. Si bien la propia Talamasca está integrada por muchas personas con poderes psíquicos, quizá la diferencia radicaría en cómo utilizan dicho poder, o en el tipo de magia utilizada, que entre los Mayfair tiene, sin duda alguna, tintes oscuros. Eso por no mencionar que Julien es un personaje bastante turbio por su tendencia al incesto y al asesinato, aunque ambas cosas nunca queden demasiado claras.

Por último, El Impulsor es el eje de todo, un personaje magnético donde los haya y un enigma en sí mismo, pues por lo menos en el primer tomo, y no recuerdo demasiado sobre el resto no sabemos si es el espíritu (benigno o maléfico) de un difunto, un demonio o algún tipo de ente sobrenatural no especificado. En cualquier caso, sus deseos de convertirse en humano resultan especialmente conmovedores, el carisma que desprende, su poder, su rabia, su incapacidad pese a todo para decir cosas con sentido (lo cual nos da a pensar que tal vez nunca haya sido humano). Tampoco se sabe demasiado bien si el poder de las brujas Mayfair procede únicamente de él, si ellas no poseen magia en sí mismas y tan solo se valen de este espíritu para provocar tormentas y en general controlar las fuerzas de la naturaleza según les conviene. Aunque teniendo en cuenta el poder de ciertos personajes Rowan sobre todo creo yo que esta teoría queda desacreditada.

El resto de personajes, en su mayoría miembros de la familia Mayfair, son demasiados como para dedicarles el tiempo que merecen. De hecho, muchas partes del libro son un mini compendio de sus vidas y vamos sabiendo a retazos quiénes fueron las supuestas herederas de la esmeralda y el Impulsor en cada generación. Como podéis imaginar, si la dinastía se remonta al siglo XVII, se menciona a muchísima gente; no olvidemos que el libro tiene más de mil páginas, y una gran parte son extractos de la historia de los Mayfair recopilada por Talamasca. Solo por este detalle, bajo mi punto de vista, ya merece la pena leer el libro, pues los personajes recreados por Anne Rice son siempre magníficos: seres vibrantes de carne y hueso que se salen de las páginas del libro, llenos de ricos matices y descripciones exquisitas que os harán soñar y trasladaros a otros lugares y épocas.

En lo que respecta a la historia en sí misma, quizá al final resulta un poco breve y lenta, en el sentido de que el libro se centra más en toda la historia de los Mayfair que en los protagonistas específicos en el momento presente, con lo cual la acción no avanza en exceso y el ritmo es bastante pausado. No obstante, es comprensible por qué la autora hace esto y no me molestó en exceso. De hecho, la historia se pone un poco más en marcha en los dos siguientes y precisamente me gustaron menos… Y por otro lado, considero que todo la parte en la que se presenta a la dinastía, como he dejado caer antes, es de lo mejor del libro.

Creo que ya he hablado suficiente, y no deberían faltaros motivos para darle una oportunidad a esta sorprendente obra de la grandísima Anne Rice, sobre todo si sois más fan de la temática “brujil” que de los vampiros.

Cierro la reseña con una nota agridulce, dejándoos con una frase del libro que me llamó la atención, citada por el maravilloso Julien, uno de los personajes que he analizado:

“A alguna gente no le gusta vivir. Simplemente no soporta la vida, la sufren como si fuera una enfermedad terrible”.

Mi nota final es un 8 sobre 10 y recomiendo esta novela a los amantes de la fantasía de tintes oscuros, el misterio y el erotismo.

Por último, comentaros que podéis leer GRATIS un fragmento inicial de la obra haciendo click en este enlace.

 

¿Alguien ha leído esta o alguna de las obras de Anne Rice? ¿Qué os parecen los mundos y criaturas que surgen de su mente? Ya sabéis que espero vuestros comentarios, así como un click al Like si os ha gustado esta reseña 🙂

 

 

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