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En uno de mis paseos caza-libros por el Fnac, vi esta novela en la sección de novedades, y el título de la autora me llamó la atención, pues estaba segura de haber leído algo suyo recientemente, y no me equivocaba. Antes de contaros más al respecto, veamos primero la portada (cuya versión española no me gusta nada) y el argumento:


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Cuando Isa recibe un mensaje en plena madrugada que dice «os necesito», comprende enseguida que el pasado ha vuelto para ajustar cuentas. Pese a que ha hecho lo indecible por olvidar aquel episodio oscuro que marcó su adolescencia, su fidelidad a Kate se antepone a todos sus temores. Así que no duda un instante en tomar el primer tren desde Londres hasta el pueblo costero de Salten, donde la marea baja acaba de dejar al descubierto los restos de un cadáver.

Al mismo lugar acudirán Fatima y Thea, las otras dos chicas de aquel cuarteto tan especial que en el internado formaban una piña, una unión que culminó en una promesa solemne. Aficionadas al peligroso juego de las mentiras y a saltarse las normas del colegio, sus caminos se separaron de forma abrupta y dramática. Ahora, este reencuentro súbito las obliga a revisar sus recuerdos y a compartir sus secretos sobre el episodio que cambió sus vidas, aunque con ello afloren unas cuantas verdades para las que quizá no estén preparadas.


Este ya es el tercer libro que leo de Ruth Ware: en el pasado leí En un bosque muy oscuro y después, La mujer del camarote 10 (cuya reseña podéis leer AQUÍ) y lo cierto es que me esperaba más de esta tercera novela, sobre todo después de lo mucho que me gustó la última. Sin embargo, me temo que Juego de mentiras vuelve a retomar el nivel de En un bosque muy oscuro, y nos deja con una historia de lo más absurda e inverosímil, eso por no mencionar el desenlace.

Ya tuve mis reticencias a la hora de leérmela, incluso una vez supe quién era Ruth Ware, pues el argumento no me convencía, sobre todo ese detalle de que tantos años después, una mujer fuera capaz de dejarlo todo para acudir al rescate de una amiga del pasado por un simple mensaje de texto con las palabras “Os necesito”. Me recordaba de forma peligrosa a la serie televisiva (basada asimismo en una colección de novelas) que en España se tradujo como Pequeñas mentirosas. ¿Que por qué digo peligrosa…? Pues porque es de las series más absurdas, demenciales e inverosímiles que he tenido el “placer” de tragarme por completo, las 7 temporadas, y aún hoy no sé cómo lo hice. Si bien la serie de la que os hablo no tiene lugar en un internado ni sucede en un pueblo costero, el libro tiene en común con ella otros muchos factores: grupito de adolescentes que mantienen una amistad dependiente en exceso, actitud de superioridad respecto al resto de compañeras (cercana al bullying), y sobre todo, el terrible secreto que sumirá sus vidas en una espiral de mentiras.

El mayor defecto que veo a los libros de Ruth Ware es la falta de verosimilitud. Incluso aunque en su momento hice una reseña positiva de La mujer del camarote 10, debo reconocer que también tenía puntos difíciles de creer. Sin embargo, en ese caso lo compensaba con lo interesante del escenario y sobre todo, de la historia.

Por desgracia, en Juego de mentiras no sucede lo mismo, por mucho que me guste la ambientación. La historia no es lo bastante llamativa ni original, y las relaciones entre personajes se me antojaron forzadas e irreales, ya no solo entre las cuatro amigas, sino muy especialmente entre la protagonista y su pareja, Owen, que asimismo es el padre de su hija de pocos meses.

Ya que menciono al personaje principal, Isa, deciros que es de lo más insoportable, y ya no solo por su obsesión patológica con su bebé, que os dará ganas de no tener hijos en la vida (si es que no los tenéis ya). El libro parece más un manual de lactancia que una auténtica novela, y no exagero: no sé cuántas veces debe de describírsenos cómo Isa le da el pecho, las veces que la niña llora, sus grititos de sorpresa y el condenado pañuelo de muselina con el que está constantemente secándole las babas o lo que sea. Entiendo que se tenga que mencionar al bebé, pero llega un punto en que se vuelve exagerado e innecesario. Ojalá fuera este el único detalle cansino de Isa, pero no: más que una madre de treinta y pico de años, parece una niñata malcriada, una auténtica mocosa que se ha quedado varada en la edad mental que tenía al conocer a sus “queridas” amigas.

Su pareja, Owen, resulta aún menos creíble. En un principio, cuando Isa le suelta como si tal cosa que se va de golpe y porrazo a pasar varios días a casa de una amiga a la que no ve desde hace años, el hombre se lo toma como si le hubiera dicho que se va media hora a tomar un café. Ante nuestros ojos, pues, queda retratado como el clásico novio pasota, que tanto le da lo que le digamos porque no va a ponerse a investigar lo que hacemos ni con quién vamos. Sin embargo, un poco más adelante en la historia, se nos da a entender que es un tipo de lo más celoso y controlador, o así es como lo describe la protagonista, lo cual choca de forma muy violenta con lo que se nos había mostrado en un principio. Pero esta contradicción no es el único problema que presenta el personaje, veámoslo con más detalle.

Para empezar, la primera conducta no resulta en absoluto creíble: ningún padre animaría a su pareja a largarse los días que quiera sin preocuparse cuando la niña aún es un bebé de pecho… especialmente viendo que la madre ha tomado la decisión en un arrebato, y que él ni siquiera conoce a la amiga que se dispone a visitar. Y en segundo lugar, solo en el momento en que ella lo describe como un celoso patológico es cuando el hombre muestra por fin la conducta más lógica de una pareja que, además, es el padre de tu hija. Solo con esto ya vemos que los personajes muestran graves incoherencias, con lo cual la parte psicológica de la novela se tambalea en sus cimientos ya de entrada, y eso no presagia nada bueno.

Si la cosa se hubiera quedado aquí, la novela aún tendría un pase, pero es que las relaciones entre las cuatro amigas protagonistas son aún más inverosímiles y estúpidas. Cuando empezamos a leer la novela, pensamos que las cuatro llegaron a ser amigas durante años, y que todavía mantienen un mínimo contacto en el presente… Cuál fue mi sorpresa al comprender que apenas se relacionaron durante unos nueve meses, de hecho ni siquiera eso, pues su contacto se vio interrumpido antes de finalizar el curso escolar… por circunstancias que prefiero descubráis por vosotros mismos si os da por leer la novela. Lo más demencial es que cuando Isa recibe el mensaje de Kate, han pasado unos dieciocho años… ¡durante los cuales las cuatro amigas apenas han vuelto a dirigirse la palabra! Por no mencionar que, si mal no recuerdo, solo volvieron a verse en una ocasión, asimismo no sé cuántos años atrás.

Mi pregunta es: ¿vosotros lo dejaríais todo y saldríais corriendo por un mensaje de alguien que conocisteis hace dieciocho años, por muchas cosas que vivierais en ese momento? Para colmo, Kate ha cambiado de número de teléfono (como es lógico tras tantísimos años) y la protagonista simplemente “deduce” que es ella por el contenido del texto (dos simples palabras: “Os necesito”).

La cosa es tan tremendamente ridícula que, de haberme percatado de este detalle, habría dejado de leer el libro ipso facto, y me habría ahorrado perder el tiempo durante no sé cuántos días. Si por lo menos la autora hubiera sabido describir cómo es el contacto entre personas que ni siquiera han hablado durante casi veinte años, la novela habría sido un poco más creíble, pero no: Ruth Ware continúa con su absoluta falta de verosimilitud, y nos describe a las protagonistas relacionándose con tanta naturalidad como si se hubieran visto el día anterior.

Luego ya tenemos al personaje “estrella” de la historia, el hermanastro de Kate… Un chico que se comporta de forma contradictoria a lo largo de todo el libro, tan rematadamente mal caracterizado que parece que sean cinco personas en una sola. Sus acciones, su forma de comportarse, sus cambios bruscos de humor… nada tiene sentido, y por desgracia, solo nos daremos cuenta al terminar el libro y tener toda la información, porque ese es otro de los clásicos de Ruth Ware: ir desvelando detalles a cuentagotas, bajo mi punto de vista para evitar que muchos lectores salgan huyendo antes de haberse leído siquiera un cuarto de la novela. No puedo especificaros por qué resulta tan contradictorio sin haceros spoilers graves, así que lo dejaré aquí… pero hacedme caso: el personaje está cogido por los pelos.

En resumen: una serie de disparates, uno tras otro, y apenas he comenzado a describirlos. Pero no continuaré aburriéndoos con mis quejas al respecto, pues creo que la idea ya ha quedado clara.

Si pese a mi valoración negativa, os apetece echarle un vistazo al primer capítulo, aquí os dejo un enlace donde podéis leerlo:

PRIMER CAPÍTULO JUEGO DE MENTIRAS

Mi nota final es un 6 sobre 10, y aún creo que estoy siendo generosa. Es probable que, a medida que pasen los meses, mi concepción de la novela siga cayendo en picado, y francamente, teniendo en cuenta que solo me ha gustado una de las tres obras de Ruth Ware que he leído hasta la fecha… dudo bastante que vuelva a perder el tiempo con la siguiente que publique.

 

¿Y vosotros, habéis leído Juego de mentiras, o alguna otra de las obras de esta escritora? ¿Pensáis que he sido demasiado dura o, por el contrario, compartís mi visión al respecto?

Como siempre, estaré encantada si le dais al Like, y no dudéis en dejar un comentario si tenéis preguntas u opiniones que deséis compartir conmigo 🙂

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