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En cuanto vi que Mikel Santiago  había publicado nuevo libro, me ilusioné mucho, pues desde hace un tiempo, está entre mis autores de thriller favoritos. Sin embargo, me he quedado con un palmo de narices al leer esta novela… ¿Queréis saber por qué? ¡Solo tenéis que seguir leyendo!


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Una isla perdida en el mar del Norte.

El temporal se cierne sobre St. Kilda y casi todos han huido en el último ferry. No quedan en la isla más de cincuenta personas, entre ellos Carmen, una mujer española que trabaja en el pequeño hotel local, y un puñado de pescadores. Serán ellos quienes encuentren un misterioso contenedor metálico junto a los acantilados.

Una extraña caja traída por las olas.

A través de unos personajes llenos de matices y secretos, atrapados en el corazón de la tormenta, Mikel Santiago nos plantea la pregunta que sobrevuela cada página de la novela…

¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para sobrevivir?


Después de leer El extraño verano de Tom Harvey (cuya reseña podéis leer haciendo click en el título), así como La última noche en Tremore beach y El mal camino (que leí antes de empezar con el blog, con lo cual no hay reseñas por ahora), estaba convencida de que la última novela de Mikel Santiago me encantaría.

La historia pintaba de lo más interesante: una caja misteriosa viaja a bordo de un avión que, sin que llegue a saberse nunca por qué, acaba estrellándose en el Mar del Norte. El accidente deja un único superviviente: Dave Dupree, un soldado del ejército americano que supuestamente debe proteger esa caja con su vida, y asegurarse de destruirla antes de que caiga en malas manos. La cuestión es… ¿por qué? ¿Qué contiene la caja?

Por desgracia, Dave la extravía a raíz del accidente y, terriblemente malherido y desorientado, va a parar a St. Kilda, una extraña isla escocesa cuyos habitantes viven prácticamente aislados del mundo. El ferry que pasa una vez al día y un par de radios son su único contacto con el exterior, y ni siquiera puede contarse con ellos en casos de tormenta, como la que comienza a azotar la isla al poco del naufragio de Dave…

Entre los protagonistas a través de los cuales conoceremos un poco más de St. Kilda y su estilo de vida, tenemos a Carmen, una mujer española que decidió mudarse a la isla para huir de un dramático pasado. Carmen trabaja en el hotel local, propiedad de Amelia Doyle, una anciana de unos setenta años que cada vez sufre más los achaques propios de la edad y quien, tras la prematura muerte de su marido, se vio sola al frente del establecimiento.

Otros personajes destacables son los miembros del clan McGrady, una familia de pescadores cuya moralidad deja mucho que desear; Bram, un artista local de avanzada edad que está interesado en Amelia; Didi, una joven descarada que regenta el café de la isla y Charlie Lomax, un enviado del gobierno de Edimburgo, quien pasa ciertas temporadas a la isla. Su objetivo es investigar la situación de St. Kilda para ver si pueden ofrécersele ayudas económicas, y mantiene un coqueteo inocente con Carmen que, poco a poco, irá convirtiéndose en algo más sólido.

El caso es que, con todos estos ingredientes, pensé que podría ser una novela de lo más interesante. Sin embargo, ya desde un principio, la historia no parece avanzar hacia ninguna parte, y como comentaré después, la acción no se pone en marcha hasta pasada ya la mitad de la obra. Por ello, si bien no puedo decir que la haya odiado, no me ha gustado como esperaba. De hecho, tengo emociones contradictorias al respecto. Os cuento por qué.

Para empezar, me pasé aproximadamente la mitad del libro (incluso un poco más) considerando seriamente abandonarlo y pasar a otro. Y es que no podía soportarlo, así de claro. Los personajes me resultaban repelentes, especialmente Dave Dupree, y la historia, aburrídisima hasta niveles soporíferos. No comprendía quién era el autor que escribía esas líneas y que había hecho con Mikel Santiago. Os juro que si alguien me hubiera dicho que no era él, sino un impostor, me lo habría creído sin problema.

Una de las cosas que más me chirriaron es que, por motivos que se me escapan, el autor utiliza americanismos de forma constante a lo largo de la obra, como si esta fuera una mala traducción del inglés, especialmente cuando habla Dave Dupree, el soldado americano. Expresiones como “tal persona estaba fuera de mi  liga”, “hacer un número dos”, y un montón más que ahora mismo no recuerdo, y que no resultan naturales para nada en español. Solo al ir avanzando en la historia me percaté de que probablemente, era un recurso del autor para denotar que este personaje es norteamericano, pero no tiene demasiado sentido, porque el resto son escoceses y no se expresan de forma diferente, sino que para ellos el autor ha utilizado un castellano “más o menos” normal, aunque el estilo sigue sin convencerme. De hecho, acabo de recordar que en una de las partes de Carmen, el autor incluso deja el vocablo inglés “fog” en versión original: algo totalmente ridículo, pues tiene una traducción literal (niebla) y no es en absoluto uno de esos términos con matices no existentes en español (el único caso que justificaría dejarlo en inglés). Así que no termino de entender qué pretendía el escritor con todo esto, más allá de resultar pedante.

Pasando a la estructura de la novela, la historia se divide en muchas partes (excesivas para mi gusto) y nos viene narrada desde distintos puntos de vista, básicamente dos: Dave y Carmen. No obstante, estos no son coherentes, ya que Dave narra en primera persona, pero para Carmen se utiliza la tercera, lo cual no deja de resultar extraño y confuso.

Asimismo, encontraremos varios capítulos en los que el punto de vista nos lo muestran otros tres o cuatro personajes aislados, que no aportan casi nada a la historia, y que, bajo mi punto de vista, deberían haberse suprimido en la corrección final. Confieso que sentí peligrosas tentaciones de saltármelos, de lo tremendamente aburridos que eran.

A este respecto, las partes de Dave sí aportan contenido a la historia en su mayoría, pero de nuevo, podrían haberse recortado mucho, sobre todo en la primera mitad de la novela, cuando se componen en su mayoría de fantasías, sueños y absurdas digresiones, cuyo único fin parece ser aburrir mortalmente al lector. Tal vez el interés del autor era desarrollar mucho la parte psicológica de la obra, pero una novela debe tener más diálogo y contenido para ser considerada como tal: no puede limitarse a un mero análisis psicólogico de los personajes.

Pero bueno, me dejo ya de comentarios negativos, puesto un poco después de la mitad de la obra cuando mi Kindle marcaba que iba ya por el 60%, y tened presente que hasta ese punto aún consideraba abandonar, la cosa da por fin un giro de 180 grados. A partir de ese punto, la novela se transforma y se vuelve de lo más intrigante. Confieso que me ha tenido enganchada un par de días hasta terminarla, y he disfrutado bastante con esta segunda mitad. Parece como si el autor se hubiera inyectado un chute de adrenalina: de golpe, todo fluye, los personajes se dejan de rollos para pasar un poco más a la acción, y la historia comienza por fin a dibujarse con más claridad.

Es en esta parte sobre todo cuando también entra en escena el contenido fantasioso de la historia. Me recordó a una de esas películas de pueblos aislados medio sectarios, donde de repente todo el mundo parece volverse loco, y la atmósfera se vuelve densa y oscura, con el aroma de la conspiración y el peligro flotando en el aire… Definitivamente, en esta parte la novela gana muchísimos puntos, y por un momento pensé que compensaba por la falta de interés en la primera parte.

Por desgracia, en el desenlace la calidad de la novela vuelve a sufrir una brusca caída. Parece como si el escritor se hubiera cansado por la energía gastada en su arrebato creativo de las últimas páginas, y ya no le quedaran fuerzas para ofrecer al lector un final como Dios manda. Las cosas se resuelven de forma precipitada y opaca, un poco “deprisa y corriendo”. Si esto fuera una película, diría que se han quedado sin presupuesto, ni más ni menos. Lo cierto es que me ha resultado muy decepcionante, y desde luego, no compensa las partes buenas de la segunda parte. Y a propósito, pensé que en algún punto de la novela comprendería el porqué del título, pero ahora que la he terminado, ando tan perdida como al principio.

¿Conclusión? Preferiría no haberla leído, e incluso con lo mucho que me gustaron los otros libros de Mikel Santiago, me lo voy a pensar mucho antes de leerme el siguiente. Como mínimo, lo hojearé bastante antes de hacerme con él, para distinguir de antemano si hay monólogos eternos (como los de Dave Dupree) o un lenguaje sembrado de barbarismos.

Como nota final le doy un 6 sobre 10, y os lo recomiendo únicamente si os gustan las historias muy lentas de misterio sobrenatural, en las que se da mucha importancia a la psicología de los personajes. Crucial que no os moleste soportar parrafadas de monólogos interiores plagados de desvaríos.

 

¿Y vosotros, sois fans de Mikel Santiago? ¿Tal vez, como yo, habéis sufrido una decepción con La isla de las últimas voces? Si es así, no dudéis en dejarme un comentario, y por favor dadle al Like si os ha gustado esta reseña.