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Aunque no lo recordaba, ya había leído un libro de Care Santos hace unos años (El mejor lugar del mundo es aquí mismo). Escrito en colaboración de mi amigo escritor Francesc Miralles, me gustó bastante en su momento, si bien se me hizo un poco corto, y también debo reconocer que era un poco prototipo “libro de autoayuda”.

El caso es que andaba yo en busca de mi próxima lectura, cuando me enteré de que la autora acababa de publicar su última novela, y me dije que había llegado el momento de descubrir si de verdad valía la pena seguir leyendo a Care Santos. ¿Quieres saber cuál fue mi veredicto? ¡Solo tienes que seguir leyendo!


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Reina tiene un marido, un exmarido, un amante, un hijo adolescente, un buen sueldo y un trabajo que le apasiona y al que se dedica en cuerpo y alma. A Reina le gusta su vida. Aparentemente lo tiene todo, o por lo menos eso piensa ella. Hasta que, durante uno de sus viajes de trabajo, de repente sucede algo en su casa que cambiará las cosas, y que le demostrará de la peor manera hasta qué punto es vulnerable.

Así es como empieza para Reina un largo camino de regreso a casa, en el que lo peor que tendrá que afrontar no es la extenuante espera en un aeropuerto cerrado por una ola de frío siberiano, sino el vértigo que le provoca revisar su vida en busca de la verdad y tener que enfrentarse a ciertas preguntas incómodas: ¿Cuáles son las personas de verdad imprescindibles en nuestra vida? ¿Qué consecuencias tienen las malas decisiones? ¿Qué seríamos capaces de hacer en las circunstancias más terribles? ¿Conocemos realmente a nuestros hijos? ¿Nos conocemos lo suficiente a nosotros mismos?

Todo el bien y todo el mal es sin duda una de las novelas más ambiciosas y valientes que ha escrito Care Santos, en la que nos muestra la frágil telaraña de nuestras relaciones familiares y personales, y lo complicado que resulta mirarse al espejo.


Ni soy madre ni he estado nunca casada; no obstante, he logrado identificarme con la protagonista en muchos momentos. Por otro lado, si bien esta es una novela lenta e intimista, la he vivido como si de un thriller se tratara, tal era mi interés por saber más y más de su protagonista, Reina, pero sobre todo de su hijo Alberto, y comprender qué motivos pueden haber llevado a un joven de tan solo diecisiete años a intentar suicidarse.

Reina una mujer de más de 50 años y exitosa seleccionadora de personal para empresas de alto standing,  se halla varada en el aeropuerto de Bucarest, esperando el avión que la llevará de regreso a Barcelona. Un avión que no parece ir a despegar jamás, debido al fuerte temporal que sacude gran parte de Europa, y que ha paralizado todos los vuelos en Rumanía. La estancia de la protagonista en el país se debe a uno de los procesos de selección que realiza de forma habitual para una empresa japonesa, y que ha debido abandonar nada más empezar como consecuencia de un problema que ha sacudido los cimientos de su vida entera.

Se trata nada más y nada menos, como comentaba en el párrafo anterior, del intento de suicidio de su único hijo, un adolescente extrovertido, inteligente y, según ella creía hasta la fecha, feliz. De esos que nunca dan problemas, que tienen muchos amigos y que siempre sacan buenas notas. ¿Qué ha podido torcerse tanto en la vida del chico como para querer acabar con su vida? Y, sobre todo, ¿cómo a ella, su propia madre, ha podido pasársele algo así? ¿Cómo no ha sabido identificar las señales de alarma?

Varada en el aeropuerto de Bucarest, Reina reflexionará sobre su vida, en particular sobre las buenas y malas decisiones que la han conducido al momento actual. A su lado, silenciosos, los lectores seremos testigos del violento tornado de pensamientos que sacude su mente, y nos asomaremos a los diferentes episodios de su vida. Estos se nos irán presentando de forma aleatoria, configurando un caleidoscopio de recuerdos: unos más tristes, otros más felices.

Compartiremos su angustia, su frustración. Sentiremos en nuestras propias carnes el desolador vacío, la soledad más absoluta en esos momentos de la vida en los que más se necesita tener a alguien al lado. Viviremos la tristeza que flota entre los aeropuertos de madrugada, la desesperante sensación de no saber lo que va a pasar con un vuelo, si podremos volver a casa o si, por absurdo que suene, nos quedaremos atrapados en ese lugar para siempre, rodeados de desconocidos, sobreviviendo con la repugnante comida a nuestro alcance, incapaces de dormir, de descansar, de pensar de forma coherente. Embargados por una sensación de irrealidad, de no saber quiénes somos ni qué estamos haciendo ahí. Muriendo por regresar a casa y poder abrazar a quienes más queremos.

Y mientras tanto, Reina sigue pensando. Sigue recordando. Implacable, casi enloquecida por la angustia. Llamando y contactando a gente. Recibiendo llamadas e emails constantes. Siendo acosada por la empresa cuyo proceso de selección acaba de abandonar, quien la amenaza con carísimas denuncias por incumplir las condiciones del contrato. Y la batería del móvil se va agotando, y Reina ya no sabe qué hacer, a quién acudir, qué decir, dónde reposar sus huesos exhaustos. Ella solo puede pensar en su hijo, que la necesita, y que está a tantísimos kilómetros…

Todo el bien y todo el mal es uno de esos libros que cuesta dejar. De haber podido, me lo habría leído de un tirón, y es que no solo quieres llegar al final para comprender el porqué de la decisión de Alberto, sino que también quieres ir averiguando más y más de la vida de Reina, cuyas diferentes vivencias se nos van desvelando a cuentagotas y de forma desordenada.

Así, el libro no sigue a simple vista una estructura concreta, sino que mientras aguardamos con la protagonista a que el avión despegue, ella irá recordando sucesos de su vida en orden no cronólogico, y estos se irán alternando con lo que sucede a tiempo real en el aeropuerto. Una sabia decisión pues, al mismo tiempo que nos sentimos ávidos de conocer más detalles de su pasado, la impaciencia nos invade por regresar al presente y saber si esta asombrosa mujer va a poder volver por fin a casa.

En cuanto a los personajes, a lo largo de las páginas de la novela hay un amplio desfile de ellos, todos trazados con pinceladas llenas de matices. Tanto aquellos que solo aparecen en los recuerdos de Reina, como aquellos que forman parte de su presente, se trata de seres rebosantes de vida, lo que se llama “personajes redondos”, puesto que ante nuestros ojos sufren una evolución tan lógica y realista como si se tratara de personas de carne y hueso.

Un comentario aleatorio sobre la obra: el hecho de que la protagonista sea de Barcelona me encantó, puesto que al proceder de la misma ciudad (y para colmo, el mismo barrio) reconocí todos los lugares que se mencionan y leí cómo se describían con particular deleite. Siempre es un placer leer sobre la propia ciudad, pues se crea un vínculo muy especial con el autor y sus personajes.

Para mi sorpresa, el desenlace me resultó muy decepcionante, pues deja muchísimos cabos sueltos, pero poco después me enteré de que este libro es la primera parte de una biología. No podría estar más contenta al respecto, puesto que lejos de apaciguar mi ansia, Todo el bien y todo el mal me dejó con una sed terrible por conocer todos los detalles del pasado, presente y futuro inmediato de Reina. ¡Solo espero que la segunda parte se encargue de calmarla!

Le doy a la obra un 9 sobre 10 y os la recomiendo si tenéis interés por la novela intimista, así como por las protagonistas femeninas llenas de fuerza… o si, simplemente, queréis descubrir a Care Santos, una autora maravillosa. De hecho, en el momento que escribo estas líneas, me hallo leyendo otra de sus obras, Habitaciones cerradas, que también os recomiendo encarecidamente 🙂

 

¿Qué os ha aparecido el tema central de esta novela? ¿Alguna vez os habéis quedado atrapados en un aeropuerto? ¿Conocéis la obra de Care Santos, sea por esta novela u alguna otra?

Ya sabéis dónde hacer click si os ha gustado esta reseña, y por favor, no dudéis en publicar un comentario si deseáis responder a las preguntas que os dejo aquí encima o comentarme cualquier otro aspecto 🙂