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No recuerdo por qué quise leerme este libro, dado que no soy nada aficionada a los temas esotéricos/espirituales, muy especialmente cuando tienen que ver con gemología.  Aun así, como me interesan las historias que tratan sobre sentimientos y las decisiones de la vida, me animé a leerla. Antes de contaros mis impresiones, como siempre empiezo por dejaros aquí debajo la portada y el argumento:


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«Sigue las piedras, solo ellas regalan la felicidad.»

Luna es una niña cuando su abuelo, un cazador de gemas, le dice estas palabras. El ágata infunde valor, la aguamarina brinda alegría y el jade infunde paz y sabiduría, le dice, y la niña está segura de que rigen su destino. Pero ahora Luna tiene veintinueve años y ha dejado de creer que las piedras puedan ayudar a las personas. Ya no consigue oír su voz: para ella solo son guijarros de colores que vende en la tienda de la familia, mientras el abuelo va por el mundo buscando gemas.

El corazón de Luna aún está marcado por la desilusión. Se había fiado de Leonardo, de aquel chico de dieciséis años que le hablaba de sentimientos. Leonardo, que una noche, muchos años atrás, la abandonó sin una explicación. Hoy, Leonardo ha regresado inesperadamente a su vida, dispuesto a darle todas las respuestas que nunca le ha dado, y que ella ya no quiere escuchar…

El lenguaje oculto de las piedras es una novela emocionante acerca de las elecciones que la vida nos pone delante, y sobre el valor de desafiarlas para perseguir nuestros auténticos deseos.


Al comenzar esta novela, admito que no estaba demasiado convencida. Como ya he dicho más arriba, todos estos temas esotéricos no son lo mío: no siento un especial interés por las piedras o cristales, ni pienso que contengan ningún tipo de propiedad. En general podría decirse que soy alérgica a las pseudociencias de cualquier tipo, muy especialmente a las de tipo new age o cualquier otra chorrada sobre energías y fuerzas de la naturaleza.

Pese a esto, la historia me fue atrapando poco a poco, y al final no puedo decir que me sintiera decepcionada, pues como también he dicho más arriba,  bajo mi punto de vista el rollo de la gemología es el “envoltorio” utilizado para adornar una narración más profunda, cuyo tema central es el amor y el destino.

En El lenguaje oculto de las piedras se nos cuenta la historia de Luna, una mujer cerca de la treintena que vive una vida tranquila y sencilla: mismo novio, misma casa y mismo empleo desde hace unos trece años. Si bien trabaja en el negocio familiar en el departamento de facturación de una tienda de piedras preciosas, no cree en ellas ni en sus propiedades mágicas, para la decepción de su abuelo Pietro, un intrépido gemólogo que ha viajado a lo largo y ancho del mundo, explorando en busca de gemas y viviendo múltiples aventuras.

Sin embargo, las cosas no siempre fueron así. Hasta los dieciséis años, Luna era una persona completamente distinta. Estaba llena de curiosidad y de sed de aventuras, creía o, mejor dicho, “sentía” las piedras, y su mayor sueño era recorrer el mundo en busca de ellas, emulando así a la persona más importante, el súperheroe de su vida: su querido abuelo. Y es que hay una gran diferencia entre la Luna que era entonces y la Luna del presente… Antes, esta joven italiana contaba con la presencia de Leonardo, su mejor amigo desde que ambos tenían cinco años, un niño que en los primeros días de su relación fue casi como un hermano para ella, que compartía sus días y sus noches en compañía de su abuelo, siempre en busca de aventuras y juegos. Un niño que, al ir creciendo, pasó de ser su mejor amigo a convertirse en el chico de sus sueños.

«Mis dos diamantes», los llamaba Pietro, pues como este mineral, eran fuertes y duros, y en su interior brillaba un poderoso fuego que los hacía invencibles cuando estaban juntos.

A la vez, no obstante, esta fuerza era al mismo tiempo su perdición, pues eran los únicos capaces de hacerse daño el uno al otro: solo un diamante puede romper a otro diamante. Y esto fue precisamente lo que ocurrió cuando, un buen día, Leo desapareció de la vida de Luna y de su familia sin dejar rastro … y sin dar ninguna explicación.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué circunstancias rodearon la partida de Leo, traumatizando a Luna de tal modo que su personalidad se transformó por completo? ¿Qué la abocó a rechazar sus sueños y todo aquello en lo que creía, abandonando una vida de viajes y aventuras, para conformarse con la calma y la seguridad de una rutina carente de emociones entre las cuatro paredes de una oficina?

En una estructura que combina dos tiempos, presente y pasado, la novela irá dando respuesta a estas preguntas, por lo menos en su primera parte, puesto que en la segunda ya nos centraremos únicamente en el presente. Al estar el relato tan ordenado, no resulta confuso en absoluto; no es como otros libros en los que se mezclan los años de forma desigual y uno se acaba haciendo un lío con las fechas. Lo único que os probable que os ocurra es que os desesperéis en vuestras ansias de conocer qué ocurrió en el pasado de la protagonista, cuál fue el punto de inflexión que transformó su vida para siempre y la definió como mujer.

Así pues, esta es una novela tal vez no demasiado memorable ni original el tema de fondo es de lo más manido, y para mi gusto se abusa del sentimentalismo, pero resulta adictiva, y uno solo desea seguir leyendo para descubrir lo que ocurrirá al final. Aun así, no os sorprenderá demasiado el desenlace, puesto que otro de los defectos de la obra es su excesiva predictibilidad. También me da rabia que hay situaciones que resultan de lo más absurdas y poco creíbles, pero uno solo se da cuenta una vez terminada la novela, ya que durante la lectura, al no tener todavía una perspectiva global de lo sucedido, no somos conscientes de ello. Y si bien mientras iba avanzando me gustaba el relato y me parecía que todo mantenía una cierta coherencia, al haberlo terminado y poder juzgarlo todo con más frialdad, me doy cuenta de que hay un montón de situaciones que no son más que una sarta de disparates.

Por otro lado, ha habido algo que me ha atraído y disgustado a partes iguales. En la obra, un poco al estilo de Cumbres borrascosas con la relación entre Catherine y Heathcliff, se recurre a la visión del amor romántico como ese que te hace sufrir, y se rechaza la imagen del príncipe azul que nos pone las cosas fáciles y cuida de nosotros. Por decirlo así, en el libro se da a entender como, por desgracia, en tantos otros cuentos, novelas, películas y series que las personas que no nos hacen llorar, que siempre están ahí para nosotros y nos ofrecen una vida de bienestar y seguridad, no resultan interesantes ni son realmente quienes pueden sacar lo mejor de nosotros. Vaya, que no representan el amor de verdad, pues este solo puede ser fuego y locura, pasión desbordante, lágrimas y drama. Una especie de arma de doble filo, que tanto puede remontarnos a lo más alto del cielo como hundirnos en los abismos de la desesperación. Así, el amor es real en tanto en cuanto puede destruirnos.

No voy a ser hipócrita: yo misma comparto (o compartía) esta visión, y soy romántica como la que más. De hecho, la mencionada Cumbres borrascosas es una de mis historias de amor preferidas. Ahora bien, ¿está bien seguir perpetuando esta visión del amor como algo potencialmente destructivo? ¿Y que solo aquel hombre que nos catapulta a una vida de sobresaltos, aquel que nos regala al mismo tiempo infierno y paraíso y que pone en peligro nuestra salud mental… es el único que realmente puede hacernos feliz?

He ahí el eterno dilema. Es por ello que la novela se me ha hecho agridulce, aunque admito haberla disfrutado por mi propio convencimiento de que las relaciones tóxicas son adictivas. Lo cual no quiere decir que sean recomendables ni sanas. Y me parece que a medida que una crece, se da cuenta de que al final, el chico bueno que no nos hace sufrir eclipsa de largo al que nos tiene siempre con el alma en vilo. Porque por supuesto, aquí el verdadero amor aparece encarnado bajo la apariencia de un hombre frío e impenetrable. El dulce, el cariñoso, el que no tiene dificultades en reconocer su amor por nosotros… bah, ese no interesa, al menos desde el punto de vista de la novela. Y que se siga potenciando esta imagen enfermiza del amor me cabrea y entristece a partes iguales.

Dejando los temas serios de lado, me gustaría citar algunas frases que me han hecho gracia de la novela, y es que uno de sus aspectos positivos es que está escrita con bastante sentido del humor:

«Una carcelera vestida de enfermera vigila la entrada ofreciendo alguna información apática al que tenga la audacia de acercarse al mostrador a preguntarle algo.»

«Nos quedamos tensos e incómodos en aquella posición forzada en los casi cincuenta años que mi madre tardó en sacar aquella maldita fotografía.»

Al mismo tiempo, hubo otra frase (que se repite en varias ocasiones a lo largo del libro, reformulada de distintas maneras) que me agitó todo por dentro, aunque me apenó que se quedara en un pensamiento, y que la protagonista no llegara a decirla nunca en voz alta:

«Eres fuego y eres roca, eres el sendero que me lleva a casa. Eres un león, eres un guerrero, eres un pirata, eres el único capaz de transformar mi vida en una gran aventura. Eres lo mejor que me ha pasado. Eres el único amigo que querría tener nunca.»

Otro aspecto positivo o digamos original sobre El lenguaje oculto de las piedras es que, precisamente, cada capítulo se titula como una de ellas, seguido por una breve descripción de sus propiedades. Aunque también es cierto que al final se acaba haciendo un poco pesado, y a mí me pareció como si muchas de ellas sirvieran casi para lo mismo. Claro que ahí ya entra mi propia opinión sobre las ciencias de esta clase, que os he dado al principio de la reseña.

Pasando al tema de los personajes, son bastante arquetípicos, planos por así decirlo, pues incluso la evolución que sufren algunos de ellos (sobre todo Luna y su madre, Ambra), son tan predecibles que ya forman parte, creo yo, del propio paradigma al que representan: la chica decepcionada de la vida que ha dejado de creer en todo, la mujer despechada que lleva años rechazando el amor, el chico guapo y rebelde del instituto que podría tener a todas pero se fija en la chica del montón/poco popular, el buenazo bonachón y leal, pero aburrido (un poco pagafantas, la verdad), el familiar (en este caso el abuelo) lleno de sabiduría y consejos vitales para todas y cada una de las situaciones…

Respecto a este último, si bien es un personaje bastante adorable, se hace cansino a la larga, y muchas de sus acciones son de lo más inverosímiles. Aun así, supongo que hay que cerrar el pico y otorgarle ciertas licencias a las novelas de este tipo que, sin ser de autoayuda, lo recuerdan por sus momentos sentimentaloides, en ocasiones algo infantiles e incluso cursis.

Hago un comentario antes de terminar con la reseña, y que por supuesto está basado en mi propio punto de vista, pero considero que si se hubieran desarrollado un poco más las etapas de la historia (sobre todo aquellas que tienen lugar en la segunda parte), la novela habría ganado muchos puntos. Aun así, no hay que olvidar que asimismo contiene una gran cantidad de situaciones sin pies ni cabeza, que no se sostienen por ningún lado, pero como os comentaba antes, esto resulta mucho más evidente solo al haber terminado la lectura.

Como nota final, le doy a esta novela un 6 sobre 10. Iba a darle un 7 en un primer momento, pero creo que no está a la altura de otras a las que les he dado dicha puntuación, y dudo que me vaya a acordar mucho de ella de aquí a unos meses. Además, no la recomiendo a todos los públicos, sobre todo si sois personas escépticas y no demasiado amigas de las emociones facilonas.

Aun así, si os interesa el mundo de la gemología, o simplemente tenéis ganas de una lectura fresca y romántica si bien llena de tópicos que engancha y se lee con facilidad, El lenguaje de las piedras os hará pasar un rato entretenido. Solo olvidaos de racionalizarlo todo y no busquéis más donde no lo hay, pues pese a las ínfulas que gasta, esta no es una novela profunda ni demasiado seria.

 

¿Alguien ha leído esta obra o Cumbres borrascosas? ¿Compartís la visión del amor que comentaba más arriba o, por el contrario, sois alérgicos al romanticismo y al exceso de drama?

¡Espero vuestros comentarios! Y por supuesto, os agradeceré que le deis a la estrellita aquí debajo si os ha gustado esta reseña 🙂