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No recuerdo muy bien de dónde saqué la idea de leerme este libro, solo sé que al ver la reseña por alguna parte, me sedujo su título y la descripción. Siempre me ha atraído el ambiente entre chispeante y eufórico de los años 20, así que me dije… ¿por qué no?

Antes de empezar y ver si os convenzo de leerla también a vosotros, echémosle un vistazo a la portada, sosísima para mi gusto (he puesto la versión menos común, pues la otra es aún peor, con lo bonita que podría haber sido…) y el argumento:


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Una apasionante historia de amor, traición y secretos familiares entre los alegres e intelectuales salones parisinos de los «felices años veinte» y el austero Aragón rural de la época.

Cariñena, 1927. A la muerte de su padre, víctima de un misterioso accidente, Rodolfo Montero debe regresar de París y tomar las riendas de los negocios vinícolas familiares. Le acompaña su joven y bonita esposa, Solange, a quien conoció en la capital francesa.

El ambiente parisino, vibrante y bohemio, frecuentado por artistas y escritores, ha supuesto para Rodolfo una experiencia única y una época dulce sembrada de cálidas emociones. En tierras aragonesas, sin embargo, el frío arrecia y se cuela por las ventanas de la Casa de la Loma, la mansión de los Montero que ahora se revela ante los ojos de la feliz pareja como un caserón inhóspito que deben compartir con Dionisio, el hermano de Rodolfo.

Por si eso fuera poco, la empresa se encuentra casi en la ruina, las viejas rencillas del pueblo resurgen con fuerza y las habladurías sobre la bella joven francesa no se hacen esperar.

Abrumada por los cambios e incapaz de adaptarse a su nueva vida, Solange empieza a sentir una peligrosa simpatía por su cuñado, un hombre atormentado que necesita desesperadamente algo que le devuelva las ganas de vivir. Mientras, Rodolfo, pendiente de los negocios e intranquilo por ciertos secretos del pasado que se empeñan en regresar, no cae en la cuenta de que el amor, como las vides, debe cuidarse para que perdure.


He disfrutado leyendo mucho este libro, y ha sido un grato placer descubrir a Carmen Santos, tanto que ya estoy en vías de hacerme con toda su bibliografía. Además, la primera parte de la obra me recuerda mucho a una de mis películas preferidas, Midnight in Paris.

Ya que saco el tema, creo que sería una maravilla si alguien decidiera adaptar esta novela al cine. Tiene todos los ingredientes para convertirse en un blockbuster: pasión, infidelidades, secretos familiares, tragedias… todo ello enmarcado en la fascinante atmósfera de dos mundos muy opuestos: el del París efervescente en la demencial década de los 20 y el de la España profunda, mucho más contenida, en la misma época. Flappers y crápulas libertinos por un lado, santurronas y campesinos por el otro. Al principio, la novela os hará vibrar, adentrándoos en un mundo de alcohol y desenfreno: casi podréis oír el charlestón y el burbujeo de los cócteles, así como distinguir la silueta de bohemios personajes y estilizadas mujeres en cafés llenos de humo o clubs nocturnos, donde os cegará el brillo de los collares de perlas y las nacaradas medias de seda… Un poco más tarde, el éxtasis parisino sufrirá una brusca interrupción cuando la historia nos arranque de ese París dorado, catapultándonos al frío y la desolación del Aragón rural, donde aprenderemos a apreciar otra clase de belleza: aquella atrapada en la calma de los viñedos, el aroma añejo del vino y la soledad del campo.

Uno de los aspectos positivos de Un jardín entre viñedos es la riqueza del lenguaje, cosa que solo suele pasarme al leer libros escritos originalmente en castellano. Me he encontrado buscando un montón de palabras en el diccionario, y me ha hecho gracia descubrir algunos giros propios del habla aragonesa. En todo caso, es un auténtico placer dejarse atrapar por el dominio del español que muestra la autora.

Otro aspecto muy interesante es la cantidad de personajes y lugares reales que aparecen. Personajes célebres como Ernest Hemingway, Luis Buñuel, Cole Porter, Josephine Baker o Federico Lorca, entre otros, así como espectáculos parisinos muy conocidos de la época, por ejemplo el Folies Berger. También se hace mención a personajes del mundo político: Primo de Rivera, el rey Alfonso XIII…

El libro presenta una estructura en orden cronológico y está dividido en distintas partes, según la época. Al principio, como os decía, la acción transcurre en París, pero pasado el primer tercio aproximadamente, la historia se mueve ya a Cariñena, un municipio de la provincia de Zaragoza, en Aragón. Al parecer, esta localidad es el origen de un tipo de vino muy conocido, pero al ser abstemia y totalmente ignorante en temas de enología, admito que no tenía ni idea. En todo caso, si el tema os interesa, este es vuestro libro.

Los personajes tienen una profundidad psicológica muy interesante, no hubo ninguno que me pareciera menos rico en matices, y eso se agradece, pues la historia gana en verosimilitud y cercanía. Incluso aunque estemos hablando de una época tan lejana (hace casi cien años), me identifiqué con algunos de los personajes y sus emociones.

Sin duda, mis preferidos son Dionisio y después Marcel, de hecho se me hace difícil escoger entre ambos, pues los dos son irresistibles. El primero representa la fortaleza, la autosuperación y, al mismo tiempo, la fragilidad de un alma sensible y torturada; el segundo encarna la superficialidad, la elegancia y una altivez que no le impide mostrar a todas horas un savoir faire encantador. Marcel es un hombre refinado y culto, capaz de desenvolverse con soltura y cortesía en cualquier parte y, al mismo tiempo, un enfant terrible malicioso, con altas dosis de locura y una actitud caprichosa y provocadora.

Por otro lado, aunque al principio no me gustaba nada Solange —por parecerme la típica niña rica carente de encanto—, terminó cayéndome bien gracias a su gran mundo interior, su capacidad para la compasión y su altruismo hacia el prójimo. Eso sí, el protagonista, Rodolfo, me resultó insoportable la mayor parte del tiempo. Un niño tonto y relamido que comete una torpeza detrás de otra, y cuyo único aspecto positivo, por lo menos al principio, parece ser su irresistible atractivo físico.

El único defecto que le veo a la novela es que mueren demasiados personajes, porque vamos, «aquí la palma hasta el apuntador», como decía mi padre. Adaptándolo a los tiempos modernos, podría decirse que la autora tiene complejo de George R.R.Martin (si sois fans de Juego de Tronos, entenderéis por qué lo digo). La verdad es que la sensación que me produjo fue un poco como si llegara un punto en que la escritora no supiera qué hacer con ciertos personajes, de modo que optara por matarlos. Un trágico recurso del cual, bajo mi punto de vista, abusa en exceso. Cierto es que la vida puede ser muy dura y que uno nunca sabe lo que le depara el destino, pero vamos, me parece que al final la novela se pasa de dramática con tanta muerte.

Quitando este punto, el resto del libro me pareció impecable… tal vez excepto el modo en el que se trata la homosexualidad. Pese a no ser el tema central del libro, me habría gustado que la autora explotara más la tensión sexual que se insinúa en algunos momentos entre dos de los personajes, pero que después se queda en el aire una vez terminado del libro. Puede que solo fueran imaginaciones mías, pero algunos pensamientos de cierto personaje heterosexual respecto a otro hombre dan lugar a equívoco, creo yo, y me sentí un poco decepcionada a ver que al final la cosa no se desarrollaba más. Dejo el tema aquí para no destriparos el libro, pero os invito a dejar un comentario si deseáis darme vuestro punto de vista al respecto.

Por si os sirve de ayuda a la hora de decidir si lo leéis, Un jardín entre viñedos me ha recordado bastante al tipo de literatura que escribe Kate Morton, una autora que me dio por leer bastante hace algunos años (os recomiendo sobre todo La casa de Riverton, así como Las horas distantes), aunque para mi gusto, Carmen Santos escribe de forma mucho mas interesante y bella desde un punto de vista lingüístico. Asimismo, su literatura posee un componente erótico del que los libros de la autora australiana carecen, y eso también les hace ganar puntos a mis ojos, puesto que se me hacen más “adultos”. Precisamente, Morton termino cansándome por lo blandas y sosas que se me hacían sus novelas en ocasiones.

También quiero hacer hincapié en que, si bien la cuestión de los vinos y su elaboración se me hizo en ocasiones un tanto aburrida, debo reconocer que la obra no se entretiene más allá de lo necesario en el tema, y al margen de algunos tecnicismos, es perfectamente soportable, incluso si la enología os interesa tan poco como a mí.

Como nota final le doy un 8 sobre 10, y lo recomiendo a todos aquellos que disfruten con las novelas históricas, a los fans de los años veinte, de la crianza de vinos, o simplemente, a todo aquel que desee emocionarse con una historia llena de pasiones prohibidas y sueños frustrados.

 

¿Habéis leído este libro, incluso pese a no interesaros el tema de los vinos… o tal vez, precisamente a causa de ello? ¿Os parece que podría tener una buena adaptación al cine?

Por favor, dadle al Me gusta si habéis disfrutado con esta reseña, y dejarme un comentario si queréis aportar vuestra propia opinión de la obra 🙂

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