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Me leí este libro por primera vez hace mucho, mucho tiempo, me atrevería a decir que hará unos 17 o 18 años si no ando muy equivocada. Me lo prestó una amiga del colegio con quien por aquella época solía intercambiar material de lectura, y recuerdo la absoluta fascinación que sentí al entrar por primera vez en el mundo de Carlos Ruiz Zafón, en su Cementerio de los Libros Olvidados, y mis ganas de devorar la secuela en cuanto salió.

El caso es que, al no recordar lo suficiente como para realizar una reseña en condiciones, opté por leer de nuevo esta maravillosa joya. Antes de explicaros por qué me gusta tanto…  ¿qué os parece si le echamos un ojo a la portada y al argumento?


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Un amanecer de 1945, un muchacho es conducido por su padre a un misterioso lugar oculto en el corazón de la ciudad vieja: el Cementerio de los Libros Olvidados. Allí, Daniel Sempere encuentra un libro maldito que cambia el rumbo de su vida y le arrastra a un laberinto de intrigas y secretos enterrados en el alma oscura de la ciudad. La Sombra del Viento es un misterio literario ambientado en la Barcelona de la primera mitad del siglo xx, desde los últimos esplendores del Modernismo hasta las tinieblas de la posguerra.

Aunando las técnicas del relato de intriga y suspense, la novela histórica y la comedia de costumbres, La Sombra del Viento es sobre todo una trágica historia de amor cuyo eco se proyecta a través del tiempo. Con gran fuerza narrativa, el autor entrelaza tramas y enigmas a modo de muñecas rusas en un inolvidable relato sobre los secretos del corazón y el embrujo de los libros cuya intriga se mantiene hasta la última página.


Pocos libros me han fascinado como este y, definitivamente, ninguno me ha deslumbrado con un uso del castellano como el que gasta nuestro amigo Zafón. Por mucho que me pese, ni en mil vidas de intenso aprendizaje sería capaz de llegarle siquiera a la suela del zapato en materia de escritura, pero me conformo con mi absoluta mediocridad si a cambio puedo regalarme la vista (y el alma) con semejante portento del Español, así, con mayúsculas, porque me da la gana y porque este hombre, bajo mi punto de vista, es un auténtico maestro de las letras.

Después de este rollo patatero como preludio, deciros que La Sombra del viento no cuenta solo la historia de Daniel, su protagonista, sino la de muchos otros personajes. Como si se tratase de muñecas rusas, la obra contiene una historia dentro de otra y de otra, y en ellas nos lleva de la mano a través de la ciudad de Barcelona, entre sombras y humaredas plateadas, bajo lluvias torrenciales con la tonalidad y la espesura del mercurio, o en días de sol tan revitalizantes como escasos.

La trama nos habla de muchos tipos de luchas: la lucha por sobrevivir, por defender un amor que sabemos imposible; la lucha interna para adquirir los arrestos de convertirnos en alguien en la vida, o de enfrentarnos a quien sabemos no tiene razón, incluso aunque esa persona tenga el poder y/o el dinero de su lado. Batallas contra uno mismo, contra otros —sean buenos o malos—, contra la propia familia, la sociedad, contra el impulso a dejarse llevar por lo establecido o lo “fácil”. Cientos de pequeñas y grandes luchas apretujadas entre las páginas de este libro… incluso la nuestra propia, para dejar de lado la novela cuando toca, porque es tan adictiva como la más poderosa de las drogas.

A través de los ojos de Daniel, nos dejaremos fascinar por la figura de Julián Carax, el misterioso personaje cuya vida se desplega como una telaraña a lo largo de las páginas, rezumando como gotas de sangre y de tiniebla de cada una de las letras, pues no hay que olvidar que esta es una historia de sombras y de monstruos, de injusticias, de maldad y de miedo. Hay espacio para el amor, para la luz y la esperanza, pero son meros resquicios que se abren como heridas en la superficie del mundo recreado por la novela. Y nosotros sorberemos cada uno de esos instantes con avidez, devolviendo la calidez a nuestra alma aterida tras leer sobre tanto dolor, hundiéndonos en las cenizas de tantos amores muertos, amistades perdidas y lazos familiares rotos. El libro nos inundará el alma de una melancolía espesa que, incluso en su oscuridad, puede ser al mismo tiempo bella y luminosa. Una pena que reconforta por la belleza de su romanticismo.

¿Cómo explicaros algo que no puede ser contenido, como dijera Bécquer en su día, por el círculo de hierro de la palabra? Algo como que, al leer La Sombra del viento, siento una algarabía de emociones que me nublan la mente y me arañan el corazón, deseos de chillar y de estar viva, de permitir que mi espíritu siga culebreando incansable por los confines de este planeta hasta llenarme de tantas experiencias como la de los personajes del libro, y como ellos, luchar por el amor, por la amistad, por los sueños. Por lo único que vale la pena en esta triste y demencial vida.

Dejándome ya de discursos enardecidos, deciros que la novela trata sobre las vidas de distintos personajes, pues no se centra solo en su protagonista Daniel Sempere, sino asimismo en su infatigable amigo Fermín —un vagabundo a quien rescata de la calle y da trabajo en la librería de su padre—; los vecinos del barrio; Clara Barceló —una joven ciega y mayor que él, quien se convertirá en su primer amor—;  el padre de esta, Gustavo, un librero que ha sido amigo de los Sempere durante años… También conoceremos a Isaac Montfort, el guardián del misterioso Cementerio de los Libros Olvidados, donde Daniel encontrará un ejemplar que le cambiará la vida. Se trata de La Sombra del viento, la última obra escrita por el desaparecido y enigmático Julián Carax, por quien el chico desarrollará una obsesión malsana que le llevará a adentrarse en una espiral de aventuras y de peligros.

Durante su investigación, Daniel topará con la historia de una venganza que lleva treinta años fraguándose, con amigos enfrentados por amor y con personas enamoradas de quienes no deberían… Mientras tanto, él mismo irá avanzando a tientas por la vida, repitiendo los mismos errores de los personajes de esa tragedia cuyo alcance apenas empieza a atisbar. Seremos testigos de cómo Daniel se despoja del manto protector de la infancia y entra tembloroso, casi de puntillas, en la edad adulta, tras un recorrido veloz por una adolescencia en la cual irá dándose cuenta del dolor e injusticia que hay en el mundo. En cómo las buenas personas no siempre son recompensadas por su bondad y sacrificio; en cómo a veces, los malos de la historia son precisamente aquellos que se hacen con el poder y el respeto de sus semejantes.

El joven irá quitándose la venda de los ojos y perdiendo la inocencia, sin apenas tener tiempo para ser niño en una existencia que ya fue arrasada por la pérdida de su madre, a una edad tan temprana que ya empieza a olvidar su rostro. Una vida en la que la propia imagen de su padre quedará empañada por la huella de la pobreza, cuando uno de los primeros recuerdos que conserve de él sea el de un hombre que no es capaz de permitirse el regalo que su hijo más ansía: una pluma que, se dice, perteneció a Victor Hugo.

Pero lo mejor de La Sombra del viento es que todas esta visión amarga y pesimista de la vida se entremezcla con una prosa ágil y divertida en muchas ocasiones, llenas de giros ocurrentes y discursos que arrancarán la carcajada a más de uno (yo por lo menos, me pasé medio libro riendo). Los discursos que Fermín suelta a la que se le da ocasión son hilarantes, te quedas que no sabes si tirarle algo para que se calle de una vez y deje de soltar salvajadas, o quitarte el sombrero, hacerle una reverencia y hasta posarte a sus pies. Entre medio de todas las penurias que pasan los personajes, la mayoría halla un momento para soltar auténticas perlas, frases chistosas e ironías de una sutileza tan exquisita que son como para enmarcarlas.

Pero no solo hay frases cínicas o amargamente cómicas, sino asimismo aquellas que hablan de los sentimientos con una delicadeza solo comparable al roce de la seda sobre la piel. Es curioso cómo la obra muestra este aspecto tan real de la vida: que puede ser espantosa y resplandeciente al mismo tiempo, tragicómica y desesperante, llena de tantos matices y colores como los de un caleidoscopio girando entre nuestros dedos.

Otro aspecto que merecería una reseña entera aparte son las descripciones con que el autor nos regala la vista y el entendimiento, creando estampas de una belleza sobrecogedora, tan vívidas que uno ya no sabe si está leyendo un libro o viendo una película. La perspectiva de esa Barcelona neblinosa, con cielos de mercurio y tormentas cuyas gotas impactan como balas, generando esa tenebrosa atmósfera entre steampunk y gótica, es pura y llanamente magnífica.

Mi nota para La Sombra del viento es un 10 sobre 10, y es que no puedo ser objetiva con este libro (ni con el resto de la tetralogía, de hecho), como me ocurre con otros. Os lo recomiendo de corazón si os apetece emocionaros más allá de lo que creáis posible, si alguna vez habéis tenido un amor imposible, si creéis todavía en la rectitud y la pureza, si os encanta el sarcasmo y en ocasiones os sentís cínicos y/o nihilistas, pero al mismo tiempo, pecáis de un romanticismo solo propio de las almas más cándidas.

 

¿Habéis leído alguno de los tomos del Cementerio de los Libros Olvidados? ¿Qué opináis de la prosa de Carlos Ruiz Zafón? ¿La Sombra del viento os gustó más o menos que el resto?

Ya sabéis que estaré encantada si me dejáis un comentario, y también os agradecería que le deis al Me gusta si habéis disfrutado con esta reseña 🙂