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Como ya comenté en la reseña de Todo el bien y todo el mal, la primera obra que leí de Care Santos, me gustó tantísimo su forma de escribir que me propuse leer si no toda, por lo menos gran parte de su bibliografía. Al hacerlo me he dado cuenta de que, cuanto más recientes son sus libros, más me gustan. Por ahora he leído Habitaciones cerradas (2011) (haced click en los títulos subrayados para leer sus reseñas correspondientes), su novela Media vida (2017) así como la obra juvenil Mentira (2015) y después la segunda parte, Verdad (2017). Finalmente, durante esta semana le hinqué el diente a La muerte de Venus (2007), la obra que me propongo reseñar a continuación.

¿Queréis saber qué opinión me ha merecido? Tendréis que esperar un poco, pues primero vamos a echarle un ojo a la portada y el argumento:


 

Resultado de imagen de la muerte de venus care santos

Tras la muerte de su tía abuela, Lola, la joven Mónica hereda el viejo caserón familiar y decide instalarse en él, en compañía de su marido Javier y, en un futuro próximo, de la niña de la que está embarazada. Desde que comienzan las obras de remodelación de la casa, diversos fenómenos inexplicables comienzan a manifestarse entre sus muros: un olor nauseabundo que invade la sala principal, repentinas bajadas de temperatura, un gran ficus del jardín que se resiste a ser arrancado…

Finalmente, cuando la gran planta es desarraigada, enredado entre sus raíces aparece un busto de mármol que representa a una Venus de gran belleza. Para Mónica se inicia así una dramática aventura que le llevará a entrar en contacto con un universo paralelo, el que separa la existencia de los vivos de la de los muertos, y que le trasladará a través del tiempo a una vida anterior, en los albores de nuestra era, en la que se produjo un crimen execrable.

La muerte de Venus es un relato fascinante que se sustenta en la buena documentación y en un uso extraordinario de recursos literarios de primer orden: la caracterización de los personajes, la buena dosificación del ritmo narrativo y la solidez de la trama.


Esta novela me provoca sentimientos encontrados. Por un lado, no puedo quitarle mérito a la inmensa labor de documentación que ha realizado la autora, pues los datos que nos aporta sobre la civilización romana son muy interesantes… pero tengo la impresión de que se le perdió la historia por el camino. Veamos por qué exactamente, pero ya os avanzo que el balance es más bien negativo.

La novela se divide básicamente en tres partes, al menos es así como la estructuro en mi mente, aunque diría que en sí contiene más “secciones”, por así decirlo. La primera y la última están ambientadas en el presente, y la segunda y central, en un pasado muy remoto, en concreto, en la Roma antigua, varios años antes de Cristo, durante el reinado del emperador Octavio Augusto. Es en esta sección cuando se da sentido a todos los aterradores sucesos que tienen lugar en la casa de los protagonistas, como habréis leído antes en la sinopsis.

La parte en la época romana en un principio se me hizo bastante pesada; no sé a vosotros, pero a mí me da mucha pereza pasar de estar leyendo sobre el presente a tener que irme a un pasado tan remoto, en el que los personajes se expresan de modo anticuado o aludiendo a aspectos de su cultura que nos son menos familiares. Ojo, adoro la civilización romana (de hecho, es mi preferida), y si una novela empieza ya ambientada en cualquier pasado, remoto o cercano, no hay problema. Sin embargo, en este caso, pasar tan bruscamente del año 2000 y pico al 14 antes de Cristo se me hizo un poco cargante durante las primeras páginas. De golpe, tenía que familiarizarme con todo un grupo de personajes y conceptos nuevos cuando ya iba por más de la mitad del libro, como si hubiera abandonado la historia en la que estaba inmersa y comenzado otra totalmente distinta (obviamente, hay nexos en común, pero aun así…). Para colmo, la descripción de los banquetes de los romanos me dio mucha grima, así como algunas de sus bárbaras costumbres, y también la crueldad extrema de los sucesos que tienen lugar durante este fragmento. No obstante, una vez terminado el libro y mirando atrás, tengo la impresión de que esta es su mejor parte. Os cuento por qué.

Para empezar, los personajes del presente, bajo mi punto de vista, están mucho menos logrados que los del pasado. No me resultaron simpáticos ni demasiado creíbles, no se profundiza en su interior, ni tampoco en las conversaciones que mantienen; de hecho, hay tan pocos diálogos y los que hay son tan breves y poco naturales, que me pareció todo como muy de cartón piedra, sobre todo teniendo en cuenta que los dos protagonistas son una pareja a punto de tener un bebé. Nada que ver, desde luego, con los libros de la autora más recientes que he leído.

Para colmo, la inserción del fragmento histórico que os comentaba en el párrafo anterior, al ser tan remoto en el tiempo y alejarnos de tal modo de la historia principal, me hizo perder el hilo por completo, y considero que desbarata la trama y la vuelve caótica.  También se hacen extraordinariamente tediosos las partes de la novela en la que se recita el inventario de piezas arqueológicas y otras partes en las que el texto no sigue lo que se dice un estilo literario, y que me recordaron a algunos pasajes similares de Habitaciones cerradas. Quizá a la autora le parezca un recurso atractivo o solo quiera llenar páginas, pero sinceramente, podría habérselo ahorrado.

La impresión final que me ha quedado del libro es la de una serie de sucesos aislados sin orden ni concierto. Quizá presentada de otro modo, la historia podría haber resultado increíble, pero tal y como está… no la termino de ver. Tal vez con protagonistas más carismáticos, con más diálogo, y presentándolo todo de forma menos desordenada, la novela habría funcionado mucho mejor.

En cuanto a la trama en sí, es cierto que es original, pues si bien el tema de los fantasmas y las casas encantadas está ya muy visto, la autora le da un toque especial al alejarse de los tópicos de fantasmas medievales o de la era victoriana, y darle una antigüedad tan extrema como la época romana. Otro punto curioso es que lo habitual suele ser que los fantasmas atrapados en un lugar suelen tener asuntos pendientes como la venganza… pero en este caso, el espíritu busca algo distinto, que solo averiguaréis si decidís leer la historia.

Respecto a este último punto, no me entretendré en resumiros de qué va el libro, pues ya está bastante bien explicado en la sinopsis, y creo que con las pinceladas que os he dado en cuanto a la estructura, ya os habréis hecho una idea aproximada de por dónde van los tiros. Lo único que comentaré es que hubo ciertos detalles que me resultaron macabros y desagradables. Imagino que al ser una novela de fantasmas era el efecto buscado, pero a mí no me gustó nada. Además, considero que se mezcla un tono medio desenfadado e incluso medio cómico en algunos momentos, con otro en excesivo trágico y monstruoso que no pega demasiado. En conclusión y como veis, bastantes elementos fallan en La muerte del Venus, y la impresión turbia y confusa que señalaba más arriba no se da solo en la historia en sí, sino incluso en el género/tono de la obra.

Como nota final le doy un 6 sobre 10: me entretuvo moderadamente, pero me ha decepcionado y no la recomendaría. Bajo mi punto de vista, muchos temas quedan abiertos, la trama no está bien ligada, queda todo inconexo como decía antes, y resulta más interesante la breve historia del pasado que el presente, cuando este domina la mayor parte de la novela… Una pena, pues podía haberse aprovechado la idea de otro modo y el libro habría mejorado de forma ostensible.

 

¿Alguien ha leído esta novela de Care Santos, o alguna de las mencionadas al principio de la reseña? ¿Os gustan las historias de fantasmas, aunque sea un tema muy manido? El recurso de pasar de un tiempo a otro de forma tan brusca, ¿se os hace pesado como a mí u os resulta atrayente?

No dudéis en comentarme vuestros pensamientos al respecto, y por favor dadle al Me gusta si habéis pasado un buen rato con esta reseña.

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