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No recuerdo la edad que tenía la primera vez que leí este libro, pero sé que hubo un antes y un después en mi vida. Es posible que, de hecho, primero viera la serie de dibujos animados que daban por la tele cuando era pequeña (un anime traducido al español como Ana de las Tejas Verdes, en el que se invertía el orden de artículo y preposición del título original). Me encantó tantísimo que, cuando unos años después el libro en el que se basaba cayó en mis manos, no dudé en lanzarme a leerlo. Y no podría estar más agradecida. ¿Queréis saber por qué? Veamos primero la portada y el argumento 🙂


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Cuando en lugar del chico huérfano que pretendían adoptar, Ana Shirley, una niña pelirroja de once años, aparece en las vidas de Marilla y Matthew Cuthbert, dos hermanos solteros que viven en su casa familiar de Tejas Verdes, en el pequeño pueblo de Avonlea, sus vidas y las de cuantos la rodean cambiarán para siempre. Con su vivacidad, risas y lágrimas, y sobre todo su alegría e imaginación, Ana conseguirá formar parte, por primera vez en su vida, de una familia, y tener un lugar al que podrá llamar hogar para siempre.

Ambientada a principios del siglo XX, en un lugar tan mágico como la isla Príncipe Eduardo, en Canadá, Ana, la de Tejas Verdes nos llevará a través de los ojos de esta despierta e inocente niña a sentir el mundo como algo totalmente nuevo, a emocionarnos y reirnos con sus ocurrencias, y en definitiva, a ver la vida desde un prisma más positivo y estimulante. Esta obra, al igual que toda la serie de Ana Shirley, conjuga los valores de la vida rural y la familia con las cuestiones universales que todos nos plantearnos en algún momento, como la pertenencia a una tierra, el valor de la amistad o la esencia del amor.


Como comentaba antes, la primera constancia que tuve de la historia de Anne o Ana Shirley (según la versión, se ha optado por traducir o no su nombre de pila) fue en un anime japonés llamado Akage no an, que endulzó mi infancia y me hizo familiarizarme con conceptos propios del mundo de Ana que tanto marcarían mi vida y mi forma de pensar. Expresiones como “alma gemela” (kindred spirit en inglés, que yo habría traducido más bien por espíritu afín), “estar en los abismos de la desesperación” o “haber campo para la imaginación” se convirtieron en algo familiar para mí, así como la posibilidad de cambiarle el nombre a un lugar (o incluso a una persona) y bautizarles con uno nuevo si el original no nos convence o encontramos que no le hace justicia.

Pasando ya a explicaros un poco sobre el argumento, y como habréis visto más arriba, el libro cuenta la historia de Anne Shirley, una pobre chiquilla cuya infancia hasta la fecha ha consistido en vivir en un orfanato (o asilo, como ella lo llama) y pasar de una familia de adopción a otra, a cada cual peor (borrachos, malas personas, gente con más hijos de los que podían cuidar o permitirse económicamente…) Sin embargo, la niña no se ha dejado amilanar por los lances del destino, y a sus once años muestra un juicio y una inteligencia que ya muchos querrían para sí a los treinta, además de mostrar en todo momento un espíritu vivaz, lleno de luz y alegría con los que contagia a todo aquel que tenga la suerte de cruzarse con ella.

Es el caso de Marilla y Matthew Cuthbert, un par de hermanos solterones que viven en una granja denominada Tejas Verdes en la isla Príncipe Eduardo, y en la cual como consecuencia de un afortunado malentendido, acabará viviendo nuestra protagonista. Los Cuthbert, no obstante, no estaban buscando adoptar a una niña, sino a un muchacho que pudiera ayudarles con las tareas de la granja, dado que Matthew comienza a tener ya cierta edad y a cansarse en exceso haciéndolo todo él solo.

Sin embargo, el destino querrá que sea Anne quien vaya a parar a su puerta, y será tal el impacto que esta pequeña pelirroja cause en sus vidas ya desde un inicio, que llevará a los austeros hermanos a replantearse toda su existencia, así como creer posibles cosas con las que antes ni se hubieran atrevido a soñar. Véase, por ejemplo, hacerse cargo de una huérfana, darle un lugar en el que vivir así como una educación y arriesgarse incluso a quererla, algo casi inimaginable, pues en el estoico mundo de los Cuthbert poco espacio hay para los sentimientos. Los hermanos, sin ser malas personas, tienen los pies bien asentados en la tierra, carecen por completo de imaginación (un concepto que, como iréis viendo, es sagrado para Ana) y no creen en mundos de fantasía. Tampoco se atreven a soñar, pues nadie les ha enseñado cómo hacerlo y piensan que no tiene ningún sentido… hasta que esta chispeante y pizpireta criatura llegue para revolucionar todo su mundo y demostrarles lo equivocados que estaban.

El libro nos irá contando distintas épocas y eventos en la vida de Ana, atravesando su niñez y entrando en su adolescencia y temprana juventud. Así, seremos testigos de cómo la niña va creciendo, siempre mortificada por sus pecas, su delgadez y su pelo rojo, así como un exceso de sensibilidad que le causará no pocas alegrías pero también mucho dolor a su tierno corazón. Veremos cómo Ana hace su primera amiga y vive sus primeros desengaños, cómo se enamora poco a poco sin ser consciente de ello (lo entenderéis en los siguientes libros), cómo aprende lo que es la familia, el amor y la generosidad, y sobre todo, cómo se convence de que en la vida no todo es malo, y que no siempre hay que imaginarlo todo, porque hay cosas que ya de por sí son tan maravillosas que ni la más fértil de las imaginaciones podría mejorarlas. Nos emocionaremos a su lado, reiremos con sus ocurrencias y su recargado uso del lenguaje, así como su ilimitada habilidad para meterse en líos. Pero sobre todo, desearemos con todos nuestros corazones estar a su lado y poder hacernos amigos de esta dulce criatura de grandes ojos grises y chispeante mirada, que parece no estar en el mundo sino para llenarlo de poesía y de un poco de locura, pintando con todos los colores del arcoiris la existencia de cualquiera por gris y triste que sea.

En el libro veremos ejemplos de lealtad, humildad y amor, pero también de crueldad, de incomprensión y de prejuicios. Nos asomaremos a las simas más profundas del alma humana y, bien camuflada tras el velo de una novela juvenil que no nos permite ser conscientes de buenas a primeras de lo profundo de sus líneas, sorberemos con avidez la más pura esencia de la vida, paseando de la mano de la niña por un sinfín de emociones y de vivencias, despejando la dolorosa telaraña de sus recuerdos e insuflando vida y calor allá donde solo había existido pobreza, miseria y carencias. Como quien pulsa un interruptor, todas las estancias y recovecos de Ana se irán llenando de luz, floreciendo cual un campo que hasta ahora aún no había recibido los cuidados adecuados. Y aunque la novela esté ambientada en el Canadá de hace más de un siglo, os garantizo que los sucesos que en ella se describen no se os harán ajenos ni anticuados, y que, incluso cuando se trate de aspectos alejados de nuestras vidas por cuestiones cómo la época, la localización geográfica, la religión y la cultura, seréis capaces de poneros en la piel de los personajes, comprender el porqué de sus ideas y de su forma de comportarse.

En relación con este punto, comentar que están magistralmente bien trazados, y que no hay ni uno que no resulte creíble o con el que no podamos empatizar. Cada uno posee una míriada de rasgos y detalles tanto físicos como psicológicos que nos permitirá hacernos una idea muy clara de ellos, empezando por Anne cuya complejidad  y verosimilitud como personaje son de las más asombrosas que he visto—, y siguiendo con el tímido y huraño Matthew, la implacable y seca Marilla, la chismosa y beata Rachel Lynde, la hermosa y vivaracha Diana, el apuesto y travieso Gilbert Blythe… entre muchos, muchos otros. Y lo mejor es que no hay ni un solo personaje que sea plano: todos irán evolucionando de forma considerable a lo largo del libro, muchos de ellos como consecuencia a la aparición del terremoto conocido como Anne Shirley.

A través de las páginas de esta magnífica obra aprenderemos a amar la naturaleza jamás había leído descripciones tan bellas como las que aquí aparecen y descubriremos toda clase de tipos de árbol y de flor; conoceremos autores y poetas destacados; nos desesperaremos con el álgebra junto con Ana; aprenderemos sobre conceptos religiosos ajenos a nuestra cultura tales como la escuela dominical y los pastores protestantes, así como otros de tinte político; celebraremos picnics e iremos de paseo en barca, organizaremos opíparas meriendas con toda clase de dulces; viviremos el día a día de un entorno rural y muy especialmente en una granja; nos sorprenderemos por el curioso concepto de la moda del siglo pasado y la ridiculez de las mangas abullonadas que tanto parecían fascinar a las mujeres de la época; nos horrorizaremos con la fragilidad de la vida en un tiempo en que la tisis y otras enfermedades como la difteria eran conceptos muy reales… En suma, nos asomaremos a la sociedad canadiense de finales de 1800 sin que en ningún momento el libro se haga tedioso ni incomprensible.

Pasando ya a contaros un par de curiosidades, deciros que la novela se ha adaptado múltiples veces al cine y la pequeña pantalla (podéis consultarlo AQUÍ). Es el caso del anime que os comenté antes, o el de una película del año 1985 que tuve el placer de ver y que me gustó bastante, así como sus dos secuelas. Precisamente, hace unos pocos años volví a acordarme de ella al enterarme del triste fallecimiento de Jonathan Crombie, el actor que interpretaba al guapísimo y gamberro Gilbert Blythe.

Hablando de versiones televisivas, os desaconsejo ENCARECIDAMENTE que veáis la serie creada por Netflix (Anne with an E), tanto si os habéis leído los libros en que se basa como si no. Si los habéis leído, la serie os parecerá el peor insulto posible, y si no los habéis leído, os ofrecerá una versión totalmente irreal y alejada de la historia que nada tiene que ver con el espíritu de los libros. La esencia pura de los libros sobre Ana Shirley, (y muy especialmente el primero) es la felicidad, la magia, los sueños hechos realidad. Si bien hay muchos momentos dramáticos, el transfondo no se basa en la tragedia. En la serie, en cambio, le dieron a la historia un tinte de pesadilla que me resultó escalofriante, explotando el morbo del traumático pasado de Ana (en el cual el libro apenas se detiene más allá de las primeras páginas, e incluso en ese caso, no se ceba en el drama) e incluso se permitieron inventarse cosas que jamás ocurren. Con deciros que fue tal mi consternación que no fui siquiera capaz de ver más allá del primer episodio. De corazón, ni se os ocurra verla, y si de verdad estáis empeñados en darle una oportunidad, que sea después de haber leído por lo menos el primer libro.

Antes de despedirme, os dejo con unas citas del libro que me estremecen el corazón y que, si aún no lo he logrado con lo escrito hasta ahora, espero os terminen de convencer  y corráis a haceros con esta maravillosa novela.


(diálogo entre Ana y Marilla)

—Marilla, ¿No es hermoso pensar que mañana es un nuevo día, todavía sin errores?

—Te puedo garantizar que cometerás bastantes —respondió Marilla—. Nunca pareces terminar, Ana.

—Sí, y bien que lo sé —admitió tristemente la niña—. Pero no sé si habrá notado una cosa buena en mí: nunca cometo dos veces el mismo error.

—No sé de qué te sirve, si siempre descubres errores nuevos.

—¿Pero no lo ve, Marilla? Debe haber un límite en los errores que puede hacer una persona y cuando llegue al final, habré acabado con ellos. Es un pensamiento muy reconfortante.»

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«Mi vida es un perfecto cementerio de esperanzas muertas.»

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«Me siento tan feliz de vivir en un mundo en el que hay octubres.»

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(extracto diálogo entre Ana y Marilla)

—¿Cómo se llama el geranio del alféizar?

—Es un geranio injertado.

—Oh, no me refiero a esa clase de nombre, quiero decir el nombre que le da usted. ¿No le ha puesto ninguno? ¿Puedo ponérselo yo entonces? Puedo llamarle…veamos… Bonny estaría bien. ¿Puedo llamarle Bonny mientras esté aquí? ¿Puedo?

—No tengo inconveniente. Pero ¿qué sentido tiene ponerle nombre a un geranio?

—Oh, me gustan las cosas que tienen nombres propios, aunque sean nada más que geranios. Les hace parecer seres humanos. ¿Como sabe usted que no hiere los sentimientos de un geranio el que lo llamen geranio y nada más? A usted no le agradaría que le llamarán nada más que mujer todo el tiempo. (…)

—En mi vida he visto u oído a nadie como ella —murmuró Marilla.


Y hasta aquí las citas, que no quiero aburriros y creo que ya me he excedido 🙂

Le doy a esta novela un 10 sobre 10, como no podía ser menos, pues es uno de mis libros favoritos y de los que más me ha marcado y conmovido a todos los niveles. Si alguna vez habéis soñado con mundos imposibles, si sois más sensibles de lo que os conviene para sobrevivir en este mundo, si os gusta la gente cuya alma está trazada en versos y no soportáis la prosa de la vida… Leedlo, de corazón.

 

¿Conociáis a Anne Shirley antes de leer esta reseña? ¿Habéis visto quizá alguna de sus versiones televisivas? En ese caso, ¿qué os parecieron?

¡Por favor, dadle al Me gusta si habéis disfrutado con esta reseña!

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