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Este libro es otro de mis hallazgos yendo de caza por el Fnac, y aunque el título me hizo pensar al principio en una novela erótica absurda, del tipo Cincuenta sombras de Grey, no podía ir más desencaminada. ¿Le echamos un ojo a la portada y al argumento?


Un juego entre amantes. Una obsesión. Un tipo de amor que lleva a la muerte.

Un thriller distinto, una perturbadora vuelta de tuerca al suspense psicológico.

Él dice que es amor. Para ella es obsesión.

Mike y Verity llevaban nueve años juntos. Su relación era especial y les encantaba llevarla al límite con un juego muy personal, irresistible. Una prueba de amor y deseo eternos. Por eso, cuando Mike recibe la invitación a la boda de Verity sabe que lo único que ella quiere es que juegue, y él jugará hasta el final.


Este libro me ha gustado mucho, y eso que a la vez me hizo sentir ansiedad en muchos momentos. Como ya he comentado en otras ocasiones, por desgracia soy una de esas personas con una fascinación mórbida por las relaciones tóxicas, el amor enfermizo y la pasión obsesiva. Veo el amor como un océano que puede catapultarte a lo más alto y e inundarte de felicidad, pero que también puede sacudirte en un tsunami de emociones violentas hasta hundirte en lo más profundo de su lecho. Un mar embravecido que tanto es capaz de acunarte sobre las crestas de olas plácidas, como generar corrientes gélidas y peligrosas que te arrastren hasta su parte más honda y alejada… para entonces golpearte contra arrecifes rocosos y engullirte entre sus hambrientas fauces.

De acuerdo, quizá me he dejado llevar un poco.

¿De qué trata este libro?

La novela sigue una estructura in media res: comienza justo antes del juicio (cuando ya sabemos que el protagonista, Mike, está en la cárcel por asesinato, aunque desconocemos quién es la víctima), y entonces se remonta a las circunstancias que le han llevado a dicha situación. Así, hacia la mitad del libro sobrepasaremos el punto de inicio y la novela seguirá su orden cronológico hasta el desenlace.

¿Y quién es Mike? En apariencia, un joven economista de éxito que vive en la prestigiosa zona de la City, en Londres, y que hace unos meses terminó una tormentosa relación de nueve años con una mujer a la que amaba “demasiado”, como otros dicen. Bajo la superficie, sin embargo, Mike es un hombre con graves problemas psicológicos que ha desarrollado una obsesión malsana por su ex pareja, Verity, una joven que, al principio de la historia, está a punto de casarse con otro hombre. El protagonista vive dominado por los traumas de su pasado, tiene dificultad para gestionar la ira y vive al margen de la realidad, aislado en una fantasía que su mente ha creado, pues es incapaz de aceptar que Verity haya superado la ruptura y ya no le necesite… ni le ame.

Este libro me ha afectado mucho pues, como sucede en otras ocasiones con protagonistas problemáticos —sea porque son psicópatas, porque estan enfermos mentalmente—, he empatizado mucho con Mike, y confieso que la mayor parte del libro deseaba que se saliera con la suya, pese a saber lo loco que estaba y lo peligroso que era. No he podido evitarlo, tal vez porque la historia se nos cuenta desde su perspectiva, y porque da la impresión de querer de verdad a Verity, pese a que sea un amor retorcido y enfermizo. El hecho de que ella no me cayera bien contribuyó aun más a que sintiera un cierto afecto por Mike. Tampoco hay que olvidar que él es una persona enferma, con un pasado muy difícil y unas vivencias traumáticas que le han convertido en lo que es hoy en día.

En algunos momentos, todo esto me trajo reminiscencias de Cincuenta sombras de Grey, si bien en esa historia pretendan hacernos creer que el amor entre Christian y Anastasia es “normal” o por lo menos, aceptable (asunto en el que discrepo). Pero bueno, ese es otro libro y por tanto, no hablaré aquí de él. De todos modos, como comentaba al principio, esta novela no tiene nada que ver con ese tipo de absurdos folletines subidos de tono que proliferan por doquier hoy en día.

A lo mejor la mayoría de vosotros discrepa conmigo, y está claro que la autora —por lo que da a entender en el anexo final a la obra, en el que se dirige a los lectores— no tenía intención alguna de que nos pusiéramos del lado de Mike, muy al contrario. Y quizá ella misma me odiaría por lo que voy a decir, pero considero que Verity, en el fondo, se busca un poco lo que le pasa. Ni soy machista, ni pienso que el hecho de que una mujer sea amable con un hombre o muy deshinibida sexualmente le dé derecho a NADIE de ir en contra de su voluntad ni asumir cosas que ella no ha dicho. Los tiros no van por ahí, en absoluto, y quiero dejarlo claro desde el principio.

Sin embargo, tal vez si os leéis la novela estéis de acuerdo en que su forma de actuar deja mucho que desear, y que el hecho de que invite a Mike a su boda es una actitud ambigua o cuanto menos extraña. ¿Vosotros invitaríais a vuestro enlace a una ex pareja con la que tuvisteis una relación tóxica de nueve años, sobre todo sabiendo que él/ella no lo ha superado? ¿No denunciaríais a la policía conductas inadecuadas por su parte o, por lo menos, se lo contaríais a vuestra familia, amigos y sobre todo a vuestra actual pareja?

Con todo esto no estoy dando a entender que Verity sea culpable —que también un poco, creo yo; como mínimo, veo reprobable su conducta completamente inconsciente—, sino que, bajo mi punto de vista, ella tampoco ha superado al 100% su relación con Mike. Sí, ama a otro hombre y está a punto de casarse con él… pero ¿por qué narices responde los emails que Mike le envía después? ¿Por qué le invita a su boda, un día que debería ser especial y no estar empañado por sombras del pasado, muy especialmente si tiene tan claro que ama a su prometido? Opino que Verity, sea por debilidad, por los restos del amor que compartió con Mike, o por el motivo que sea, se equivoca una y otra vez en su forma de comportarse con él, tanto en el presente como cuando finalizaron su relación. No creo que se merezca lo que le ocurre, pero para mí es una niñata malcriada, inmadura e irresponsable. 

Los personajes, como veis, están muy bien creados, pues provocan en el lector múltiples emociones y tienen una profunda complejidad psicológica. Mike, como os comentaba, tiene una riqueza impresionante que pocas veces he visto en un personaje, y veo admirable cómo la escritora se puso en su piel para narrar la historia desde su punto de vista, más aún teniendo en cuenta lo que nos comenta en el anexo final que os mencioné antes. Asimismo, veo digno de alabanza el modo en el que describe las conductas obsesivo-compulsivas del hombre, tan reales que cuesta creer que la autora no padezca ella misma la patología o conozca alguien que la sufra. En ocasiones, os he mencionado que poseo ciertos conocimientos en psicología, muy especialmente en este tipo de trastornos de la conducta o de personalidad, y os puedo decir que es de las primeras veces que topo con un personaje tan creíble y bien fundamentado.

En cuanto a Verity, por mal que me caiga, también la considero un personaje complejo y realista, dado que las personas no siempre presentamos patrones de conducta coherentes, más bien al contrario. Cuando entramos en conflicto con otra persona, se desata el reino de las emociones, y ahí no hay normas ni orden que valgan. Pese a que nuestra mente racional nos empuja a buscarle la lógica a los comportamientos de los demás, si analizamos el nuestro propio veremos que, cuando los sentimientos están en juego, pocas veces nos conducimos de manera evidente, y que la tendencia tira más hacia el caos que hacia el orden. Todos pecamos de falta de sensatez o sentido común en muchos momentos de nuestras vidas, más aún si el asunto tiene que ver con una persona tan importante para nosotros como alguien con quien hemos compartido una larga historia de amor.

Por lo tanto, si bien Verity me cae mal y creo que peca de ingenua —o que más bien se niega a admitir que ella tampoco ha finiquitado del todo lo que sentía por Mike—, debo reconocer que yo misma me he comportado como ella en ocasiones, o incluso como Mike. Y si no, que tire la primera piedra aquel que nunca se haya inventado fantasías totalmente descabelladas en su cabeza para justificar por qué alguien corta con nosotros, antes de aceptar que, simplemente, esa persona ya no nos quiere. Y es que, pensemos lo que pensemos, y aunque la conducta de esa persona sea ambigua, debemos aceptar que no le ha importado hacernos daño y que, aunque supuestamente aún albergue sentimientos por nosotros, estos no son lo bastante fuertes para impedirle dejarnos. Y eso es todo lo que importa, por mucho que cueste darle al “Stop” a nuestra mente, siempre tratando de hacerlo cuadrar todo, o de aferrarse a algún resquicio de esperanza cuando tenemos el corazón hecho pedazos. Lo que en inglés llamarían estar en modo “delusional”, una palabra que me encanta.

He disfrutado mucho con la lectura de Nuestro juego más cruel gracias a su verosimilitud y a la impecable psicología de sus protagonistas, pero admito que también me ha provocado sentimientos de agobio y ansiedad. Aun así, opino que esto es precisamente lo que la autora buscaba, y por este motivo no os la recomiendo si estáis pasando un mal momento con alguien o si tendéis a obsesionaros con las personas.

Como nota final le doy un 8 sobre 10, y creo que os gustará si sentís fascinación por las historias de amor tóxico, por los protagonistas con una mente oscura y retorcida o incluso si, simplemente, deseáis comprender mejor cómo funciona la mente de una persona con serios problemas de obsesión/compulsión y de dependencia emocional.

 

¿Alguien ha leído esta novela? ¿Es cosa mía o uno empatiza más con Mike que con Verity, pese a su evidente psicopatía? ¿Qué opináis de las relaciones tóxicas?

Si queréis responder a estas preguntas o discutir cualquier otro aspecto relacionado con la novela, solo tenéis que dejarme un comentario. Y por favor, dadle al Me gusta si habéis disfrutado con esta reseña 🙂