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Encontré este libro en una de mis cazas por el Fnac y me llamó bastante la atención. En un primer momento, me recordó a la película The Holiday que, para ser una comedia romántica con actores arquetípicos, me gusta bastante.

Si bien esta novela no tiene absolutamente nada que ver (y lo recalco) —sobre todo porque, para empezar, es un thriller—, el caso es que el tema sí era similar (intercambio de casas) y me resultaba interesante. Así que me dije que por qué no. ¿Queréis saber mi veredicto? ¡Solo tenéis que seguir leyendo!


Un intercambio de casas es el detonante de la crisis de un matrimonio en este hipnótico thriller.

Cuando Caroline y Francis reciben una oferta para intercambiar su casa no lo dudan. Se están esforzando en recomponer su matrimonio y una semana a solas puede ser justo lo que necesitan. Al abrir la puerta se encuentran con un lugar algo siniestro y casi vacío. Resulta difícil imaginar quién podría vivir allí. Sin embargo, gradualmente, Caroline comienza a descubrir algunos rastros de vida…, de su propia vida. Las flores del baño o la elección de los CD de música podrían parecer inocentes a los ojos de su marido pero para ella son justo lo contrario: son pistas. Es como si la persona con la que han intercambiado vivienda fuera alguien a quien ella conoce, alguien a quien quiere olvidar. Pero esa persona ahora está en su casa…


He leído opiniones muy divididas por Internet respecto a esta novela, aunque como de costumbre, voy un poco contra la corriente principal, dado que mucha gente la tacha de aburrida y predecible, pero a mí no me ha parecido ni una cosa ni la otra. Sobre todo lo segundo, pues el desenlace, bastante disparatado para mi gusto, difícilmente podría haber sido adivinado por mi parte.

En cuanto a lo de aburrida, me parece cualquier cosa menos eso. Hubo momentos en que me vi incapaz de dejar de leer de lo enganchada que estaba, por mucho que me hubiera propuesto ponerme a hacer otras cosas. El intercambio es una novela que se lee en un abrir y cerrar de ojos, puesto que crea adicción y nos hace querer saber qué pasará en el siguiente capítulo. El problema es que su estructura nos lo pone difícil si queremos saberlo todo y lo queremos saber YA (enseguida entenderéis por qué), provocando en el lector una constante frustración.

Ya que menciono la estructura, el libro nos viene narrado en diferentes épocas y por distintas personas. En téminos generales, hay un total de tres tiempos y tres personajes:

  • La protagonista principal, Caroline, tanto en el momento presente (2015) como hace un par de años;
  • Su marido Francis, hace dos años y en un presente ligeramente anterior al narrado por Caroline;
  • Por último, el presente de un personaje misterioso cuya identidad no nos será revelada hasta el final.

Explicado así suena un poco confuso y lo cierto es que lo es, tanto que ni siquiera tengo claro que no me haya equivocado y todavía falte algún punto de vista o momento temporal (disculpadme si es así). No entiendo por qué ahora el 90% de libros vienen narrados por semejante orgía de personajes y de tiempos; a mí por lo menos me resulta un poco mareante o incluso puede llegar a generarme una intensa rabia cuando lo que deseo es avanzar en la trama, como os comentaba en el párrafo anterior.

La novela no me ha parecido mala, pero en muchos momentos era un poco como si ya la hubiera leído, por la cantidad de libros que salen como churros hoy en día con temáticas y formas de escribir similares. Muy especialmente, el rollo “matrimonio que hace aguas por un trauma del pasado”, y que suele involucrar la ocultación de algún terrible secreto, sea al resto del mundo o, más comúnmente, el uno al otro. Supongo que son temas que despiertan el morbo del lector y por ello, pese a ser tan manidos, no podemos evitar que nos sigan interesando.

Hablando de asuntos morbosos, debo admitir que la parte más interesante de la novela, bajo mi punto de vista, fue la del engaño de Caroline a su marido. Especialmente las partes en las que somos testigos de cómo va gestándose la relación con Carl, un compañero de trabajo siete u ocho años más joven que ella, por quién comenzará a sentir una atracción que, poco a poco, se trocará en una pasión demoledora y asfixiante, incluso obsesiva. Solo por esta parte ya me mereció la pena leer la novela, y creo que esta habría sido mucho más buena si la escritora se hubiera centrado en la temática amorosa, en lugar de sacarse misterios descabellados de la manga.

Ya que menciono el misterio, mencionaros que las partes del presente (cuando Francis y Caroline están en la casa de intercambio) evolucionan a una lentitud exasperante. Además, me pareció muy poco creíble el modo de actuar de la vecina del matrimonio en cuanto llegan a la casa (esta mujer es, por tanto, vecina de la auténtica inquilina). Desde el principio nos la hacen pasar por un personaje de lo más turbio y sospechoso, pero los protagonistas se toman su inadecuada conducta como si tal cosa, cuando está totalmente fuera de lugar. Creo yo que nadie habría soportado algunas de sus “particularidades”, como visitas intempestivas por la noche y alguna otra rareza que no os desvelaré. Todas sus intervenciones me parecieron inverosímiles ya de entrada, pero ahora que sé todo lo que hay saber sobre su personaje, todavía más. Entiendo que la escritora quisiera añadir intriga a la historia, pero no me “trago” este personaje. Si leéis la novela y reflexionáis un poco al terminarla, os daréis cuenta de que las acciones de esta chica no tienen ni pies ni cabeza.

Por otro lado, tampoco es que la actitud de Caroline sea demasiado coherente ni creíble, por lo menos en algunas partes de la historia, y lo mismo podría decirse de Francis. Comenzando por ella, no se entiende por qué no pone las cartas sobre la mesa desde el primer momento. Se supone que está intentando recomponer su matrimonio tras su infidelidad y los problemas de adicción de su marido, y en un viaje los dos solos en el que teóricamente iban a tratar de reencontrarse, empiezan a pasarle cosas raras desde el primer minuto… cosas que están relacionadas con su ex amante, a quien se vio obligada a abandonar por motivos que no conoceremos hasta la mitad final del libro. Al principio, Caroline cree que está paranoica, pero enseguida se da cuenta de que tantas casualidades no son creíbles, y comienza a convencerse de que la persona con la que ha intercambiado su casa no es una desconocida inofensiva cualquiera… sino su agraviado amante, de quien no ha tenido noticia durante los últimos dos años.

Entonces digo yo… ¿lo más lógico no sería hablarlo con su marido? Sobre todo si han tenido problemas por mentiras y falta de confianza. Admito que una persona pueda tener dudas al retomar contacto con alguien que significó tanto en su vida y que pueda ocultárselo a su pareja en un primer momento. Sin embargo, cuando empiezan a suceder cosas amenazantes e intimidatorias —aún más teniendo en cuenta que entra en juego la seguridad del hijo que ambos tienen en común y que se ha quedado atrás, con la abuela materna—,  lo más creíble hubiera sido que Caroline hablara por fin. Sin embargo, temerosa de las consecuencias, la protagonista no lo hace… y sus intentos de convencer a Francis para regresar a casa son débiles y bastante ridículos. Esta falta de verosimilitud hizo que el libro perdiera puntos ante mis ojos.

Ya que menciono al marido, este tampoco es demasiado coherente, y no me pareció que tuviera una esencia propia, pues durante tres cuartas partes del libro ni siquiera es él mismo, sino su “yo” adicto a los antidepresivos: una mera sombra de lo que fue, un reflejo monstruoso del hombre del que Caroline se enamoró. Alguien a quien, según el momento, no le importan en absoluto ni su propia mujer ni su hijo. Me resultó escalofriante que alguien pueda llegar a perderse tanto dentro de sí mismo, y pese a saber que su repugnante forma de actuar se debía a la adicción, no puedo decir que me gustara el personaje.

Si tuviera que elegir a un favorito, sería Carl, probablemente: un chico simpático pero reservado, con un lado apasionado y dulce que no se ve a simple vista. Un amigo y amante que sabe estar ahí para Caroline cuando ella le necesita, pero que en ningún momento se miente sobre su relación ni lo que puede esperar de ella. Me pareció el único personaje decente y recto de la novela, aunque no os diré más a riesgo de chafaros por completo la trama, si no lo he hecho ya.

En resumen, El intercambio es una novela adictiva y rápida de leer, que os entretendrá durante un par de días y os gustará si no os ponéis muy exigentes, pero que no os marcará a largo plazo. Sus mayores defectos son la escasez de originialidad y lógica de sus personajes, así como un desenlace inverosímil y en cierto modo aleatorio: tanto se podría haber resuelto del modo en que lo hace como con cualquier otra variante, pues no hay muchos detalles en la trama que nos permitan adivinar nada de lo que está sucediendo en realidad, sino que más bien intentan confundirnos con una línea argumental que no tiene nada que ver.

Como nota final, le doy un 7 sobre 10, sobre todo por lo mucho que engancha. Eso sí, no creo que busque más novelas de la autora, aunque tal vez me arriesgaría a darle otra oportunidad si topo con alguna otra cuyo argumento me llame la atención.

 

¿Qué os ha parecido a vosotros? ¿Estáis tan hartos como yo de los cambios de época y perspectiva de las novelas modernas, o por el contrario os gusta? Y los temas de la novela (infidelidades, adicciones, o el curioso intercambio de casas), ¿os resultan interesantes?

Por favor, dadle al Me gusta si os ha gustado la reseña, y por supuesto, dejadme un comentario si deseáis das respuesta a estas preguntas o mencionar cualquier otra cosa relacionada con esta novela 🙂

 

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