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Descubrí este libro de una manera muy curiosa: por pura casualidad surgida de un error. Resulta que deslicé la pantalla del móvil hacia la derecha en lugar de hacia la izquierda, y me salió una web de noticias aletatorias que rara vez consulto. El caso es que el título de una de ellas me llamó la atención y fui a parar a esta página, donde se hablaba de un libro de ciencia ficción (de ese estilo distópico que tanto suele gustarme) escrito por una autora rusa desconocida para mí. Al leer el argumento quedé fascinada y me lancé en busca de la novela cuanto antes.

¿Queréis saber qué me pareció? Dejad que os muestre la portada y la sinopsis antes de comenzar:


El mundo tal y como lo conocemos ha llegado a su fin. Después de la Gran Reducción, la población de la Tierra se mantiene fija en tres billones de habitantes. Nadie muere: al final de sus vidas las personas renacen en algún otro lugar del globo; un código de encarnación mantiene la información sobre sus vidas previas.

Ya no hay individuos, cada ser humano no es más que un elemento en una conciencia mayor, El Vivo. Este cerebro central lo decide todo: dónde vivirán las personas, cómo será su trabajo, cuánto tiempo se les permitirá sobrevivir en su encarnación actual… Hasta que nace un ser sin código, y todo el sistema planetario se ve amenazado.


Este libro me ha dado la impresión de un castillo de arena en medio de una ventisca: algo que va desmoronándose lentamente… hasta deshacerse por completo y perder toda forma o sentido.

Al principio no estaba mal; admito que de entrada no me atrapó tanto como otras novelas distópicas más “fáciles”, pero me interesaba el tema. Eso sí, me resultó en extremo complicado comprender cómo funcionaba la nueva sociedad, e incluso ya hacia el final del libro, había aspectos que aún no había captado del todo; hubo otros que, para colmo, no me quedaron claros ni siquiera una vez terminado. Pero en general, la historia no estaba mal, era curiosa y entretenida, y me apetecía conocer más de ese mundo futurista tan extraño.

El problema es que, a medida que avanzas en la lectura, la trama se va volviendo más densa y caótica. La autora pasa de un personaje a otro y salta del presente al pasado sin ton ni son, mezclando pensamientos, diálogos y un montón de informes sobre sucesos específicos, algunos detallados de forma tan críptica que resulta imposible entenderlos, en especial unos que aparecen hacia el final sobre ciertos experimentos que se llevaron a cabo en algún punto del pasado. Y todo ello mencionando toda clase de conceptos que lógicamente, son nuevos para el lector, con lo cual la narración se vuelve todavía más opaca. Al final, lo único que quería era acabar con ese fragmento inconexo y seguir adelante con la trama principal para enterarme de algo. No obstante, según se aproximaba el final, la historia me iba confundiendo más, como si fuera una madeja de hilos enredándose entre mis manos.

¿De qué trata la obra? En resumen, en el futuro ya no existe la muerte, sino que todo el mundo vive para siempre, o eso le hacen creer a la sociedad… El número de individuos vivos supuestamente no se modifica, y cada persona prolonga su existencia de forma indefinida a través de reencarnaciones sucesivas, en las cuales tan solo traspasan su mente o identidad —lo que se conoce como código— a otro cuerpo recién nacido. A partir de cierta edad, el nuevo sujeto reencarnado tendrá acceso al contenido vital de su predecesor (recuerdos y vivencias, almacenados en forma de datos en su propio cerebro) y podrá consultarlo siempre que lo desee. Dicho sujeto, y todo el conjunto de personas de número invariable que siguen reencarnándose de forma constante, configuran lo que se conoce como “El Vivo”: una especie de nuevo líder absolutista al que todos rinden culto y veneran como a un dios. La cosa se complica, sin embargo, cuando de golpe y porrazo nace un individuo sin código… al que conoceremos como Cero.

Antes de pasar a hablar del protagonista y otros personajes importantes, quiero haceros un par de anotaciones más sobre la trama. Según lo que os he explicado arriba y como os podéis imaginar, los humanos ya no tienen nada que ver con lo que eran antes. Desde mi punto de vista, la historia se puede hacer bastante agobiante por la cantidad de conceptos nuevos y cambios que han aparecido en la sociedad desde cierto suceso trágico —que jamás se explica de forma clara, como si el lector ya tuviera que saber lo que sucedió— conocido como la Gran Reducción, en el cual una serie de guerras diezmaron a la mayor parte de la población del planeta, catástrofe tras la cual nació El Vivo.

Respecto a este punto, nunca se llega a comprender realmente cómo surgió semejante idea, dado que por cómo lo explican, cualquiera diría que El Vivo es un ente propio que se ha materializado de la nada, cuando en realidad, no es más que un sistema político similar a una dictadura, solo que con los avances del futuro, en el cual se controla a la población de forma muy extrema a través de un programa conocido como el Socio, al que todos los humanos existentes —con algunas excepciones que se explican en la novela— están permanentemente conectados. Vamos, como un Facebook o Instagram demencial (aunque quizá muchos ya sueñen con algo similar, sobre todo los que viven pegados a su móvil). El Socio controla todos los pensamientos y estado físico de las personas; para que os lo imaginéis, es como tener un ordenador instalado en el cerebro. Incluso mientras duermen, el Socio controla su estado en los sueños y les alerta de que han entrado en modo durmiente; si los síntomas de su cuerpo parecen presagiar una enfermedad, el Socio les alerta de que pueden estar padeciendo X o Y, si es necesario les ofrece un médico… en fin, ya habréis captado la idea.

En el libro aprenderéis sobre las extrañas nuevas costumbres de los humanos, como por ejemplo, su particular modo de reproducción, su visión del sexo… y la Pausa, el eufemismo con el que se refieren a la muerte. Digamos que cada persona está obligada tanto a reproducirse como a “pausar” en cierto momento, y en este último punto, la novela me recordó bastante a Un mundo feliz de Aldous Huxley, donde si mal no recuerdo, se obligaba a los ancianos a recluirse en un hospital y morir en soledad para no deprimir al resto (y para colmo, con un tratamiento que les hacía aparentar ser jóvenes, asimismo para no disgustar al prójimo con su aspecto).

En la novela de Starobinets, la gente también vive con una venda en los ojos y se traga las mentiras impuestas por aquellos que les controlan, todo en aras de mantener a paz y una supuesta felicidad, sin ser apenas conscientes de que su libertad ha sido erradicada por completo. Las personas ya ni siquiera pueden escoger su trabajo, pues deben perpetuar lo que les dicta su código (de nuevo, reminiscencias de Un mundo feliz) y como comentaba antes, llegado cierto momento —los 65 años, para no llegar jamás a mostrar un estado en exceso decrépito, exactamente igual que en la novela de Huxley— los humanos están obligados a dirigirse a la zona de Pausa, un lugar repleto de payasos (literalmente) donde se pretende tranquilizar a la gente y distraerles de la inminente llegada de la muerte. Un burdo intento de convencerles de que la Pausa solo serán dos segundos de oscuridad, una “insignificante” interrupción antes de regresar a la vida, solo que en el cuerpo de un bebé recién nacido.

Otros dos aspectos que os he dejado caer: el tema de la reproducción y del sexo. En la novela, el enfoque es tan sumamente insólito y retorcido que prefiero dejar que lo descubráis por vosotros mismos. Solo os diré que hay ciertas cosas que, tal y como comentaba antes, no llegué a entender ni una vez terminado el libro. Y que me parece un poco paradójico que en el mundo futurista de la novela, haya robots limpiadoras que parecen y se comportan como actrices porno —medio desnudas, soltando gemidos, etc.—, mientras que para la sociedad, el contacto humano se ha vuelto algo repulsivo y no suelen tener relaciones desnudos. A menos que precisamente, sus vidas sean tan postizas que todo se base en fantasías, pues incluso su forma preferida para tener relaciones sexuales es a través de mundos de realidad virtual.

Los personajes no terminaron de convencerme. Creo que el más “vivo” (valga la redundancia) de todos ellos fue el compañero eterno de Ef, cuyo nombre no recuerdo, pues fue el único que me pareció actuaba con cierta coherencia. Ef, por su parte, me resultó una decepción terrible. Por su forma de comportarse, pensé que escondía algo durante la mayor parte de la novela… pero luego me percaté de que era otro borrego más del regimen. Tanto él como su compañero trabajan para el estado, en un cargo que forma parte de lo que nosotros entenderíamos como cuerpos de seguridad. Digamos que son una suerte de policías, de un tipo muy temido por los integrantes de El Vivo. Como anécdota, comentar que me encantó el concepto de máscaras de espejo que llevan para ocultar su rostro: lo encontré elegante y siniestro al mismo tiempo.

Entre el resto de personajes dignos de mención estarían por supuesto Cero, el humano sin código, así como Cleo, una pseudonovia-amiga de Ef, el policía, quien en una anterior reencarnación participó en ciertos experimentos muy importantes cuyos resultados el estado decidió tapar (o mejor dicho, eliminar por completo) por motivos bastante oscuros. Son precisamente, por cierto, los experimentos que mencioné más arriba.

Volviendo a Cleo, a esta mujer —que fue un hombre en su anterior vida— no la comprendí demasiado. Me pasó igual que con Ef: al principio me pareció que podría estar en contra del regimen, pero después capté que no, y que más bien era un poco cortita de entendederas. En general, todos los personajes están tan engañados que parecen tontos, pues se tragan al cien por cien el cuento chino que les largan los que manejan los hilos de la nueva sociedad… exceptuando a los rebeldes y/o los cautivos, entre los cuales tendríamos a Cracker, un buen amigo de Cero y por cierto, más importante en la historia de lo que parece en un primer momento.

Para no extenderme más con este tema, comentaros que ninguno de ellos me resultó especialmente creíble, se trata de personajes más bien planos: no evolucionan a lo largo de la obra, exceptuando a Cero, pero su transformación se me antojó decepcionante, pues sucede en último término y en una dirección inesperada. Digamos que me esperaba otra cosa del personaje, pero no diré nada más.

Qué decir del desenlace… me resultó terrible, un sinsentido imposible de entender. Ya en las últimas páginas me vi venir —un poco como lo que me pasó con la serie Lost  que con la que se había liado en la novela, la autora difícilmente resolvería la situación con soltura. Pero desde luego, no me esperaba semejante engendro. Digamos que el final es de esos que restan valor a todo el libro, por mucho que te haya gustado lo anterior (que no es el caso) o lo bien escrito o pensado que esté. Y mirad que Murakami, uno de mis autores preferidos, suele ofrecer desenlaces frustrantes o absurdos y aún así le adoro… pero en esta ocasión, el resto del texto no me ha compensado. En absoluto.

Como ya os anunciaba en las primeras líneas, la novela empieza relativamente bien, va perdiendo fuelle a medida que uno avanza en la lectura, y al final se convierte en un deshecho sin sentido. Ese es mi punto de vista y, por supuesto entiendo que a otras personas menos profanas del género que yo les haya podido gustar… pero por desgracia, no ha sido ese mi caso. Solo deciros que tengo en la biblioteca de mi Kindle otra novela de Anna Starobinets, y aunque es de tema y formato muy distintos a los de El Vivo —en este caso, se trata de un compendio de relatos de terror—, la verdad es que ahora mismo la idea de leerla me asusta, y no precisamente por el género de la obra.

Le doy a este libro un 6 sobre 10, tras algunas deliberaciones y dudas. Iba a puntuarlo con un 7 por la originalidad —pese a las similaritudes evidentes con Un mundo feliz—, y porque sé por experiencia lo difícil que es escribir, y más una historia de estas características… pero es que la novela peca de excesivas carencias. Hay muchas partes incomprensibles, demasiados agujeros en la trama… y el final es una vergüenza.

Os recomiendo la obra de Starobinets tan solo si queréis leer algo diferente, si os interesa la ciencia-ficción y muy especialmente las distopias. Sin embargo, si no es un género al que estéis habituados (o si sois tan críticos como yo), preparaos para pasar la mitad del libro confundidos, en ciertas páginas bostezando… y probablemente  enfureceros al final.

 

¿Alguien más ha leído esta obra o alguna otra de la autora? ¿Os suelen gustar las distopias o creéis que ya está todo muy visto? Según lo que os he comentado de mi experiencia con Murakami, ¿creéis que vale la pena leer libros con finales malos, si el resto de la historia lo compensa?

Como siempre, espero vuestros comentarios y os agradecería le deis al Me gusta si habéis encontrado útil esta reseña.