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Tal y como dije en esta entrada, al poco de descubrir a Clara Sánchez me embargó un gran interés por hacerme con la mayor parte de sus libros. El primero en caer en mis manos fue Entra en mi vida, de una temática bastante distinta a la de El amante silencioso.

¿Os apetece que le echemos un ojo a la portada y a la sinopsis antes de entrar en materia? ¡Vamos allá!


Resultado de imagen de Entra en mi vida Clara Sánchez

En los años ochenta, cuando Verónica tiene diez años, descubre en la vieja cartera de su padre la fotografía de una niña que jamás ha visto antes, una foto acerca de la cual su intuición le dice que mejor no preguntar. Tras ese episodio, ha vivido siempre con la percepción de que la tristeza, las discusiones y los silencios en casa escondían algo de lo que nadie quería hablar. Años después, la enfermedad de la madre enfrenta a una Verónica adolescente cara a cara con un pasado del que lo desconoce casi todo, un pasado robado que la acerca más y más a esa niña de la fotografía.

Por su parte, Laura siempre ha sentido que algo no encajaba en su familia. Ha crecido insegura, bajo la sombra de una abuela absorbente y una madre que apenas le ha hecho caso. Un día, Verónica entra en la zapatería en la que trabaja Laura y, con una sola mirada de esa chica resolutiva y tenaz, Laura comprenderá que hay momentos decisivos que suponen un antes y un después en la propia vida, aunque a veces resulte difícil reconocerlos.

Desentrañar la enrevesada madeja de mentiras y manipulaciones que ha conformado sus vidas les descubre que el precio de pelear por la verdad exige un amor sin censuras y un coraje extraordinario, porque el camino es aventurado y de no retorno y, tras una espiral de emociones al límite, se acabará revelando también como muy peligroso.


Esta es la segunda novela de Clara Sánchez que leo y me ha encantado. Mejor dicho, me ha conmovido, fascinado… me ha calado realmente hondo, y no porque esté familiarizada (gracias a Dios) con el espantoso tema del robo de bebés, aunque por suerte, la novela no se centra tanto en este aspecto, sino más bien en las relaciones humanas y sobre todo en el concepto de familia.

En la historia se combinan las vidas de dos personas, como habréis visto en la sinopsis. Por un lado tenemos a Verónica, una chica fuerte y resuelta, acostumbrada a no dejarse amilanar por nada ni por nadie, a luchar con uñas y dientes por defender lo que es suyo. Una joven admirable, valiente y casi se podría decir agresiva, pero en el buen sentido. Nadie le ha regalado nunca nada, se ha criado en una familia de clase media y no está acostumbrada a lujos ni grandezas, pero sí al amor y el apoyo de los suyos, que pese a las constantes depresiones de su madre, nunca le han faltado. Me marcó particularmente la descripción de los recuerdos de Verónica, el cómo su casa siempre estaba llena de flores de plástico porque a su madre la animaban, esa impresión difusa de la niña en sus primeros años de vida ante los altibajos de su progenitora. Poco a poco comprenderemos que su tristeza se debe a la pérdida de su primer bebé, una niña que, de haber vivido, tendría un par de años más que Verónica.

Por otro lado, tenemos a Laura, una chica elegante que vive con la tarambana de su madre y su autoritaria abuela. Esta última siempre la ha conducido con mano de hierro y la ha forzado a asumir las responsabilidades que su propia hija se negaba a asumir. Por este motivo, Laura se ha convertido en una joven inocente y en cierto modo infantil, con muchos miedos ante una vida en la que nunca se le ha dado libertad. A la vez, no obstante, es una persona muy responsable y madura, dado que desde pequeña se ha tenido que acostumbrar a hacerlo todo, a dejar de lado su propia niñez y juventud para hacer frente a las constantes exigencias de su abuela y suplir las carencias de su madre, que nunca se ha comportado como tal. Mientras que Verónica es una chica que no sabe qué hacer con su futuro y deja los estudios de lado, Laura ha renunciado a sus sueños de vivir en París para encargarse de la tienda de ropa su familia, y se conforma con dar clases de ballet en una escuela de su ciudad en las escasas horas que su otro trabajo le deja.

El personaje de Verónica fue mi preferido, y su forma de pensar, de expresarse, es mágica. Tal vez por ser una novela española que transcurre entre los años 1987 y 1994 (coincidiendo con mi infancia), me fue más fácil identificarme con el ambiente, con las costumbres y la manera de hablar. La forma que tiene la protagonista de hablarnos de sus primeros años de vida me resultó enternecedora, sobre todo gracias al particular toque que tienen las vivencias narradas desde el prisma de los niños, con su curiosa manera de interiorizar las cosas que no comprenden. Y luego, el cómo la misma persona adulta se siente en el futuro al ver esos recuerdos en perspectiva y captar por fin lo que no entendió entonces.

Siguiendo con esta línea, al ser una novela que se centra tanto en las relaciones humanas, es fácil empatizar con los personajes. En ella se tratan temas tan comunes como el sufrimiento por enfermedad física o mental, la muerte, las dudas e inseguridades de la adolescencia, el paso a la madurez, el concepto del matrimonio y de la familia, el amor (tanto fraternal como de pareja), la confianza, la traición, la amistad…

Este libro me hizo sentir tantas cosas… sobre todo desde el punto de vista de Verónica quien, pese a compartir protagonismo con Laura, me pareció la heroína central de la historia. Me sentí muy identificada con su forma de pensar pese a que seamos tan distintas en muchos aspectos, y lo mejor del personaje es lo viva que está. Casi me cuesta creer que no exista en el mundo real, tal vez porque en ella todo es tan vibrante y difícil de olvidar. Me encantó cómo Laura la describe a través de sus ojos, diciendo que en Verónica todo parece tener una intensidad superior a la normal: el brillo de su pelo rizado, el hueso marcado de su nariz, la redondez de sus muslos bien ceñidos por los tejanos y sus botas de piel de serpiente. Por no olvidar el anillo de aire gótico que luce siempre en el dedo.

En cambio, podría decirse que Laura vista desde la perspectiva de Verónica da una impresión distinta: es pálida y etérea como un hada, o mejor dicho, como la bailarina de ballet que es, y pertenece a un mundo de lujo y elegancia con el que nuestra otra protagonista ni se atrevería a soñar. Representa todo aquello que Verónica no es, así como esta última, con su lado salvaje y peleón, su personalidad impetuosa y decidida, es todo lo contrario a Laura, siempre tan delicada, tan obediente, tan frágil.

Al margen de ellas dos, tenemos a otros personajes también muy importantes, como la familia de ambas chicas: por un lado, los padres y el hermano menor de Verónica; por el otro, la severa abuela y la irresponsable madre de Laura; y por último, la misteriosa Ana, el personaje que menos me gustó del libro, por no decir que le pillé una manía impresionante casi desde el primer segundo, pues es bastante evidente que oculta algo. Del resto de personajes pues como es lógico, no solo aparecen las familias, sino también amigos y personas que van conociendo a lo largo de los años, no me resultó antipático ninguno, más bien me cayeron bastante bien con alguna excepción, pero a Ana la detesté desde el principio.

Se trata de una mujer de una elegancia y estilo de vida que no encaja con el de la familia de Verónica, y aun así, es amiga íntima de su madre, o eso piensa la pobre mujer, porque yo no definiría de íntima ni de cercana una amistad en la que solo una de las dos sabe dónde vive la otra y viene de visita. Y este es el caso de Ana, que aparece siempre cuando se la necesita como lo haría Mary Poppins. Como un vendaval milagroso, entra por la puerta hecha un pincel, con su estilo de mujer refinada, destilando esa repelente aura de perfección reservada solo a los más ricos y poderosos. Y muchas de esas veces, trae algún regalito en el bolso para ganarse a Verónica, con la excusa de que se trata de un perfume o maquillaje que ya no usa. Después, cuando la familia de la chica sufra un fuerte impacto a causa de la enfermedad de la madre, aparecerá ayudando de otras formas, trayendo utensilios de cocina, platos de comida preparada… y una súbita coquetería que no dudará en utilizar para atrapar en sus redes (o mejor dicho, intentarlo) al padre de Verónica, a quien este cambio en la actitud de la adinerada mujer no le gustará ni pizca. Pero ojalá este descarado ligoteo de Ana con el marido de su supuesta gran amiga fuese el peor de sus defectos… Me detendré aquí para dejaros con la intriga y por supuesto, no chafaros la novela.

Con todo lo que os acabo de contar, habréis deducido que los personajes están trazados con maestría, con toda una miríada de matices que los hacen ganar tres dimensiones. No hay ninguno que no trasluzca esa intensa realeza de la que os hablaba antes al describir a Verónica. Son personajes de esos que saltan del papel y te tocan, juegan con tu mente y te hacen creer que existen. De esos que echas de menos cuando terminas el libro.

En cuanto al lenguaje de Entra en mi vida, me pareció cercano y delicioso, con toques hogareños y muy españoles que, de nuevo, me acercaron a la historia. Y es que siempre da gusto leer sobre la propia cultura, y reconocerse en muchas de las experiencias de los personajes, recordar haber sentido las mismas cosas de niños, y de adolescentes. Y es que al fin y al cabo, esta es una historia que, sobre todo, habla de sentimientos; una novela en la que, más allá del terrible tema central del robo de bebés, se describen aspectos basados en la vida misma, en cómo evolucionamos a lo largo de los años, en el concepto de familia y del amor. Y lo hace con una prosa fluida y sencilla, pero nunca aburrida ni simplista, sembrada de pensamientos sin filtros salidos de la mente de Verónica, con una mezcla de crudeza, inocencia y ternura que te sacude por dentro y te deja temblando.

Y si no, fijaos en este fragmento que señalé para poderlo compartir con vosotros:

Todo tiene que ver con el amor. El amor es nuestra maldición. Nos hace felices, nos esclaviza, nos corrompe, nos enseña a odiar. Todo se hace o no se hace por amor. Parece algo bueno, pero de verdad te digo que si no existiese el amor no habría guerras.

En fin, ¿qué hacéis aquí perdiendo el tema, y leyendo esta reseña? ¡Id ya a haceros con la novela, o a malas, con cualquiera de los libros de Clara Sánchez! 🙂 Y por si no os decidís, haciendo click en ESTE ENLACE podéis leer las primeras páginas de Entra en mi vida.

Le doy al libro un 8 sobre 10 y os lo recomiendo si os gusta leer sobre la vida en el seno de una familia española de clase media, con sus malos y buenos momentos; si disfrutáis con las historias que se centran en las emociones.

 

¿Alguno de vosotros ha leído este libro? ¿Qué os pareció la manera de expresarse de Verónica, su personalidad arrolladora? Entre ella y Laura, ¿cuál os gustó más, o cuál se parece más a vosotros?

Me encantará leer vuestros comentarios y, como siempre os pido, por favor dadle al Like aquí debajo si habéis disfrutado con esta reseña.

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