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Tal y como os menciono en una de mis últimas reseñas, el hecho de comenzar a seguir por las redes sociales a un montón de editoriales y páginas sobre libros inundó la biblioteca de mi Kindle con muchos nuevos títulos.

Hoy os vengo con la reseña de la segunda novela de Manuel Ríos San Martín, que más que escritor, es guionista y director de televisión y cine. Confieso que no fue tanto la sinopsis de La huella del mal lo que me llamó la atención, sino más bien las buenas críticas y anuncios que me asaltaban de ella por todas partes. Al final, reconozco que el tema de los yacimientos y la prehistoria me acabó interesando, pero no puedo decir que la novela me marcara en exceso.

¿Os apetece que os cuente más? ¡Veamos primero la portada y el argumento!


Durante una visita escolar a la excavación arqueológica de Atapuerca, un chico de catorce años descubre que una de las reproducciones humanas que imitan los enterramientos de los homínidos de hace miles de años es, en realidad, el cuerpo de una chica muerta. La joven parece haber sido colocada con una simbología ritual, y todas las pistas apuntan a un macabro homicidio similar al ocurrido seis años atrás en otro yacimiento en Asturias.

En el pueblo se desata la inquietud. Demasiados detalles recuerdan el caso anterior, por lo que el juez piensa en reunir de nuevo a los policías que se hicieron cargo entonces: Silvia Guzmán, inspectora de la UDEV, y Daniel Velarde, un expolicía dedicado ahora a la seguridad privada. Sin embargo, nadie sabe que en el pasado ambos vivieron una relación sentimental que acabó de manera abrupta y que tuvo mucho que ver en la truncada resolución del caso. Ahora, Silvia y Daniel tendrán que aprender a colaborar y aclarar sus sentimientos para descubrir al asesino del yacimiento y cerrar aquella herida abierta en su pasado.


Esta novela me habría gustado más de no ser porque me da la sensación de que toda ella está envuelta en un cierto tufillo a pedantería y arrogancia. Muchos de los personajes y sus monólogos eternos sobre la prehistoria me causaron bastante rechazo, como si estuvieran empeñados en lucirse y en contagiar su obsesión con el tema a todo aquel que pillen. Por otro lado, considero que muchas de las cosas que suceden en la historia no son demasiado creíbles, pero quizá es que yo soy muy escéptica y/o crítica, como ya habréis deducido si me leéis con regularidad.

Dejando esto al margen, la trama es atrayente, engancha y se lee con facilidad, aunque puede que se os hagan tediosos algunos pasajes. Bajo mi punto de vista, hay demasiado “rollo” sobre el tema de los sapiens, los neandertales y demás, y no creo que a los profanos nos interese tal despliegue de detalles. A mí en concreto, se me hicieron pesadas las partes en las que se hablaba sobre rituales y enterramientos, pues si algún aspecto del hombre prehistórico me interesa, es si acaso su forma de vida y no tanto su enfoque de la muerte, pero es cierto que los policías estaban forzados a centrarse en dicho tema al hallarse inmersos en la investigación de un asesinato. En todo caso, agradecí aprender algunas cosas gracias a este libro, y no pretendo menoscabar el gran trabajo de documentación que llevó a cabo el autor para escribirlo.

Ya que menciono a Manuel Ríos San Martín, comentar de pasada como ya he anunciado en el preludio que es más conocido por su trabajo como director y guionista de cine y televisión, cosa que descubrí buscándole por Internet y que me dejó bastante sorprendida. Aun más al descubrir que había trabajado en series tan famosas como Compañeros o Médico de familia. La verdad es que jamás lo habría sospechado al leer el libro pues, a diferencia de otros autores, no me transmitió una sensación demasiado cinematográfica, y no lo menciono como un aspecto negativo. Más bien al contrario: me gustó que el autor supiera diferenciar entre géneros y no escribiera una obra literaria como si de un guión se tratara. Aun así, me sorprendió encontrar algunas opiniones de otros lectores en las cuales sí manifestaban haberle visto a la novela cierto aire peliculero, que para ellos daba fluidez a la narración.

Dejando de lado el tema del estilo, comentaros que en la sinopsis omiten a un personaje bastante importante: el verdadero compañero de Silvia en la investigación del crimen, puesto que Daniel Velarde (su ex amante) trabaja más bien como asesor, sobre todo teniendo en cuenta que dejó de ser policía años atrás y se pasó al área de seguridad, donde en cierto modo, se expone incluso a mayores riesgos pero también cobra mucho más dinero. Y no es por casualidad que el hombre decidiera cambiar de profesión poco después de que el último caso en el que trabajó con Silvia terminara mal, tanto en el terreno profesional como en el personal: el crimen jamás se resolvió… y la relación entre ambos se fue a pique. Para saber el cómo y el porqué de cada situación, sin embargo, tendréis que leeros La huella del mal 🙂

Siguiendo en esta línea, los personajes no me gustaron en exceso, los vi bien caracterizados en general aunque tirando a planos, sobre todo Silvia y Daniel, que siguen un poco en su actitud de siempre y no puede decirse que destaquen por su evolución personal o su originalidad.

No fue este el caso del compañero de Silvia que mencioné brevemente arriba, Rodrigo, un joven policía que acaba de entrar en la UDEV (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta) gracias a sus valiosa capacidad deductiva y sus conocimientos tecnológicos. El chico admira a la inspectora Guzmán hasta niveles cercanos a la adoración y será una pieza clave en la trama, ya no por su propia intervención en el caso, sino porque hará un poco el papel de “sujetavelas” por así decirlo entre Daniel y Silvia. Y es que leyendo el argumento, parece que ambos vayan a estar solos todo el tiempo, enfrentándose a lo que hubo entre ambos en el pasado… pero nada más lejos de la realidad. Es cierto que hay momentos en los que se quedan a solas, pero no es como si Daniel y ella volvieran a ser realmente compañeros ni a trabajar en equipo como iguales, dado que ya no lo son.

El personaje más odioso de la obra con diferencia fue la propia víctima, Eva, una niñata arrogante y presuntuosa, con una psique de lo más retorcida y aficiones moralmente cuestionables. La novela en sí, al margen de descubrir a su asesino, es un viaje de descubrimiento respecto a su auténtica personalidad y las relaciones con sus familiares, de modo que tampoco puedo desvelaros gran cosa, pero no esperéis empatizar con ella o sentiros apenados por su muerte. De hecho, a mí llegado un punto casi me daban ganas de darle las gracias al asesino por liquidarla.

Dejando ya de lado los personajes, deciros que La huella del mal es una novela entretenida que, si bien tal vez no merezca todo el bombo que se le ha dado, sin duda os enganchará por la originalidad de la trama y los escenarios (yacimientos arqueológicos, cuevas, museos prehistóricos…) y la dificultad de los investigadores para hallar al culpable.

Acumulando más puntos positivos, es probable que os induzcan a reflexionar las conversaciones filosóficas de Daniel con Samuel Henares, un hombre muy polifacético cuya segunda profesión al margen de su trabajo como director del yacimiento os sorprenderá bastante. Estas charlas versan sobre conceptos, como os decía, filosóficos o incluso religiosos, como por ejemplo la esencia del mal, las teorías del hombre tanto prehistórico como actual respecto al más allá y lo que nos espera después de la muerte, el concepto de la violencia y si es o no inherente al ser humano… Quizá algunos rescaten polvorientos recuerdos de clases de filosofía sobre Hobbes, Rousseau, Spinoza y Freud (entre otros), como me sucedió a mí. Se trata de la eterna duda: ¿es el hombre bueno o malo por naturaleza?

Un par de cosas más que caben mencionar son tanto la estructura como la perspectiva. Comenzando por la primera, contaros que la novela está estructurada en dos tiempos: por un lado, el momento actual con el asesinato de Eva en el yacimiento arqueológico, y por el otro lado, el crimen que tuvo lugar seis años atrás en Atapuerca, que comparte sospechosas similitudes con el del presente y durante cuya investigación brotó la historia de amor entre Silvia y Daniel.

En cuanto a la perspectiva, el narrador en tercera persona presenta un punto de vista omnisciente, ya que nos muestra sucesos de las que otros personajes no son conscientes, así como los pensamientos de los tres investigadores (Silvia, Daniel y Rodrigo). Hay también algunos fragmentos en los que accedemos a la mente y los pensamientos del asesino, pero estos tienen tan poco significado para el lector (sobre todo al ignorar su identidad) que opino podrían haberse suprimido.

Os prevengo que, pese a lo vivo que se mantiene el interés a lo largo de toda la novela, el desenlace os lo iréis viendo venir a partir de cierto punto, y en concreto a mí, la identidad del asesino me pareció bastante evidente después de un secuencia en la historia que me hizo pensar que, o cierto personaje supuestamente profesional e inteligente era en realidad tonto de remate, o es el autor nos toma a nosotros por imbéciles. No me trago que, en medio de una investigación policial por asesinato, alguien inmerso en las pesquisas pasara por alto cualquier clase de conducta sospechosa, fuera de lo común o incluso cercana a la criminalidad por parte de cualquiera de los involucrados, por muchas excusas que la persona en sí nos dé luego. No puedo ser más precisa en este punto, pero manteneos atentos a los comportamientos de cada personaje y no os resultará difícil adivinar quién podría ser el culpable.

Esta falta de verosimilitud que, bajo mi punto de vista, arranca a partir de la susodicha escena incoherente, irá aumentando progresivamente a medida que nos acerquemos al final, hasta desembocar en una sarta de disparates que le restaron seriedad y calidad a la novela. Me parece absurdo cuando los escritores dotan al psicópata de características que rozan lo divino —una aparente omnipotencia, sobre todo, y es aún peor cuando, como en este caso, la persona es capaz de mantener una fachada de bondad y normalidad ante todo el mundo mientras que, en realidad, y me vais a perdonar la expresión, el individuo en cuestión está como una puta cabra. Ni es creíble ni me gusta.

Siguiendo con esta lína, no soporto leer una novela policíaca, plagada de detalles curiosos, de reflexiones filosóficas como las que os comentaba, con una investigación en curso basada en un asesinato tan original como este… y que luego todo se resuelva con los tópicos de siempre: asesino implacable y capaz de salirse siempre con la suya por pura suerte, engañar a todo el mundo sobre su auténtica personalidad y salud mental… etc. Eso por no mencionar la aparición de otros tópicos que ya apestan de lo tremendamente trillados que están: el investigador protagonista siempre termina embarcándose en alguna persecución o registro peligroso completamente solo, sea por hacerse el héroe o porque todos los planetas se alinean para que esto suceda, y es que por supuesto, el psicópata tiene más potra que un ganador de la lotería.

Dejándome ya de ironías y de arriesgarme a desbarataros por completo la trama, os dejo con mi valoración final de la obra. Y antes de hacerlo, os diré por último que no me molesta haberla leído, pero sabiendo lo que ahora sé tal vez habría invertido mi tiempo en otra. Aun así, me ha servido para aprender una teoría bastante extendida de la cual no tenía ni idea: aparentemente, los sapiens no pertenecemos a la misma especie que los neandertales. Ambos tenemos un origen común (homo) pero somos ramales distintos del mismo árbol, por así decirlo. Si os interesa el tema, os recomiendo ir a Santa Wikipedia (como he hecho yo por vagancia) o buscar alguna fuente más seria 😉

Le doy a esta novela un 6 sobre 10, y os la recomiendo si os interesan temas como la prehistoria, el canibalismo, los rituales relacionados con la muerte, la maldad y violencia inherentes al hombre… o, simplemente, las novelas policíacas con muchos sospechosos y escasas pistas, de esas que enganchan y te hacen devorarlas en pocos días.

 

¿Alguien ha leído esta novela o le interesa hacerlo tras el gran bombo que se le ha dado? ¿Sabíais que el autor es más conocido en el mundo de la televisión y el cine?

Me interesa cualquier cosa que queráis mencionarme al respecto, así que espero vuestros comentarios y sobre todo, un gran click en el Me gusta si habéis disfrutando leyendo mi reseña sobre La huella del mal.