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Por algún motivo, esquivé este libro durante bastantes semanas, pese a estarlo viendo continuamente anunciado en diversas páginas de lectura que sigo por Instagram. Se me hacía pesada tanta insistencia en las supuestas virtudes de la obra sobre todo tras la decepción con otros best-sellers y la sinopsis no me convencía del todo. Sin embargo, al volver a ver el anuncio hace unos días, de repente cambié de idea y me dije que a lo mejor valía la pena (aún no tengo muy claro por qué).

¿Queréis saber si me alegro o no de haber terminado leyendo La danza de los tulipanes…?

Tendréis que esperar un poco mientras le echamos un ojo a la portada y al argumento:


La periodista más popular de Gernika es arrollada por el tren que cubre la línea de Urdaibai. La víctima ha sido fijada a la vía con un delicado tulipán entre sus manos. La flor, de un intenso y brillante rojo, es tan hermosa como difícil de encontrar en pleno otoño. La escena, cuidadosamente preparada, ha sido retransmitida en directo a través de Facebook.

La danza de los tulipanes nos sumerge en la ría de Urdaibai, un lugar mágico donde el mar y la tierra se abrazan al compás de las mareas que mecen las tranquilas vidas de sus habitantes, que se ven repentinamente sacudidas por la brutal irrupción de un asesino complejo e inteligente, capaz de rivalizar con los ritmos de la naturaleza que desde siempre han gobernado la comarca.


Mi interés por esta novela fue decayendo a medida que avanzaba en la lectura. Bajo mi punto de vista, comienza con mucha fuerza, pero va perdiendo fuelle con el pasar de páginas. Puede que fuera sobre todo la escasa originalidad de los temas que se proponen un poco a modo de denuncia social, y que no terminé de empatizar con los personajes. Aunque la obra transcurre en España, es cierto que Euskadi es una región con una cultura propia, con unas tradiciones muy arraigadas e incluso una mitología que les da una esencia muy personal. Incluso el tiempo lluvioso y desangelado no tiene nada que ver con el de la zona en el que vivo, ni la lengua tampoco, y para colmo, los personajes no me cayeron demasiado bien. Imagino que esta mezcla de factores fueran decisivos en mi balance final de la novela. Una lástima, pues he recorrido el País Vasco entero en coche y me apasionan sus paisajes, sus ciudades y sus pueblos, la personalidad de la gente… pero la sensación que me transmitió la novela no fue para nada la misma.

He leído comentarios de lectores (en páginas como Amazon y demás) en los que se tachaba la obra de predecible, y en cambio a mí no me lo ha parecido en absoluto, así que con esto tenemos un punto positivo que, aunque no logra en mi casocompensarme por la falta de novedad en los temas que se tratan o el poco interés que generaron en mí, por lo menos sí que “consuela” un poco. Si hay algo que me encanta al llegar al desenlace de un thriller y descubrir por fin quién es el culpable, es que por un lado me sorprenda y que, por el otro, me dé la impresión de que había indicios durante la novela, que todo está bien cimentado y construido con lógica. En este caso, el autor es muy hábil, pues deja caer otras pistas falsas que nos confunden, haciéndonos sospechar de otros personajes en mi caso, fueron sobre todo dos que al final no son culpables, pero que sirven muy bien para despistar. Así que, en este sentido, me quito el sombrero ante Ibón Martin, y confieso que realmente me sorprendió con el desenlace.

¿De qué va La danza los tulipanes? Como habréis leído en la sinopsis, una periodista es asesinada de forma cruel y extravagante: atada a una silla en medio de las vías del tren.  Allí la descubrirá la policía tras ser arrollada, con un desconcertante tulipán entre sus manos, mientras el suceso es retransmitido en directo por Facebook.

Por desgracia, este solo será el primero de varios asesinatos que pondrán la provincia de Vizcaya patas arriba, en concreto el municipio de Gernika, en el área natural de Urdaibai. Hasta allí serán trasladados dos policías guipuzcoanos: los agentes Ane Cestero y Aitor Goneaga, quienes formarán una subdivisión especial encargada de resolver crímenes especialmente violentos. Para ello, unirán fuerzas con tres oriundos de Gernika: por un lado, la psicóloga Silvia, especialista en realizar perfiles de asesinos; por el otro, los ertzainas Julia Lizardi y Txema Martínez. Este último acaba de dejar su anterior puesto en la Interpol, y tiene un turbulento pasado con Julia que iremos conociendo según avanzamos en la lectura.

En general, todos los personajes me parecieron bien fundamentados y creíbles con alguna excepción que ahora comentaré, pero no me cayeron bien. Los vi a todos demasiado estirados y arrogantes, como si se creyeran mejores por ser policías. La peor de todos con diferencia fue Cestero, una agente muy joven que ha ascendido rápido gracias a sus logros, cosa que me resultó difícil de creer teniendo en cuenta su frecuente pérdida de control, que la lleva a desobedecer las órdenes de sus superiores, agredir a los detenidos casi hasta matarlos, ponerse en peligro de forma gratuita… y hablando en plata, hacer lo que le sale de las santas narices. Eso por no mencionar que va llena de piercings y tatuajes, cosa que jamás he visto en una policía, pero a lo mejor los tiempos están cambiando (ojalá, pues yo sería la primera en apoyarlo). En todo caso, si tuviera que elegir a alguno de los personajes, supongo que me quedaría con Aitor, el compañero de Cestero, pues el ertzaina es amable, serio en su trabajo y leal. Habría mencionado también a Julia como un buen personaje, pero llegado un punto en la novela, también empieza a pasar de todo y poner en peligro la investigación con su forma de actuar, demostrando una falta de seriedad y profesionalidad que no veo muy creíbles en una representante de las fuerzas del orden.

En cuanto a cómo está estructurada la historia, esta nos vendrá narrada desde el punto de vista de la policía básicamente Cestero y Julia, pero también nos mostrará el interior de la mente del psicópata, a quien seguiremos en algunas de sus maquinaciones, aunque por fortuna, de forma por lo general breve, pues a mí estos pasajes se me hicieron aburridos e innecesarios. Hay un tercer punto de vista que para mí, es el más tedioso y que, para colmo, apenas aporta nada a la historia, y son los fragmentos del diario de una de las jóvenes que pasaron casi un año de su vida encerradas en un convento de monjas de clausura… pero el motivo no os los diré, pues forma parte de la intriga central de la novela. Eso sí, no os esperéis nada innovador ni remotamente sorprendente: me lo vi venir casi desde el principio, y lo peor es que una vez conocemos de qué va la cosa, los motivos del asesino se vuelven bastante poco creíbles, a menos que esté loco de remate, cosa que no es así. Por lo menos, como dije más arriba, la identidad del psicópata sí me pareció bien pensada y poco predecible. Por desgracia en mi caso no fue suficiente para compensar todo lo demás.

Como nota final, le doy a la novela un 6 sobre 10, pues realmente no me ha gustado, pese a hacerme pasar un rato entretenido. Si sois grandes aficionados de la novela negra y exigís un mínimo de coherencia y calidad, os diría que no perdáis el tiempo con La danza de los tulipanes: no es más que un bestseller más, que con el tiempo se irá difuminando de vuestro recuerdo. Ahora bien, si solo queréis distraeros un poco, siempre podéis darle una oportunidad, más aún si os van los asesinatos rituales y las historias narradas desde el punto de vista de la policía.

 

¿Alguno de vosotros ha leído La danza de los tulipanes? ¿Pensáis asimismo que los motivos del asesino están muy cogidos por los pelos? ¡Espero vuestras opiniones!

Y por supuesto, como siempre os pido, dadle al Me gusta si habéis encontrado útil esta reseña 🙂