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Me encantó el primer libro de Alaitz Leceaga, El bosque sabe tu nombre, cuya reseña podéis leer haciendo click en el título. Por este motivo, en cuanto me enteré de que esta magnífica escritora había publicado una nueva novela, me lancé sobre ella con uñas y dientes, dispuesta a devorarla en cuestión de días.

¿Queréis saber si me ha gustado tanto como su predecesora…?

En ese caso, ¡seguid leyendo! 🙂


Una tierra maldita.
Una mujer dispuesta a luchar por el poder.
Un gran misterio que debe salir a la luz.

Año 1889, La Rioja. Hay quien dice que una maldición se ciñe sobre los viñedos, secos desde hace años, de la finca Las Urracas. Mientras las grandes bodegas de la región comienzan su edad dorada, Gloria -la joven hija del propietario- languidece en la vieja mansión familiar, viendo aproximarse otro otoño sin cosecha.

Sometida a la autoridad de una tía cruel y un padre ausente, Gloria verá cambiar su vida de un día para otro cuando tenga que ponerse al frente del negocio familiar. Será entonces cuando comience una larga batalla que la enfrentará a los bodegueros y caciques locales, que no conciben tener como rival a una mujer. Y menos a una que pone en duda sus viejos privilegios.

Con la ayuda de sus hermanas, Gloria luchará por recuperar el esplendor de sus viñedos, al tiempo que se adentra en los secretos que esconden las habitaciones cerradas y los campos muertos de Las Urracas. Bajo la sombra de una maldición que solo al final sabremos si es cierta, las mujeres de esta novela lucharán, sin miedo a nada ni a nadie, por el poder que les pertenece.


¿DE QUÉ VA LA NOVELA?

Las hijas de la Tierra nos introduce en un mundo de realismo mágico, en concreto en un pueblo perdido de La Rioja donde abundan las bodegas y los campos de viñedos. No obstante, uno de ellos lleva seco largos años: es el caso de Las Urracas, una enorme y deteriorida finca, donde tres hermanas crecen bajo la única compañía de un padre casi siempre ausente, una tía abuela que les sirve de tutora y un hermano incestuoso y cruel.

Incluso pese a ser de su familia, estos tres no dudan en hacerse eco de los rumores malintencionados que circulan por el pueblo, y es que se comenta que el motivo por el cual en las Urracas la tierra es yerma y árida, incapaz de que nada crezca ni prospere en su seno, es que las tres hermanas pelirrojas están malditas y llevan el diablo dentro. Una leyenda que, por absurda que suene, irá calando hondo en las mentes de estas tres infelices, que crecerán con el estigma de la culpa y la deshonra ensombreciendo sus días. Los rumores comenzaron ya con sus antepasadas, mujeres de salud mental frágil a quienes por superstición e ignorancia se tachó de endiabladas, como es el caso de la madre de los cuatro hermanos, una mujer distante y fría, ya difunta, de la que apenas conservan recuerdos felices.

A medida que pasen lo años, sin embargo, presenciaremos cómo Gloria y sus hermanas van ganando fuerza y sabiduría, y de cómo en una sociedad en la cual el poder está solo en manos de los hombres, la inteligencia y la determinación de un puñado de mujeres soñadoras es capaz de transformarlo todo, incluso pese a las trabas impuestas por la sociedad y por su propia familia.


¿QUÉ ENCONTRAREMOS EN LAS HIJAS DE LA TIERRA...?

Leyendas y maldiciones, remedios pseudomágicos, todo lo que tenga que ver con vinos (viñedos, bodegas y cosechas), familias desestructuradas, relaciones incestuosas, asesinatos, crueldad y salvajismo (incluso entre miembros de la misma familia), mansiones lúgubres y abandonadas, homosexualidad y la condena implícita a este hecho en el pasado, mucho feminismo (la mayoría de personajes clave son mujeres), y un largo etc., que deberás descubrir por ti mism@ si decides leerlo 🙂

Imaginad que pudiera unirse a Isabel Allende, Kate Morton y las hermanas Brönte en una misma novela, y tendréis una idea aproximada de lo que os espera entre las páginas de Las hijas de la tierra.


PUNTOS POSITIVOS
  • Al terminarla echas de menos a los personajes.
  • Todo el tema de las hierbas y los remedios me resultó fascinante.
  • La mención a temas clave en la política y el feminismo: el cómo las mujeres comenzaron a alzar sus voces y reclamar sus derechos, intentando conseguir la igualdad con los hombres.
  • El proceso del vino y la descripción de los colores que van tomando las uvas, las distintas fases… En ningún momento resulta demasiado técnico ni aburrido.
  • Las descripciones en general, más en concreto las de la metereología y paisajes de la zona, de los desayunos, la repostería y la ropa.
  • Retomando el punto anterior, todo el ambiente victoriano y fantasmagórico que envuelve Las Urracas: la recreación de ese clima árido y asfixiante, como si se tratase del desierto; la descripción del interior decrépito y vetusto, el miedo y la tristeza que han impregnado los muros…
  • El personaje secundario de Diana, por todas las perlas de sabiduría que va soltando.
  • El personaje de Verónica, la hermana pequeña, de los más ricos en matices.
  • La documentación excelente de la autora para hablar sobre una época distinta a la suya, aportando datos muy valiosos sobre la sociedad española de la época, el lugar destinado en ella a las mujeres, el proceso de elaboración del vino, el tipo de peinados y ropajes del momento…
  • La escritora ha logrado que, sin que haya un esquema muy claro de sucesos en la obra —cuya trama parece ir un poco a la deriva en algunos puntos— resulte aun así interesante y adictiva, creando en nosotros la imperiosa necesidad de seguir leyendo.

PUNTOS NEGATIVOS
  • La trama se hace un poco repetitiva.
  • El libro es muy largo (568 páginas) para la historia que cuenta.
  • Se dan muchas situaciones poco creíbles o que no tienen continuación (por ejemplo, que suceda algo importante al final de un capítulo, y en el siguiente se diga que han pasado meses o incluso años, sin que podamos ver realmente las consecuencias o el impacto de dicho suceso).
  • Como ocurría en el libro anterior, hay que otorgarle ciertas licencias a la autora y no ponerse muy puntillosos, porque ciertos hechos (no puedo ser más precisa para no haceros spoiler) no son creíbles en absoluto, o por lo menos, requerirían un poco más de explicación. Solo diré que tiene que ver con el tema de los fantasmas que parecen recorrer la casa por las noches.
  • Suceden demasiadas tragedias. Entiendo que la vida en el pasado no era tan fácil como ahora, pero la autora exagera con tantas muertes y desgracias.
  • El libro es muy similar a Un jardín entre viñedos de Carmen Santos. Hubo momentos que incluso pensé que lo estaba plagiando.
  • El personaje de Gloria, la protagonista. La vi a un nivel muy inferior que el resto: me faltan detalles sobre ella, sobre su personalidad y aficiones. Sobre todo si la confrontamos con personajes tan tremendamente ricos en matices como sus dos hermanas.
  • Es inevitable compararla con su predecesora, El bosque sabe tu nombre, y en mi opinión, me parece bastante inferior.
  • El tema feminista se hace cansino, el hecho de que la mayoría de mujeres sean todas tan válidas, buenas e inteligentes, y los hombres tan malos, crueles e inútiles. Los personajes están bien construidos en general, pero me temo que adolecen de un mal común: terminan cayendo en convencionalismos que rozan la parodia.

CONCLUSIÓN

Las hijas de la Tierra es una novela muy bien escrita, tras la cual se adivinan un gran número de horas de trabajo, ya no solo por su ágil y bella prosa, sino por la cantidad de documentación que sin duda realizó Alaitz Leceaga para escribirla. Asimismo, logra transmitir a la perfección el aire gótico que pretende, trayéndonos deliciosas reminiscencias de las obras de las hermanas Brönte, como Jane Eyre o Cumbres borrascosas. Por si fuera poco, cumple con el objetivo de proporcionar entretenimiento a sus lectores, atrapándolos en una lectura adictiva que encierra muchas sorpresas y datos interesantes acerca de nuestro pasado.

Sin embargo, algo falla en la novela: puede que sea la ausencia de una trama concreta, el modo en que los años se van escurriendo entre los dedos de sus protagonistas, sin que en ocasiones se nos den detalles específicos sobre sucesos importantes, o el aire caricaturesco de los personajes (los buenos, casi rozando lo angelical, y los malos, prácticamente demonios, sin que alberguen en su interior nada positivo).

En cualquier caso, lamento decir que no me ha gustado tanto como El bosque sabe tu nombre, la cual, si bien ya contenía algunos de los defectos que también hallaremos en esta, compensaba con creces dichas faltas con una historia mucho más rica. Tal vez, si Las hijas de la tierra hubiera reducido el número de páginas y de años que transcurren, centrándose en una franja más específica de las vidas de las protagonistas, la novela habría funcionado mejor. Considero que la autora extiende de forma innecesaria una historia que, tal vez, no tiene tanta “chicha” o interés como para justificar tantas páginas.

Como nota final, puntúo la obra con un 6 sobre 10: lamento sinceramente esta baja calificación, pues me gustó muchísimo la primera novela de la autora, pero considero que Las hijas de la tierra no está a su nivel, y hay demasiados detalles en ella que no terminaron de convencerme.

 

A N T E S   D E    M A R C H A R O S …

Si vosotros también habéis leído esta novela y/o la anterior de Alaitz Leceaga y queréis realizar cualquier observación al respecto, no dudéis en dejarme un comentario aquí debajo.

Y por favor, si os ha gustado esta reseña… ¡no olvidéis darle al Me gusta! 🙂